Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
 Tras la visita de Pérez-Llorca. 
 El tratado USA-España, ante sus dos máximos compromisos     
 
 ABC.    11/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Tras la visita de Pérez-Llorca

El Tratado USA-España, ante sus dos máximos compromisos

Si Washington va a apoyar a Madrid en los temas Ceuta, Melilla, Gibraltar y Canarias

Si el Pentágono va a poder utilizar a su gusto las bases ibéricas

WASHINGTON (José María Carrascal, corresponsal). Mientras continúa la ronda de

negociaciones hispano-norteamericanas, con unos españoles que presionan y unos

americanos que se andan con pies de plomo antes de prometer o comprometerse a nada, no

estaría de más plantear dos temas de fondo, vitales para ambas partes, aunque no gustan

hablar de ellos en público: ¿Qué obligaciones contraen los Estados Unidos en la defensa

española o en los contenciosos particulares que tiene España en política exterior —Ceuta,

Melilla, Canarias, Gibraltar— y qué garantías tienen los Estados Unidos de poder usar las

bases españolas en caso de emergencia en un escenario exterior, el Oriente Medio, por ejem-

plo?

Son temas nada fáciles, que a poco que se descuiden los negociadores pueden terminar

tragándoselos como unas arenas movedizas. Tanto es así que el ministro de Asuntos Exte-

riores español, Pérez-Llorca, ha apuntado que «en último caso se solucionan de un plumazo».

Con lo que, si no interpretamos mal, quería decir que se incluye en el Tratado una frase al

estilo de «su aplicación es extensiva a todo el territorio español», y santas pascuas.

CEUTA, MELILLA, CANARIAS, Gibraltar

Pero, entendámonos, nos servirá para salir del paso, no para solucionar los problemas

específicos que puedan presentarse.

Cara a este problema, hay que partir de una realidad in esquivable: por mucho que nos

esforcemos no vamos a obtener un compromiso americano dé acudir automáticamente en

nuestra ayuda en caso de conflicto específicamente nuestro. No ha entrado nunca en la

filosofía norteamericana. Es algo que no hicieron con Inglaterra —los alemanes tuvieron que

hundirles barcos para que los Estados Unidos entraran en las dos guerras mundiales— ni lo

hacen hoy con el propio Israel, pese a la influencia del «lobby» judío.

Hay más: incluso si por un milagro del cielo nuestros negociadores lograran arrancarles :al

compromiso, no serviría de nada a la hora de la verdad, ya que no es el Ejecutivo quien decide

aquí el envío de tropas a acciones armadas al extranjero. Eso sólo pueden hacerlo as

Cámaras.

Con esto presente podemos decir ya:

• Que los norteamericanos no van a comprometerse a la defensa de Ceuta y Melilla en caso

de un ataque marroquí o de una nueva «marcha verde». Pero la mera existencia de ese

Tratado produciría un efecto disuasorio sobre un Hassan II ansioso de mejorar sus relaciones

con Washington. Aparte de que éste podría siempre ejercer un efecto moderador sobre él si

de verdad es un aliado de primera» de España.

• Canarias entraría en el dispositivo estratégico occidental y, por tanto, todo ataque millar o

diplomático a la españolidad del archipiélago encontraría el frente común de la Alianza,

sobre todo cuando entremos en a OTAN, que será muy poco después de firmar el Tratado con

los Estados Unidos.

• En cuanto al contencioso de Gibraltar, los Estados Unidos continuarán en su postura de «no

tomar parte en un pleito entre dos aliados», lo que no nos favorece si pensamos que para que

se cumplan las resoluciones de la ONU sobre la colonia tendría que haber presiones sobre

Londres.

Pero se abre, por otra parte, la posibilidad de resolver ese larguísimo y envenenado problema

dentro de la Alianza Occidental, a lo que los ingleses, de entrada, no se oponen. Hay incluso ya

una salida teórica: Gibraltar es hoy una base militar de la OTAN. En el momento que España

entre en la Organización, adquirirá, aparte de los derechos históricos que tiene .sobre la Roca,

otros modernísimos de utilización como miembro de la Alianza. El compromiso podría ser dejar

al Peñón bajo un mando conjunto de la OTAN, con estatuto garantizado por ésta, pero bajo

bandera y soberanía española antes que británica. Hay que echarle mucha imaginación para

resolver un problema tan resabiado como éste.

EL USO DE LAS BASES

Respecto a la utilización de las bases por parte americana, nuestros negociadores están

tratando de obtener un mayor control de lo que ocurre dentro de ellas, desde la rotación de

personal a la introducción de material. Aunque están bajo completa soberanía española, la

desidia más que otra cosa ha ido dando a los americanos «derechos adquiridos» que les

permiten hacer y deshacer allí dentro sin que nos enteremos.

Por su parte, los americanos quieren un uso más extensivo de esas bases, con más ejercicios,

flexibilidad, etcétera. Una cosa no contradice a la otra si hay buena voluntad por ambas partes:

mayor control español y mayor utilización de las instalaciones.

«Queremos un tratamiento y unos derechos en este campo similares a los que tienen otros

países europeos», ha dicho el señor Pérez-Llorca. Es otra de las cosas que se está

negociando. Tenemos, sin embargo, que tener en cuenta algo importante; en el momento que

las bases españolas pasen a formar parte del dispositivo estratégico de la OTAN, tendrán que

estar a disposición de «la defensa occidental», concepto tan amplio que puede alargarse hasta

el golfo Pérsico.

 

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