Autor: Alférez Callejón, Antonio. 
 El viaje relámpago de Haig. 
 Negociaciones inmediatas para un nuevo Tratado Madrid-Washington     
 
 ABC.    16/04/1981.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JUEVES 16-4-81 POLÍTICA A B C / 15

El viaje «relámpago» de Haig

NEGOCIACIONES INMEDIATAS PARA UN NUEVO TRATADO MADRID-WASHINGTON

MADRID (Antonio Alférez). «He mantenido conversaciones muy útiles y constructivas con mi

homólogo español, Pérez-Llorca, y con el presidente del Gobierno, Calvo-Sotelo. Hemos

convenido en lanzar de inmediato las negociaciones para renovar el Tratado hispano-

norteamericano, Tratado que debe reflejar los cambios registrados en ambos países en los

últimos cinco años y, sobre todo, el establecimiento de la democracia en España. Todo ello

implica la negociación de un Tratado totalmente nuevo.»

Estas fueron, en resumen, las palabras más sustanciosas de Alexander Haig, en la conferencia

de Prensa que celebró en Madrid, poco antes de abandonar España. El secretario de Estado

norteamericano soló permaneció en Madrid unas veinte horas, pero totalmente repletas de

reuniones al mas alto nivel. Recibido en audiencia por Su Majestad el Rey, se reunió con el

presidente del Gobierno, señor Calvo-Sotelo, y mantuvo también importantes contactos con los

ministros de Asuntos Exteriores y Defensa y SE entrevistó con el líder de la oposición, don

Felipe González.

Según ha podido saber ABC en fuentes solventes, estas conversaciones van a iniciarse antes

de este mismo mes con una reunión bilateral en Madrid. La Delegación norteamericana estaría

presidida por el embajador Todman (lo que la confirma en su puesto, contra ciertos

pronósticos), y de inmediato seguirían el trabajo otras delegaciones a nivel técnico.

Posiblemente antes del verano, quizá en mayo, el ministro Pérez-Llorca viaje a Washington

para impulsar sustancialmente la marcha de las negociaciones con diversas entrevistas con

Alexander Haig. En resumen, se pretende poder negociar el nuevo acuerdo para antes de

septiembre, aunque las dificultades lógicas del tema —«va a ser una negociación delicada»,

según fuentes españolas consultadas por ABC— podría finalmente motivar una prórroga

temporal del actual Tratado Madrid-Washington, prórroga que, de cualquier manera, debería

contar con la aprobación del legislativo de ambos países.

El nuevo Tratado será, efectivamente, «totalmente nuevo», como indicó Haig, quien en

repetidas ocasiones a lo largo de la jornada de ayer se refirió a que debería inscribirse en «el

nuevo contexto de una España democrática» («In the new democratic Spanish tramework»).

Por parte española, donde esto se da por descontado, se quiere hacer el mayor énfasis posible

en el tema económico y en la colaboración tecnológica en el campo de la industria

armamentista, en donde España aspira a un mejor tratamiento. A este respecto fue sumamente

significativa la presencia del ministro español de Defensa, Oliart, tanto en las conversaciones

en la Moncloa como en la comida de trabajo en el palacio de Viana.

Otro tema estuvo perennemente presente en las conversaciones de ayer: la negociación

prácticamente en paralelo que España va a establecer para su incorporación en la Alianza

Atlántica. Concretamente, en el brindis en el almuerzo de ayer, el ministro español de

Exteriores se refirió a una «futura y cierta vinculación» española a la defensa occidental, y que

en estos momentos nuestro país está «reafirmando su postura y su deseo de entrar en

Europa». Curiosamente, Haig, en su conferencia de Prensa, se refirió en dos ocasiones a los

hipotéticos propósitos españoles de ingresar en «la comunidad económica y de seguridad» de

Europa occidental.

