España y EEUU iniciarán este mes la negociación de un nuevo contrato bilateral. 
 Haig rectificó en Madrid su primera reacción al intento de golpe de Estado     
 
 El País.    10/04/1981.  Página: 1,11. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

El general Haig, que no pasó de cantar las excelencias de la democracia española en sus conversaciones

con el rey Juan Carlos, el presidente Calvo Sotelo y el líder de la oposición Felipe González acordó con

las autoridades españolas el inicio inmediato de negociaciones para la conclusión de un nuevo contrato

hispano-norteamericano, cuyo contenido y duración se definirá durante la negociación.

El jefe de la diplomacia norteamericana ha pasado menos de veinte horas en la capital española con el

solo objeto de sacrificar su declaración entre el golpe, intentando justificarla en prisas y malentendidos,

para recuperar y modificar el serio deterioro que sus palabras produjeron en las relaciones Madrid-

Washington en un momento de crisis internacional en el que las relaciones bilaterales y defensivas

hispano-norteamericanas se consideran muy importantes en la estructura defensiva de Occidente.

Haig en un ambiente frío y poco acogedor por parte de los medios políticos y de comunicación es-

pañoles abordó en Madrid el tema de la revisión del tratado norte-americano, que caduca irremisible-

mente el próximo día 21 de septiembre. El gobierno español quería, para evitar un vacío en es-tas

relaciones y preparar el ingreso de España en la OTAN en el modo de 1982, negociar un acuerdo puente

de un año de duración, con un contenido democrático y en la perspectiva atlántica en el interior. Estados

Unidos, que no ha rechazado esta idea, parece, por su parte, más favorable a la negociación de un acuerdo

nuevo general de cinco años de duración, que contemple el lema OTAN y que se adapte a la situación

democrática española. Ambas partes, sin descartar una u otra opción, parecen decididas a tomar una

última decisión a la vida de la marcha de las negociaciones, que se iniciarán este mismo mes en Madrid a

nivel de embajadores y que se anuncian duras y estrictas por ambas partes.

Durante tu estancia en la capital España, Haig| habló con Calvo Sotelo y Felipe González de la situación

en Centroamérica, calificando duramente la presencia de Cuba en Nicaragua. Asimismo, en su diálogo

con representantes del Gobierno, el político americano insistió en su apoyo a Marruecos frente al

Polisario y declaró tu predisposición al elaborar en el plano internacional en la lucha contra el terrorismo.

El secretario de Estado norteamericano llegó anoche a Londres.

PABLO SEBASTIÁN

El secretario de Estado norteamericano. Aletander Haig rectificó ayer en Madrid su declaración de la

madrugada del pasado 24 de febrero, en la que califico como «Asunto interno» el intento de golpe militar

en España de hace mes y medio.

España y E. E. U. U. iniciará este mes la negociación de un nuevo contrato bilateral Haig rectificó en

Madrid su primera reacción al intento de golpe de Estado Haig elogió el proceso democrático español

España y Estados Unidos negociarán un nuevo contrato bilateral con la perspectiva de ingreso en la

OTAN incluida.

Alexander Haig ha pasado por Madrid de manera obligada y sin el entusiasmo de sus interlocutores

españoles. Según los informadores que le acompañan en el avión oficial americano, el propio Haig ha

reconocido que la escala de Madrid no tenia más objetivo esencial que el de rectificar lo que él llamó

malentendido o malintencionada interpretación de su binomio «asunto interno».

Como compensación, el general americano ha iniciado todas sus conversaciones políticas dando garantías

del apoyo de Estados Unidos y de su misma persona al proceso democrático español, y volcándose en

toda una serie de elogios al mismo. La conversación con el rey Juan Carlos se inició con unas palabras de

Haig en favor de la democracia hispana y reconociendo la labor del Rey en este proceso. Con Leopoldo

Calvo Sotelo, el diálogo fue fluido al principio y algo rígido al final, y en él también hubo reiteración

sobre el tema. Felipe González fue él mismo quién abordó la cuestión, recordándole a Haig que él había

sido una de las personas que critica-ron la declaración de «asunto interno». En las conversaciones, el

secretario de Estado dio toda clase de explicaciones y justificaciones.

De todas maneras, donde Haig estuvo más contundente fue ante la esperada conferencia de Prensa, or-

ganizada sólo para enmendar el entuerto, según pudo saberse de fuentes bien informadas. Dio la

casualidad de que en este encuentro con los informadores, los periodistas españoles, salvo una alusión

bromista a los generales gol-pistas, en ningún momento se interesaron por aclarar la cuestión del «asunto

interno», que surgió al final de la conferencia, en respuesta a la pregunta de un periodista de The New

York Times. Haig relató entonces su versión sobre su declaración en Washington. Habló de un día muy

atareado en sus conversaciones con el ministro francés Jean Francois Poncet, dijo que hizo el comentario

en un pasillo y que al binomio de «asunto interno» había añadido que en estos momentos del golpe

estaban en Washington intentando determinar el desarrollo de los hechos. Posteriormente, anadió Haig

que «cuando esta situación fue aclarada, el Gobierno de Estados Unidos se comunicó inmediatamente con

el Gobierno de España, y el presidente Reagan en vio un mensaje personal de felicitación al rey don Juan

Carlos».

