Autor: Alcántara, Manuel. 
   Un castillo de naipes     
 
 Arriba.    30/11/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

>UN CASTILLO DE NAIPES>

Nos están mirando con curiosidad zoológica. No es que el mundo esté pendiente de nosotros, es más bien que espero, como siempre, que hagamos algo sublime o bárbaro, más bien bárbaro. Lo ha esperado en muchas ocasiones y jamás lo hemos decepcionado. A veces, incluso lo hemos sorprendido.

Los cronistas extranjeros en España hablan con frecuencia de nuestro modo de ser individual más que de nuestra forma de actuación colectiva. Parecen antropólogos y no corresponsales de un diario: la genética les apasiona más que la política. El fenómeno no es nuevo. Si se hiciera una antología de cómo nos han visto los viajeros podría afirmarse que, en general, nos han contemplado como a bichos raros. Para Ehrenburg, tan partidario de Goya, que dice que es el mejor guía de España. Y tan amante del arcipreste y sus descripciones de "frailes y coimas, somos una gente de mucho cuidado. Se queja de la integridad de nuestros ingredientes y dice que gobernar a España es muy difícil. Opina que el burgués español adora la jerarquía y que su religión está estrechamente ligada a las matemáticas elementales. Nikos Kazantzakis explica de un modo curioso nuestro cainismo cíclico. Está convencido de que las ideologías son aquí un disfraz, "una de las excusas históricas que los españoles inventan siempre para explotar y desahogarse".

Para el griego, nosotros lo miramos todo con una óptica oriental, pero, de pronto, viene un arrebato de repentina y demoníaca cólera.

Ahora hay más curiosidad que nunca y no digo curiosidad morbosa porque todas lo son. Un cronista del "Washington Post" acaba de diseccionarnos para uso de americanos y quizá a los lectores de su diario les satisfaga el esquema, pero lo que es a nosotros nos deja como estábamos. Dice que nuestro futuro es difícil de predecir porque hay en juego "muchas fuerzas amorfas". Da cuenta a sus lectores de una cierta frustración que, según él, amenaza con un conflicto y hace que nuestra democracia parezca un castillo de naipes.

No se fían. No sé bien si porque no somos de fiar o porque no acaban de entendernos. Lo que está claro es que les apasiona el tema y que siguen esperando mucho de nosotros, quizá porque aquí se habla de la muerte "como de un país cercano". Antes éramos eso de la reserva espiritual y ahora somos lo esperanza para unos buenos titulares en la primera página.

Manuel ALCÁNTARA

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