Autor: Maraña Marcos, Felipe (FELIPE SAHAGÚN). 
 El presidente Carter no ha ratificado todavía el acuerdo del Congreso. 
 La flota pesquera española en aguas americanas sigue paralizada  :   
 Pérdidas semanales de cien millones de pesetas. 
 Informaciones.    03/03/1977.  Página: 12-13. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

EL PRESIDENTE CARTER NO HA RATIFICADO TODAVÍA EL ACUERDO DEL CONGRESO

LA FLOTA PESQUERA ESPAÑOLA EN AGUAS AMERICANAS SIGUE PARALIZADA

Por Felipe SAHAGUN

NUEVA YORK, 3.

Tres días después de haber entrado en vigor la ampliación de las aguas territoriales norteamericanas de

12 a 200 millas quinientos, marineros españoles -tripulantes, de los veintiún barcos que componen la flota

pesquera española en las costas estadounidenses este año— permanecen parados en el puerto de Nueva

York, sin saber cuándo ni por cuánto tiempo recibirán las nuevas licencias para seguir faenando.

PERDIDAS SEMANALES DE CIEN MILLONES DE PESETAS

Aunque el Congreso norteamericano aprobó anteayer el nuevo acuerdo de pesca con España, el

Presidente Carter aún no lo ha ratificado. Se espera que le haga antes del sábado. Mientras tanto, cada día

que pasa, los barcos españoles pierden 11 millones de pesetas, valor de las capturas que se hacen

diariamente.

Los armadores y las autoridades españolas han comunicado a los pescadores en Estados Unidos que, una

vez aprobado el acuerdo en el Congreso, en dos días tendrían sus licencias, Sin embargo, el capitán del

barco-bandera español yPescapuerta I». Manuel RÍOS recibió ayer una carta del representante de las

autoridades norteamericanas que dice así.

«Para su Gobierno y para información de todos los capitanes, deseamos participarles que de acuerdo con

avisos oficiales del Gobierno americano, nos informan que los permisos tardarían por lo menos quince

días en ser aprobados, y que además, después de otorgados, solamente podrían pescar calamar hasta el 31

de marzo de 1977.Esta información la pasamos a todos los armadores y esperamos sus instrucciones.»

«Es necesario añade la carta que mantega usted la radio en el canal 16 de F.M. (frecuencia modulada a la

escucha las veinticuatro horas para cualquier instrucción que le pase la guardia costera y para la cual el

señor Frank Craven (representante de las autoridades americanas de Pesca en Nueva York.) les servirá de

intérprete.»

PERDIDA SEMANAL DE 100 MILLONES DE PESETAS

Aunque el Presidente Carter ratifique el acuerdo de pesca con España en los próximos dos días, los

trámites legales de las licencias que necesiten los pescadores es-pañoles no se completarán probablemente

antes de una o dos semanas, pues han de pasar por el Consejo regional de Boston (uno de los ocho

Consejos de Pesca de los Estados Unidos, el Departamento correspondiente, la Embajada española en

Washington y el Consulado de Nueva York.

Una semana fin trabajar costará a los armadores de los barcos españoles unos 100 millones de pesetas y a

los 500 tripulantes reducciones drásticas en sus salarios, pues todos ellos reciben un salario de acuerdo

con 1as capturas hechas durante la temporada.

Antonio Freire, capitán del navío «Neutan», ha dicho que si las nuevas licencias «tardan más de cinco

días, no compensa quedarse, pues necesitaremos dos días para explorar la zona y el 31 de marzo terminan

los permisos de pesca en las costas norteamericanas».

«Se debían haber tomado medidas antes de llegar a esta situación. Estados Unidos anunció lo que iba a

ocurrir hace ya un año.Los españoles, como siempre, hemos esperado hasta última hora y ya ve.. No hay

derecho a que en España la pesca esté regida por la Marina de guerra.Si hubiese un Ministerio de Pesca,

no ocurrirían estas cosas. La dirección de pesca no sirve para nada.» Juan López, capitán del

«Puertopesquera III»; Manuel Ríos, capitán del «Puertopesquera I. José Ríos, capitán ´ del «Peixe do

Mar», y Gustavo Ríos, capitán del «Toralla», asienten y confirman las palabras de su compañero.

