Vance en Madrid: revista al tratado hispano-USA(I). 
 Persiste la dependencia de España     
 
 Diario 16.    11/05/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

14/INTERNACIONAL Miércoles 11 -mayo 77/DIARIO 16

Persiste la dependencia de España

MADRID. 11 (D16). — A los ocho meses de su entrada en vigor, el Tratado Hispano-Norteamericano de

Amistad y Cooperación, que tan solemnemente firmaron en enero de 1976 José María de Areilza y Henry

Kissinger, apenas ha modificado la vieja relación de dependencia política y defensiva de España con los

Estados Unidos, pese a que ni las circunstancias internas españolas son las mismas, ni el texto del Tratado

podría soportar un análisis neutral y objetivo.

Negociado en los últimos meses de la vida de Franco, el Tratado de 1976 sufrió las desventuras de

haberse firmado en los dos primeros meses de mandato de la joven Monarquía instaurada y en contra de

la gigantesca campaña de prensa lanzada por sus firmantes en defensa del mismo, el texto definitivo del

pacto apenas reflejó el enorme cambio histórico que representó para España la sustitución en la Jefatura

del Estado.

Pocas ventajas prácticas

El Tratado de Amistad y Cooperación apenas ha ofrecido alguna ventaja práctica para España sobre los

viejos acuerdos ejecutivos. Económicamente, las Fuerzas Armadas españolas reciben prácticamente la

misma cantidad de ´´ayuda americana" que en los años anteriores -—unos 35 millones de dólares al año—.

y sólo el hecho de que sus relaciones militares con Washington sean ahora más cordiales y de compañeros

parece representar una ventaja.

Pero la Hacienda española tendrá que hacer frente, como en acuerdos anteriores, a los 120 millones de

dólares anuales que se presentan en Estados Unidos como asistencia militar, pero que en realidad no es

más que una forma encubierta de disfrazar las ventas a crédito que realiza la industria armamentista

norteamericana, vía Pentágono, a los países clientes de los Estados Unidos.

Otro capítulo económico que, en su día, resaltó el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José María de

Areilza —los 450 millones de dólares a crédito del Exinbank—, tampoco han sido desembolsados, y

cuando lo sean, solamente beneficiarán a grupos de intereses económicos privados que tienen bajo su

control la industria energética nuclear española.

Desde el punto de vista militar y norteamericano, el Tratado de 1976 es sólo la continuación de la vieja

relación que se inauguró con Franco en 1953 por necesidades derivadas de la guerra fría. En tal sentido,

un reciente informe de la Brookings Institution, recogido por la revista del Ejército norteamericano,

señalaba hace un mes que las bases estadounidenses en España cumplen, en estos momentos, sólo dos

objetivos.

El primero se refiere a la recogida de todo tipo de información de inteligencia en la zona suroccidental del

Mediterráneo. El segundo es más concreto y directo y tiene que ver con el apoyo logístico que prestan las

bases dentro de la estrategia militar y política de los Estados Unidos en el Oriente Medio y en los

Balcanes (Yugoslavia y Chipre).

¿Bases para Oriente Medio?

Quizá por este último factor uno de los puntos más oscuros del Tratado es, precisamente, el derecho de

paso de los aviones norteamericanos sobre el suelo y cielo español (incluso los nucleares), y, por otra

parte, el derecho que tiene U. S. A. a utilizar las bases españolas en caso de guerra en Oriente Medio y

con el fin de suministrar carburante a los aviones en paso hacia Israel.

Sin que exista ninguna duda, y pese a que en un principio se habló de acuerdos secretos, este derecho está

contenido implícitamente en un cruce de cartas, añadidas al texto del Tratado, entre los dos negociadores:

Robert McKlos-key, por parte americana, y Juan José Rovira, por la española. De acuerdo a fuentes

norteamericanas, no existe ninguna duda de que el sistema de consulta allí contemplado no es más que

una autorización encubierta para tal misión. Por parte española nunca se ha desmentido este

estremo.

Defensa comercial

La única parte que ha podido funcionar en alguna forma del Tratado ha sido el sistema de consulta en el

caso de un conflicto comercial. En esta línea, el Ministerio de Comercio y el de Exteriores hicieron uso

del texto del acuerdo, en sus aspectos económicos, durante el reciente intento de la Comisión de

Comercio Internacional de los Estados Unidos para imponer una subida de tarifas y unas determinadas

cuotas, a las exportaciones españolas de calzado.

Pero, en este caso, se puede argumentar que como España, países como Italia no tenían tratado y también

se vieron libres de la amenaza proteccionista. Por el lado opuesto también se puede hacer mención a la

reciente denuncia en Nueva York, ante la Cámara de Comercio Hispano-Norteamericana, de1 presidente

Suárez. En estos momentos, Estados Unidos está gravando al 35 por 100 de las exportaciones españolas a

U. S. A. con unos derechos compensatorios de dudosa legalidad, extremo éste que contribuye a que a

finales de 1976 España se tenga que endeudar en el mercado privado de capitales para financiar un déficit

crónico que alcanzará 1.700 millones de dólares en la balanza bilateral.

 

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