Autor: ÍBERO. 
   Los miedos del Post     
 
 Pueblo.    29/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LOS MIEDOS DEL POST

EL prestigioso Washington Post» acaba de publicar un análisis de la situación política española, entre

cuyas conclusiones se proclama que nuestra democracia es «un castillo de naipes que puede

desmoronarse en cualquier momento. Como causas se citan un supuesto escepticismo del español medio

frente a las ventajas de la democracia y la existencia de ciertas fuerzas de difícil localización. Pero la más

alarmante de las conclusiones a que llega el referido periódico es, a nuestro juicio, el hecho de que los

españoles podríamos llegar a dividirnos de nuevo en dos bandos enfrentados, en el eventual supuesto de

que se viniera abajo todo lo que hemos edificado desde el 15 de junio de 1977.

No es cosa de volver ahora sobre elementales argumentos que certifican las tremendas dificultades que

aparecían en el camino cuando Don Juan Carlos anunció que iba a ser el Rey de todos los españoles. Las

dificultades se han ido venciendo y solamente el hecho económico se ha resistido seriamente a la

implantación definitiva de un apacible clima de convivencia —todo lo apacible que puede ser ese clima

en una sociedad democrática consolidada, aunque la nuestra aún no lo sea, y eso es lógico—. Si tenemos

en cuenta que el hecho económico, cuyo exponente crítico no afecta con exclusividad a España, nada

tiene que ver con los factores diferenciadores de nuestro proceso de reconstrucción democrática (muerte

de Franco, convocatoria de elecciones, legalización de partidos, amnistía, autonomías regionales,

etcétera), no alcanzamos a apreciar serias razones para el pesimismo que se trasluce en el análisis del

"Washington Post». Si acaso, esos factores diferenciadores han contribuido a retrasar los planes de

recuperación económica. Nada más. En conclusión:

de existir algún riesgo de deterioro irreversible en la situación actual, éste seria el derivado de nuestros

males económicos, pero nunca de factores estrictamente políticos, como los que señala el periódico

norteamericano.

En lo político se han conseguido cosas inimaginables hace dos años. El proceso de reconstrucción

democrática ha discurrido bajo el signo del crecimiento, nunca del deterioro o del decrecimiento. El clima

de dicho proceso ha sido, o está siendo, muchísimo más apacible de lo que nadie pudiera soñar. Y el

pueblo español, en fin, ha dado ya sobradas pruebas de que el fantasma de la división en dos bandos nada

tiene que hacer en una comunidad nacional de clases medias. Ocurra lo que ocurra, el proceso de

reconstrucción democrática es irreversible y aquí no se va a desmoronar ningún castillo de naipes. En la

historia de estos dos años —y miren ustedes que han ocurrido cosas graves en el terreno de los intentos

desestabilizadores — no hay nada, absolutamente nada, que permita temer seriamente por un futuro

despejado o, al menos, muchísimo más despejado que el que podíamos contemplar a principios de 1976.

Por todo ello, los temores del prestigioso «Post» sobre la España actual nos parecen excesivos. Aunque

seamos, según un día dijo Lincoln la casa dividida», no lo está la nuestra más que los Estados Unidos,

donde la discontinuidad presidencial ha sido alarmante en los últimos años. Mire el Post a su casa, y

juzgue después lo que ocurre en la nuestra. Pudiera ser que las democracias jóvenes fueran más vitales y

creadoras que otras democracias tan venerables como viejas.

 

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