Estados Unidos y España     
 
 Arriba.    12/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

ESTADOS UNIDOS Y ESPAÑA

LOS Estados Unidos han mantenido, desde noviem-bre de 1975, una posición oficial de apoyo

pleno a la democratización española. No fue casual que la primera presentación mundial de

intenciones democráticas de la Corona fuera el discurso del Rey de España ante una sesión

conjunta del Congreso norteamericano. En cierta forma, el discurso real fue la puesta de largo

de dos nuevos planteamientos políticos de apoyo a la democracia, porque la administración

republicana, si bien «de jure» apoyaba a una España democrática, «de tacto» se sintió, hasta

el cambio en la jefatura del Estado español, bastante a gusto con lo existente, que, si no era un

ideal jeffersoniano, garantizaba la perfecta lubricación de una relación hasta entonces

exclusivamente militar.

POR eso, cuanto menos sorprendió esa serie de rumores, declaraciones oficiosas y

especulaciones sobre el retraso de la visita a España del secretario Cyrus Vance. De haber

tenido lugar ese retraso, rompería la intención escrita en el tratado bilateral Madrid-Washington

de mantener contacto a nivel de Ministros de Asuntos Exteriores, al menos una vez cada medio

año. Afortunadamente, hubo desmentido oficioso. Por otro lado, francamente, por pura lógica,

no pudimos nunca dar crédito a las informaciones que aseguraban que la administración

norteamericana había cedido ante presiones de «lobbies» políticos españoles para desviar una

visita oficial del primer Ministro español a Washington. La alegada justificación de aquel rumor,

de que los Estados Unidos no quieren potenciar la imagen política del Presidente no tuvo, a

nuestros ojos, adecuación a la lógica constante de la misma política americana. Además hay

muchos problemas pendientes que los reflejados en las buenas palabras de las notas oficiales.

Por tener, tenemos trauma en nuestra relación pesquera, aérea comercial y hay por aclarar y

discutir varios temas más. Y, dado que Estados Unidos negocia y habla con los Gobiernos «de

hecho», parecería irreal tomar una posición que bajo su aparente neutralidad política, estaba

tocada de ala al obedecer, decían las informaciones, a presiones de grupos políticos españoles

para los cuales, de haber existido tales presiones, tendría muy poco interés por lo visto el futuro

de miles de familias del Levante zapatero español o del norte pesquero, o el gigantesco déficit

comercial español con Norteamérica. Parecería irreal, porque, si bien retrasar la discusión

sobre tales temas podría parecer muy útil a sectores políticos de Washington, nadie en su sano

juicio puede imaginarse a ciudadanos españoles complicados en un retraso de una discusión

que, a todas luces, va en el más puro y simple interés nacional.

Por otra parte, un vistazo a las costumbres electorales americanas pone de manifiesto que todo

candidato en ese país, a cualquier nivel, utiliza normal y aceptadamente su posición de

«incumbente» cuando la tiene, para potenciar su imagen pública. Aún está reciente una

elección en la que el ocupante de la Casa Blanca, Gerald Ford, desató en las últimas

semanas, antes de noviembre, una desusa da actividad política que traía locos a los cámaras

de televisión y a los reporteros acreditados ante el Eje cutivo, firmando en directo hasta leyes

de tercer orden. En un país donde se acepta no sólo eso, sino la toma preelectoral de

decisiones a veces más dictadas por las necesidades de una campaña que por las del mismo

interés nacional, sospecharíamos que no se aplicaría la ley del embudo a elecciones ajenas en

el problemático supuesto de que el primer Ministro español pretendiera, cosa que, desde

luego, no creemos, realzar su imagen en unas conversaciones de tono económico, con unos

negociadores tan duros como los norteamericanos, de muy dudoso resultado. No sería ni

mucho menos un viaje triunfal y más bien una servidumbre de servicio

Sábado 12 marzo 1977

 

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