Autor: Vilamor, José R.. 
 Opinión generalizada en Torrejón. 
 La base debería reportarnos algún beneficio     
 
 Ya.    08/08/1981.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Opinión generalizada en Torrejón

«La base debería reportarnos algún beneficio»

•La base —así se denomina en Torrejón a las instalaciones mili-tares norteamericanas— cuenta con 500

oficiales, 3.600 soldados y 600 civiles. Ocupa una superficie de 1.200 hectáreas y el coste de su

construcción se cifra en 4.340 millones de pesetas. Toda una ciudad dentro del municipio de Torrejón de

Ardoz, con colegios de diferentes grados de enseñanza, iglesia, hospital, restaurantes, hoteles y hasta

lugares de diversión propios.

En principio, según señala Ángel Viñas en su libro «Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos»,

tendría una capacidad mínima para un ala de reconocimiento estratégico, un grupo de caza de

intercepción, un mando de división aérea y servicio de transporte aéreo. Con el objeto de que la acción de

los bombarderos espía dispongan de medios de reconocimiento, se establece una base con esta finalidad,

en posición central, junto a Madrid. El papel atribuido a Torrejón no es el de bombardeo, señala Ángel

Viñas en el mencionado libro, sino el de mando, de reconocimiento, de transporte. Al requerir en las

demás instalaciones norteamericanas en España una defensa próxima, a cargo de la caza de interceptores,

se sitúa uno de los grupos en Torrejón, óptimo por su ubicación, para defender desde la misma cualquier

punto de España peninsular.

Pero al margen de los datos estadísticos y de finalidades guerreras,-el hecho es que Torrejón de Ardoz,

una ciudad con cerca de sesenta mil habitantes, vive materialmente envuelta en ruidos de aviones, de los

que difícilmente se liberará en un futuro próximo. Esta al menos es la conciencia de parte de la población,

que está convencida de que si un día los americanos abandonan la base militar, ese trozo de tierra será

ocupado de nuevo por pínros a motor. El visitante que acude por primera vez a esta ciudad, situada a 20

kilómetros de Madrid, queda sorprendido al sufrir, porque quizá no se puede hablar de escuchar, fuertes

ruidos de decenas de aviones que a diario surcan el cielo, casi el suelo, de Torrejón. Barajas por una parte,

la base americana por otra, configuran el vivir cotidiano de las gentes de Torrejón. Más que de Torrejón

habría que hablar de «Torrejones de Ardoz», porque la realidad es ésa: la de dos pueblos unidos por una

carretera y a la vez delimitados por la general a Barcelona.

El problema de la droga

Entre las dos ciudades existe, sin embargo, una comunicación basada fundamentalmente en las personas

que se trasladan a diario a trabajar a la base y las familias americanas que tienen su vivienda habitual en

Torrejón. Los americanos, principalmente los matrimonios, viven en perfecta armonía con los nativos y

«siempre con ganas dé agradar». Se constata, sin embargo, una gran preocupación, casi una angustia

permanente ante el problema de la droga. Algunos vecinos han señalado cómo cualquier día, al atardecer

normalmente, es fácil presenciar a -grupos de hombres jóvenes atléticos» (léase soldados de la base, de

paisano) que sacan de sus bolsillos «unos sobrecitos con droga» que venden a la juventud de Torrejón por

«una cantidad aproximada a las 5.000 pesetas, cada paquetito.

Los consecuencias, además de las inherentes al consumidor de droga, se traducen también en la

inmoralidad de todo tipo, preferentemente en el sexo, extremo éste que trae por la calle de la amargura a

muchos padres de familia. Por otra parte, no constituye ningún secreto hablar de consumo de drogas en

las bases americanas. El general Bernard Rogers, comandante en jefe de las fuerzas americanas en Europa

y de las tropas de la OTAN, en unas declaraciones recientes estimaba que «un 20 por 100 de las tropas

americanas en Europa fumaban hachís y entre el 6 y el 9 por 100 consumen al mismo tiempo drogas

duras».

Señalamos este dato porque es la única crítica «contra la base» que hemos escuchado en Torre-jón. Se

puede comprobar la unanimidad de criterios a la hora de descartar las protestas del pueblo, al que

«quisieron involucrar», declararon algunos vecinos, en una manifestación a principios del presente año en

contra de la entrada de España en la OTAN y por la existencia de bases americanas en territorio español.

En la manifestación, se nos dijo, no llegó a participar ni medio centenar de ciudadanos de Torrejón.

Relaciones municipio-base.

Otra cosa distinta son las relaciones a nivel «oficial» entre «municipio-base», que últimamente están muy

deterioradas. Algunos comentaron que el actual alcalde no «era del agrado de la base, porque no ha

sabido captar las simpatías de loa americanos». A propósito de la primera autoridad local, debo señalar

que, pese a arduas gestiones a través del gabinete de prensa del Ayuntamiento para que el alcalde mani-

festase su parecer, no hemos conseguido respuesta alguna. En lo que sí concuerda el pueblo con el

alcalde, al menos aquellas personas con las que hemos contactado, es en que el municipio debe recibir

algunos beneficios a cambio de una serie de servicios extras que debe prestar, debido al enclave de la base

militar.

Hace dos años, por estas fechas, se reunieron en Torrejón de Ardoz tres alcaldes socialistas, regidores de

otros tantos municipios con bases militares, para tratar el tema, y, en síntesis, acordaron «que si España

recibe algo a cambio de, la permanencia de las bases en su territorio, a nosotros no nos llega nada». En

esto el pueblo piensa igual. Ante la prestación de servicios municipales, nada recibe a cambio. Concreta-

mente, por citar un caso, los habitantes de la base no pagan el impuesto municipal de vehículos y, sin

embargo, el Ayuntamiento debe planificar todo lo relacionado con la circulación y aparcamiento

contando con esa población.

El empleo de muchas personas, el alquiler de pisos, el consumo en general, la convicción de que en caso

de marcharse los americanos las instalaciones serían ocupadas de nuevo por aviones, bien civiles o

militares, son datos suficientes, al menos indicadores muy claros, de que el pueblo de Torrejón no prefiere

alterar demasiado las cosas, aunque pide que se mejoren aquellas lagunas que hoy existen.

José R. VILAMOR

 

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