Pero vayamos a la conferencia de Prensa de Haig. Más de trescientos informadores

abarrotaban la sala del Palace ya antes de la llegada del polémico secretario de Estado. Por fin

apareció Haig, bronceado y sonriente como un astro de la pantalla. Elegante, aun-que con esa

indefinida incomodidad del militar embutido en traje civil. Durante la media hora de conferencia

de Prensa —«con preguntas acerbas y respuestas evasivas», como indicaba France Presse—,

Haig parecía un sonriente espadachín que esquivaba tarascada tras tarascada. Nunca perdió la

compostura, ni siquiera descompuso el rostro. Sólo una vez su voz se elevó de tono cuando

explicó, por enésima vez en la jornada, su tristemente célebre comentario de «asunto interno

español» a propósito del «tejerazo».

Comentó Haig con un pequeño resumen de su jornada madrileña. Se refirió en términos

admirativos a la figura del Rey Don Juan Carlos, quien le había recibido por la mañana en

audiencia. Seguidamente mencionó las ya referidas «conversaciones útiles y constructivas».

Subrayó el «placer que había tenido en encontrar al ministro de Defensa, Ollari» y la entrevista,

«larga y distendida», con el líder socialista Felipe González. Seguidamente comentó que «si

España tenía una luminosa historia pasada, su presente no es menos radiante».

Destacó «el papel ejemplar como anfitrión» que España está llevando a cabo como escenario

de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea, y finalmente hizo un «comentario

importante»: durante cinco años, tanto la Administración precedente demócrata como la actual

republicana habían venido apoyando el ejemplar proceso democrático de la nueva España,

«proceso que apoyo y comparto personalmente».

ESPAÑA Y LA OTAN

Preguntado sobre su opinión de la relevancia estratégica que podría suponer la entrada da

España en la OTAN, Haig precisó que «tanto el ingreso español en la Comunidad Económica

Europea como en la comunidad occidental de Defensa es un asunto a decidir por el Gobierno

español y de la exclusiva, incumbencia del pueblo español. De cualquier manera, sea cual sea

la opción elegida por España, contará con el apoyo de lo0s Estados Unidos. Por otra parte,

sería hipócrita por mi parte no señalar que deseo el ingreso español tanto en la CEE corno en

la OTAN».

Por lo que respecta al valor de las bases españolas en las que Estados Unidos tienen ciertas

facilidades operativas, «puedo decir que son de la mayor importancia tanto para la defensa de

Occidente, en general, como para la defensa de España».

Cuando se le preguntó por la posibilidad de un acuerdo «puente» frente a un acuerdo a medio

plazo, es decir, de cinco años, Haig contestó que el Tratado «habrá de establecerse según las

negociaciones entre las dos partes; luego resulta prematuro aventurar lo que ambas partes

puedan acordar en sus reuniones de aquí a septiembre».

FACILIDADES A LAS FUERZAS USA

Otro tema de interés fue el suscitado por la pregunta a propósito de las facilidades que las

fuerzas norteamericanas podrían tener en las bases españolas en caso de un conflicto en

Oriente Medio. Haig volvió a estar evasivo y precisó que ese tipo de cooperación es el que van

a pedir los negociadores norteamericanos en sus encuentros con la Delegación española, pero

que, de cualquier manera, no podía presuponer cuál iba a ser la respuesta española.

Finalmente, fue la última pregunta de la conferencia de Prensa, el corresponsal del «New York

Times» en Madrid preguntó a Haig si se arrepentía de aquellas palabras». El secretario tragó

saliva, sonrió y explicó la célebre escena: «La reacción ante aquellas palabras mías, citadas de

forma incompleta, sin aclarar nuestros posteriores mensajes de simpatía al Rey y al Gobierno

español, evidencia un mal entendimiento o una mala intención (aquí Haig elevó por única vez el

tono de su voz). Yo lo he sentido profundamente porque considero que distorsiona la realidad y

en modo alguno testimonia las opiniones tanto de la Administración demócrata que nos

precedió como la del actual presidente, Ronald Reagan. El Gobierno norteamericano siguió

Con preocupación la ilegal ocupación de las Cortes y puso de manifiesto su satisfacción por el

desenlace de la intentona golpista. Los Estados Unidos están decididos a continuar con su

apoyo incondicional o ininterrumpido a la democracia española»

 

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