Autor: Parra Galindo, Antonio. 
 USA no rechazaría un comunismo democrático. 
 La Casa Blanca no se opone al reconocimiento del PC     
 
 Arriba.    06/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

USA NO RECHAZARÍA UN COMUNISMO DEMOCRATICO

LA CASA BLANCA NO SE OPONE AL RECONOCIMIENTO DEL PC

NUEVA YORK

De nuestro corresponsal, ANTONIO PARRA

NUEVA YORK. (Crónica para ARRIBA y Pyresa.)-—La legalización del Partido Comunista Español es

nota aglutinante de interés en los medios políticos USA. No hay palabra oficial ni contexto riguroso al

cual atenerse para la formulación de cualquier juicio valedero al respecto. Semejante iniciativa —la de la

legalización o no legalización— posee carácter estrictamente interno, por lo que los portavoces de la

administración americana se guardan de evidenciarse en afirmaciones concretas o tajantes, para no dar

lugar a impugnaciones de haber sucumbido a la tentación de injerencias a cuestiones de ambiente

doméstico de otro país. Las relaciones entre los «euro-comunistas» y el Gobierno de Carter parece ser que

pueden ser uno de los escollos principales en la configuración de la política de los Estados Unidos hacia

Europa. Mucho se especula en torno al caso. Han rodado miles de soluciones para resolver este acertijo.

Pero nadie quiere poner el dedo en el cepo y sacrificar la res antes de hora. Las líneas maestras del

«paquete de actitudes», a guardar con los comunistas en adelante, están siendo impresas con gran sigilo y

cuidado extremo sobre los rótulos de la Casa Blanca. A contrapelo de tales encuadres, empero, se puede

detectar un ambiente de cambio con referencia a lo que había sido hasta ahora regia de vida en

Washington. Y la clave que rige seguramente ya no es la misma que la existente cuando el doctor

Kissinger llevaba la Secretaría de Estado, hace tan sólo unos meses. Las exigencias del momento se han

desplazado, han surgido alternativas diferentes. Nadie se baña en el mismo río dos veces, y mucho menos

en el río de la política, que es bastante mudable. Por otra parte, la tesis de los derechos humanos, que

viene a constituir el emblema sustentador de toda la heráldica de Jimmy Carter, puede ser, sin duda, la

norma de ajuste a unas exigencias nuevas en las relaciones con la Unión Soviética, la Europa del Este y la

Europa del Oeste. La nomenclatura del «eurocomunismo» juega una baza especial, y habrá siempre que

tratarla aparte.

Asimismo, deben manejarse ahora los dictámenes de la experiencia reciente, con resultados muy poco

lisonjeros, en sitios como Chile, donde hubo mano tendida y sin ningún embozo de ayuda en metálico y

de aliento moral a las fuerzas de tendencia anticomunista, o en Italia, donde los grupos demócratas que no

portasen sobre el ojal de la solapa la insignia totalitaria pudieron pasarse por caja.Pero Washington dejó

ver la mano patrocinadora demasiado clara, obteniendo con ello, a la larga, resultados muy desiguales y

hasta adversos. «Tales situaciones, algo embarazosas, no se van a repetir en lo sucesivo», oíamos oír decir

en ambientes cercanos al Departamento de Estado.

Concretamente, en relación a la legalización del PCE, esas mismas fuentes aclaraban: «Naturalmente, no

podría sostenerse por su base, a la luz de lo que fuera la creencia primordial en el conglomerado de

creencias y aspiraciones de la sociedad de este país, la idea de creer que vayan a ser auspiciados apoyos

solidarios por el Gobierno de la Casa Blanca a otros Gobiernos europeos integrados en su totalidad o en

parte por comunistas. No nos gusta, pero la tendremos que aceptar. Sin embargo, se impone ahora una

mayor flexibilidad y una posición pragmática para afrontar hechos consumados. Así, la Administración

Carter no haría nada por rechazar la inscripción de denominaciones de naturaleza comunista ,en una

sociedad dinámicamente democrática, siempre y cuando respeten las leyes del juego.»

Todo eso comporta una mudanza sensible en relación a lo que era antes la línea clara que en su día

prefijara el doctor Henry Kissinger. Esa línea era dogmática y estaba acunada encima de los troqueles del

lema de «comunista, no». Las coordenadas de ahora no llevan el mismo sesgo.Tal viraje parece que

sintomatiza el aumento de confianza en el tránsito sin trau-mas ni desvíos de España nacía la

democracia.Aquí se cree que el «stablishment» aguanta. Lo contrario hubiera sido arrojarse al agua a la

desesperada y llevados del pánico.

 

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