Los veintiún barcos españoles — «Avior». «Puentepedri-na», «Teucro». «Santa Elvira». «Ribera del

Orbigo». «Armenteira»,"Campsa de Torres». «Álamo" «Madroa». «Neután". Anusca»,Arcacoba».

«Pesca-puerta I». «Pescapuerta III». «Playa de Modorro», «Toradcia». «Seitoxino». «Carvisa I».

Combaroya II», «Puente Minor» y «Peixe do Mar» propiedad de 17 armadores y todos ellos con

matrícula de Galicia, habían recibido antes de salir de España licencias para pescar calamar y pota hasta

el 31 de este mes.

El organismo que les concedió estas licencias fue la I.N.A.C. (Organismo Internacional de Pesca del

Noroeste Atlántico), al que pertenecían hasta este año los países del mundo que más pesca recogen

anualmente. España es el tercer país del mundo en tonelaje bruto de capturas.

Las dificultades de los pescadores españoles se deben a la retirada de Estados Unidos de la I.N.A.C. en el

momento en que amp1ió sus aguas jurisdiccionales y a la ineficacia de las autoridades españolas, que no

solucionaron a tiempo el problema. Al retirarse Estados Unidos de la I.N.A.C., las licencias de los

pescadores no sirven para nada puesto que quedan sometidos a la nueva legislación norteamericana.

LOBOS DE MAR BAROJIANOS

•Según el capitán Juan López, del «Puertopesquera III», la solución de sus dificultades sería «ampliar el

plazo de su licencia por el número de días que han perdido en Nueva York o compensarles

económicamente por las pérdidas».

«Pero que no ocurra lo del año pasado con los de Terranova», matiza el capital del «Santa Elvira»,

Andrés García Alonso, un hombre que ha vivido treinta y un años al mando de barcos de pesca y

veinticuatro en la pesca del bacalao. «Allí pasó lo mismo que ahora y el Gobierno español compensó a los

armadores con un crédito a fondo perdido, pero los marineros no recibimos ni un duro.

Cada capitán de estos barcos es digno de figurar entre los mejores personajes de Baroja. Seneu Crespo

Naveira, capitán del «Armenteira» por ejemplo, tiene cincuenta años , ha vivido más de treinta en el mar.

Es de Marín (Pontevedra» y tiene dos hijos, de doce y dieciocho años. Ha recorrido los mejores «bancos»

de África, América del Sur y Estados Unidos.

Se ha salvado de dos naufragios, y con dos tragos de«whisky» recita mejor que el mismo Maura un

discurso sin parangón sobre la pérdida de Cuba y las Filipinas. Y los marineros, que no bajan a puerto por

no gastar dinero, le aplauden, mientras el capitan, cual actor de teatro de pueblo representado a don Juan

Tenorio, cuenta a sus muchachos quién fue el capitán Cervera.

O Ignacio Fideras capitán del «Campa de Torres», que guarda junto a su cabecera un libro de poemas de

Rosalía de Castro y la Virgin de Begoña. Es de los pocos marineros que leen. Los demás juegan a las

cartas y escuchan música. o se reúnen para tomar un rioja.

MIL TONELADAS POR BARCO SOLO HAN CAPTURADO CIEN

«El barco que viene a pescar calamar a las costas americanas -dice el capitán Freire— , hace el año. Por

eso todos los armadores quieren venir, pero hay que decidirlo por sorteo, pues Estados Unidos limita el

número de barcos. Ahora suponemos que será peor.»

Hay otras ventajas. Si un marinero cae enfermo en esta zona, en quince minutos tiene un helicóptero o un

barco de la guardia costera, que lo traslada a tierra. Esto es muy importante y todos los marineros lo

saben. «En las Islas Canarias - comenta Freire—, tardas veinticuatro horas en llegar a puerto, sobre todo

cuando soplan los vientos del Norte, y si la enfermedad es grave, no hay salvación.»

Hace dos semanas, un marinero del «Teucro», Agustín Vidal, de veinticuatro años, murió de un «golpe de

mar». Desapareció y no pudieron hacer nada.Diez días antes había recibido un telegrama de casa

anunciándole el nacimiento de su primera hija. Otro marinero español murió hace diez días después de

sufrir un golpe al trasladar un saco lleno dé pescado. Su capitán se acercó a Nueva York, embalsamaron

su cuerpo y lo enviaron a España. «Es lo que se hace siempre», comenta el capitán Juan López

«Es dura la vida del mar —dice el capitán Andrés García Alonso- . Este año ha sido el peor. Mucho frío y

muy pocas capturas.» Por término medio, cada barco ha conseguido hasta ahora unas cien toneladas. Las

capturas esperadas son mil toneladas por navío.

