Autor: Hermida, Matilde. 
 Optimismo del secretario americano sobre la próxima negociación del Tratado. 
 Haig destaca el valioso papel de España como aliado occidental     
 
 ABC.    11/02/1982.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

INTERNACIONAL

JUEVES 11-2-82

Optimismo del secretario americano sobre la próxima negociación del Tratado Haig destaca el «valioso

papel» de España como aliado occidental

MADRID (M. Hermida). Alexander Haig, con aire risueño y entre un ejército de guardaespaldas, se

sometió ayer a una última rueda de Prensa poco antes de viajar a Lisboa. El secretario de Estado

norteamericano quería hablar, preferentemente, de «las relaciones bilaterales hispano-norteamericanas»,

pero los informadores terminaron por llevar el agua a los cauces de la Conferencia de Madrid, como era

de esperar.

Antes que nada, y quizá curándose en salud, Alexander Haig destacó que durante sus «fructíferas

conversaciones» con el Rey, el presidente Calvo-Sotelo y el ministro de Exteriores, Pérez-Llorca, había

tenido ocasión de subrayar «el compromiso de Estados Unidos con el proceso democrático español y

nuestra admiración por el vigor de sus instituciones. Esa democracia es el principio rector de nuestras

relaciones, actuales».

El político norteamericano se refirió luego al «valioso papel que toca a España, como aliado, en el

concierto internacional». En este sentido quería «dar la bienvenida a España en su incorporación a las

instituciones occidentales», como en el casó de la OTAN: «Nos satisface observar que se está acelerando

el proceso de integración de España en la Alianza Atlántica. Son ya varios los países que han ratificado la

adhesión y esperamos que el proceso esté concluido esta primavera.»

El secretario de Estado reconoció la relación existente entre los pasos para la plena integración en la

OTAN, la marcha de las negociaciones sobre el Tratado España-USA y el proyectado programa

americano de asistencia en materia de seguridad: «Lo más lógico y deseable es que todos estos procesos

se concluyan de forma paralela y positiva próximamente.»

Aquí el político estadounidense tuvo que responder a una pregunta sobre la posible visita del presidente

Reagan a España, después de esa adhesión a la OTAN y con motivo de la «cumbre» que debe realizar la

Alianza, a principios del verano: «Eso tendría que contestarlo el propio presidente. Me parece que no hay

planes concretos. De todas formas quiero destacar el gran interés con el que Ronald Reagan observa las

relaciones con España y la importancia que dio al provechoso viaje del Rey a Washington, que el

presidente considera como uno de los puntos culminantes de su primer año de mandato en la Casa

Blanca.»

ALGO SOBRE LAS BASES

Por lo que se refiere a los contactos mantenidos sobre las negociaciones para renovar el. Tratado de

Cooperación entre los dos países, Alexander Haig se mostró «muy satisfecho» por la forma en que se

estaban planteando. Las negociaciones sufrieron una interrupción a raíz de presentar el Gobierno español

su petición al Parlamento para que se autorizase la solicitud de adhesión a la Alianza Atlántica.

En aquellos momentos las cosas estaban muy duras por ambas partes y se pensaba que el asunto podría

desbloquearse en la medida en que España iniciara su acercamiento a la OTAN, y Washington empezara

a concederle una consideración de auténtico aliado. Las conversaciones sobre el Tratado de 1976 se

reanudarán seguramente este mismo mes. El secretario de Estado se refirió a la conveniencia de que

algunos aspectos conectados con este tema o el propio proyecto de ayuda en materia de seguridad

quedaran reflejados en los presupuestos norteamericanos para 1983.

El jefe dé la diplomacia USA habló luego, brevemente, de su encuentro en pasadas semanas con Felipe

González, en su calidad de secretario de la Internacional Socialista: «Nos interesaba conocer su impresión

sobre la situación centroamericana. El acababa de realizar una visita por aquellas regiones y debía

informar a la Internacional. Vimos que la preocupación de Felipe González es paralela a la nuestra, sobre

todo por lo que hace a Nicaragua, que se encamina hacia un modelo militarista, totalitario y marxista-

leninista que no podemos aceptar porque amenaza la seguridad de todo el área.»

LA CSCE: SE VEÍA VENIR

En torno á la Conferencia de Madrid, el secretario americano reiteró alguno de los conceptos que había

desarrollado, tanto en su discurso como en sus declaraciones a la Prensa, durante la reanudación de los

trabajos el lunes. Insistió en que su país «concede gran valor al proceso y al espíritu de Helsinki», pero

que esta realidad no significa que se puedan aceptar las flagrantes violaciones que, para ese proceso y

para ese espíritu, representan los acontecimientos polacos.

Polonia volvió a acaparar las declaraciones de Haig, poco antes de dejar Madrid, y no puede decirse que

lamentara reiterar si condena a una situación de la que responsabilizó a la URSS.

Aludió también a la curiosa «maniobra» que la diplomacia oriental había realizado en la sesión plenaria,

al impedir que se pronunciaran todos los discursos previstos. Según Haig, el lunes quedó clara la

«incompatibilidad» entre los planteamientos políticos del Este y el Acta Final de Helsinki y recordó

precedentes del caso polaco, el más cercano, Afganistán. El secretario americano se había reunido en un

desayuno de trabajo, antes de la rueda de Prensa, con los ministros de Exteriores de Canadá, Bélgica,

Noruega, Alemania federal, Dinamarca y Turquía (con este último mantendría luego una conversación a

solas) para tratar, precisamente, de los acontecimientos que anteayer se desarrollaron en el Palacio de

Congresos.

No habló del tono de la reunión, pero, a una pregunta sobre la división de los aliados, el secretario

respondió, con seguridad, que no debían airearse tanto las pretendidas divergencias y que, ante la crisis

polaca, había habido una gran convergencia, como había quedado de manifiesto en los discursos de la

víspera.

En cuanto a la «política pos-Polonia» manifestó la conveniencia de mantener consultas continuas entre

los aliados. De todas formas, tuvo que admitir que Washington se había estrellado en un tema tan

concreto como el del gaseoducto: «Es un tema anterior a la cuestión polaca. Siempre nos ha preocupado

una excesiva dependencia de Europa de la energía del Este... pero es cierto que no hemos conseguido

atraer a nuestros aliados hacia las alternativas que hemos propuesto. Quizá porque todavía no son muy

interesantes.»

En cualquier caso, no quiso definirse sobre el futuro de la Conferencia por temor a que su opinión fuera

una «injerencia» en un asunto que compete a los delegados reunidos, quienes resolverán lo que

corresponda por consenso.

 

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