Verdaderamente, y cómo lo afirmó el propio Haig en los postres del almuerzo que el ministro Pérez-

Llorca le ofreció en el palacio de Viana, al secretario de Estado norteamericano no le van nada los

micrófonos para hacer declaraciones políticas. La explicación que dio ayer del incidente pareció

confirmarlo más aún, aunque, desde luego, no era su intención. De sus palabras se deduce, una vez más,

que la Administración americana sólo reaccionó ante Madrid cuando conocieron el fracaso del golpe,

cuando el tema quedó, aclarado. A toro pasado, que dicen los entendidos en la fiesta nacional. Además

hay que señalar que el general americano se permitió decir que las personas que interpretaron de otra

manera sus palabras «o no son demasiado inteligentes o no tienen muy buenas intenciones». Desde luego,

Haig no habrá hecho este mismo comentario a sus interlocutores oficiales, muchos de los cuales también

hicieron la misma interpretación.

En lodo caso, el secretario de Estado ha querido reiterar el apoyo de Estados Unidos a la democracia

española y por ello incluyó, al principio de su conferencia de Prensa, una breve declaración, en la que

afirmó: «En los últimos cinco años, tanto la Administración republicana como demócrata en Washington

han admirado el crecimiento de la democracia española. Cuando las Cortes Españolas fueron ilegalmente

ocupadas los días 23 y 24 de febrero, la reacción española a esta acción confirmó la vitalidad de su propia

democracia y de sus instituciones democráticas. Estados Unidos, así como yo personalmente, estamos

decididos a continuar nuestro apoyo inquebrantable para la democracia en España».

Un nuevo acuerdo con España

El segundo gran tema de la visita de Haig lo constituye la negociación de un nuevo contrato bilateral

político y defensivo entre España y Estados Unidos. Un contrato cuyo rango de acuerdo o tratado se deli-

mitará en el curso de las negociaciones que se iniciarán este mes en Madrid, a nivel de embajadores (por

cierto, Haig, en sus entrevistas oficiales con el Rey, Calvo Sotelo y Felipe González, no perdió la

oportunidad de elogiar a su embajador, Terence Todman, lo que se interpretó como una confirmación de

éste en su puesto actual).

Curiosamente, la posición de Haig coincide, en principio, con la del líder de la oposición, Felipe

González. Al parecer, el secretario de Estado norteamericano desea la negociación de un nuevo acuerdo

de cinco años, que incluya las características esenciales de la democracia española y de sus necesidades

defensivas con la perspectiva OTAN dentro del contrato. Es decir, un acuerdo similar a los que

Washington mantiene con otros países de la OTAN en el plano bilateral, como es el caso de Portugal.

Es decir, que en cuanto a la amplitud y contenido del mismo, coincide con la posición del PSOE, que el

propio Felipe González explicó a Haig en la Embajada, excepción hecha del capitulo OTAN. Felipe

González se había mostrado, por otra parte, contrario a la idea de que se negocie un acuerdo-puente entre

Madrid y Washington de un año de duración, y para preparar el ingreso de España en la OTAN. El líder

socialista afirmó que su partido sólo apoyaría esta idea si se tratara de una simple cuestión de urgencia en

el tiempo y siempre que no tuviera a la vista otros objetivos políticos detrás, como el proceso de acerca-

miento de España a la OTAN.

Tiempo y OTAN son, pues, la clave de la nueva negociación que debería concluir para antes del 21 de

septiembre, fecha en la que caduca el vigente y poco democrático contrato. Para sortear el obstáculo del

tiempo, el Gobierno de Madrid había previsto una salida alternativa que era el llamado acuerdo-puente,

que no ha sido desechado por Washington y cuya puesta en marcha dependerá de la rapidez de las

negociaciones, aunque a la parte americana le interesa, a la vista de la rigidez de la situación

internacional, asegurarse desde el primer momento un acuerdo compacto y duradero.

En cuanto al tema OTAN, está claro que tanto Calvo Sotelo como Pérez-Llorca han reafirmado el deseo

del Gobierno de entrar en la OTAN, al parecer, para 1982, cuando la concertación interna en autonomías

y otras políticas esté encarrilada con la oposición. El ministro de Exteriores diría, textualmente, en el

almuerzo frases anunciando «nuestra vinculación cierta y futura a la OTAN». Haig, por su parte, se

declaró «entusiasta partidario de la Alianza». El problema técnico que se plantea es el siguiente: ¿cómo

negociar un acuerdo de cinco años inmediatamente que contemple la entrada de España en la OTAN aun

año vista? Marcelino Oreja había previsto, para ello, un sector móvil o sustituible del acuerdo. Pérez-

Llorca habló de un acuerdo-puente para sortear este obstáculo, que encontrará, sin duda, una salida a la

vez técnica y política, si se mantiene el objetivo OTAN.

Centroamérica y Sahara

Sí ha querido Haig, inesperadamente, insistir en la conferencia de Prensa en la dura actitud de su de-

partamento frente a la crisis centroamericana. Criticó duramente a Cuba y así se lo dijo también a Felipe

González, quien le planteó este tema en su calidad de representante de la Internacional Socialista. El líder

de la oposición insistió en la necesidad de reabrir el diálogo entre la Internacional Socialista y

Washington, anunció su próxima visita en mayo a Estados Unidos y pidió ayuda para El Salvador y Ni-

caragua.

En su conversación con el Gobierno, Haig marcó distancias frente a las posiciones de España ante la

crisis del Sahara y los acuerdos de Camp David, apoyando a Marruecos y Egipto de forma muy clara y

contraria a las posiciones oficiales españolas.

 

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