El año pasado vinieron a los «bancos» norteamericanos 36 barcos españoles, que ganaron en setenta días

unos 20 millones de pesetas. Cada marinero salió por unas doscientas mil.

VIDA MUY DURA PERO ES UNA VOCACIÓN

Cada marinero recibe un 1 por 100 del valor de las capturas. Los capitanes reciben entre un 4 y un 8 por

100. El sueldo normal de un marinero es de unas 50.000 pesetas mensuales; el de un capitán, de unas

200.000. Pero si las capturas son elevadas, las ganancias aumentan Hay tres temporadas: de enero a

marzo; la de la pota, en verano, y la. de calamar y pota, en septiembre y octubre.

Los pescadores españoles no se quejan. Al revés, lo único que desean es volver a la mar. Cada día en

puerto es una pérdida de varios millares de pesetas. A diferencia de los pescadores de otros países, los

españoles trabajan a destajo. «En trabajo y preparación del pescado —dice Freire—, somos los mejores.

Porque somos los más sacrificados, y si hay que estar veinte horas sin dormir, se esta.» Los americanos

salen el lunes y vuelven el sábado. Estados Unidos, con la mejor tecnología, importa el 70 por 100 del

pescado que consume. El 40 por l00 de esa cantidad es pescado y capturado por extranjeros en las costas

norteamericanas.

Las condiciones de trabajo de los españoles son peores, en general, que las de otros pescadores, aunque,

según los capitanes, «se ha avanzado mucho». Aunque todos ellos reconocen la dureza de esta vida, ven

con escepticismo «las propuestas de socialistas y comunistas de implantar la jornada de ocho horas para

los trabajadores del mar». «No comprenden — dice el c a p i t á n Freire—, que esto es distinto. Es una

vocación.»

Curtidos, sencillos, abiertos, bellas personas... compañeros y amigos. Los marineros españoles están

descontentos con lo que ha ocurrido. Sus capitanes les tienen engañados diciéndoles que mañana o, como

muy tarde, pasado mañana volverán a la mar. «Pero así no podremos tenerles por mucho tiempo», explica

el capitán Crespo. Dos marineros desertaron a primeros de mes. Uno de ellos era ciudadano

norteamericano. El otro era español. Escaparon del barco y nadie sabe dónde están. Ni siquiera conocían

sus nombres.

«La Guardia costera se ha portado bien con nosotros», dice el capitán García Alonso. José Novas,

oficial de máquinas del «Santa Elvira», y Camilo de la Torre, jefe dé máquinas del «Armenteira», bajando

la voz para que no les oigan sus capitanes, dicen que no tan bien. «Ayer vinieron y nos precintaron todos

los frigoríficos, así que estamos a base de pescado.»

A ninguno de los marineros españoles le gusta Nueva York. A casi nadie, los americanos. «Te puedes

creer —pregunta el capitán García Alonso—, que en cada saco de patatas que hemos comprado aquí

vienen tres o cuatro kilos de piedras? vamos, que esto no ocurre ni en España.»

«Libertad c o m p 1 e t a para pescar en todos los mares», es el sueño de estos hombres. «Que lo negocien

por zapatos o por naranjas, pero que lo negocien», dice el capitán Alonso. Y Freire, que es mas hablador,

añade: «Y lo que tenía que hacer el Gobierno español con los americanos es decirles que se larguen de las

bases militares en nuestro país antes de veinticuatro horas. Verías qué pronto recibíamos las licencias.»

Son las doce de la noche del miércoles (seis de la mañana hora de Madrid) y los marineros, engañados, ya

se han recogido. Los muelles de Brooklyn, en Nueva York, están oscuros, vacíos y sucios, como aparecen

en las películas de nuestra televisión. Siete barcos españoles están anclados, uno detrás de otro, en el

atracadero número cinco. Catorce más fondean a una milla de distancia. Desde la cubierta del

"Armenteira" se divisa la estatua de la Libertad, resplandeciente, al otro lado de la bahía Gravesend.

 

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