Nuevos acuerdos USA-España, con Marruecos al fondo     
 
 ABC.    23/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIÓN

DOMINGO 23-5-82

Nuevos acuerdos USA-España, con Marruecos al fondo

Ayer expiró el Tratado de España con Estados Unidos, suscrito en enero de 1976. Teóricamente, nuestro

país no es hoy un aliado de Norteamérica, cuyo Gobierno dispone del plazo de un año para desmantelar

las bases militares que utilizaba en territorio español. La realidad es, sin embargo, muy otra: no hay nuevo

Tratado con Estados Unidos porque España firmará el mes próximo el Tratado del Atlántico Norte. Como

con otros miembros de la Alianza, Estados Unidos mantendrá con nuestro país unos acuerdos bilaterales.

Pero el paraguas político, jurídico y militar será el gran Tratado que vincula hoy a Estados Unidos y

Canadá, en un compromiso de defensa recíproca, con trece naciones europeas.

La negociación de los nuevos acuerdos que completarán la relación hispano-norteamericana no parece

haber sido fácil. Madrid se ha llenado de rumores, de textos equívocos y medias verdades. Al final, la

cuestión de fondo es una: si España va a participar con sus bases en la defensa occidental, aunque las

amenazas no afecten directamente a su seguridad nacional. Y en caso afirmativo, cómo va a hacerlo. Es

aquí, al parecer, donde se ha producido un duro y casuístico forcejeo entre los negociadores.

El mayor riesgo de colapso internacional temido por Norteamérica se localiza, hoy como ayer, en el área

del Golfo Pérsico. Una intervención con éxito, aunque presumiblemente indirecta, de la otra

superpotencia en el golfo del petróleo cortaría «ipso facto» la primera arteria de suministro energético

hacia Europa. Norteamérica tiene asegurado en ese supuesto su independencia energética, pero no ocurri-

ría lo mismo con sus aliados europeos. El apagón de Europa podría durar varias semanas y colocaría al

bloque occidental al borde del caos. Riesgo que, aun en un regreso al fervor aislacionista, Norteamérica

no podría soportar.

Para evitar una amenaza permanente, Norteamérica ha dispuesto el instrumento militar que le permita

controlar en cuarenta y ocho horas el Golfo Pérsico mediante su nueva Fuerza de Despliegue Rápido. Ese

plan carecería de sentido sin una serie de apoyos logísticos. De ahí la venta de aviones Awac a los

saudíes, la instalación de nuevas bases en la costa africana del Indico o la costosa habilitación del islote

Diego García. Y es en este marco, aunque sea en uno de sus círculos remotos, donde hay que hallar una

de las utilidades sustanciales de las bases españolas. Los norteamericanos se preguntan para qué sirven

unas bases que los españoles prohiban utilizar en caso do guerra. Los españoles se cuestionan sobro la

oportunidad de dar facilidades a unos socios para un conflicto ajeno, lejano y comprometedor. Aquí hay

que localizar el centro del debate. Y en él se ha cruzado, con su sentido de la oportunidad y su proverbial

dominio del Derecho-Mercantil, nuestro vecino marroquí. La relación entre Estados Unidos y Marruecos

es estrecha. La política exterior del Reino es, desde siempre, un dominio reservado del Monarca, que

conserva en ésta y otras áreas un poder prácticamente absoluto. Hassan II y su primer cerebro asesor,

Reda Gedira —dos hombres de excepcional perspicacia política—, quieren obtener ventaja de la posición

marroquí, necesaria en el caso de que fallara España. Gedira ofrece facilidades en los aeropuertos

marroquíes al transporte aéreo norteamericano.

El problema para Marruecos consiste por una vez en el momento elegido: los nuevos acuerdos hispano-

norteamericanos están prácticamente firmados. El primer pacto bilateral entre las dos naciones, con rango

de tratado, fue suscrito en enero de 1978 por el doctor Kisinger y el ministro Areilza. La existencia de ese

tratado cambió el rango jurídico de las relaciones entre España y Estados Unidos y abrió la posibilidad

efectiva de nuestro ingreso en la OTAN.

El nuevo acuerdo bilateral hispano-norteamericano puede entrar en vigor con la mera firma del mismo.

Por parte norteamericana no requiere la aprobación del Senado. La Administración Reagan simplemente

remite el acuerdo al Congreso, cuyas dos Cámaras se limitan a tomar nota del pacto sin necesidad de

ratificación explícita. La Cámara Baja, que controla los compromisos financieros derivados de esta clase

de acuerdos, queda vinculada también en esta clase de procedimientos.

Los nuevos acuerdos requieren por parte española la aprobación del Congreso de los Diputados y del

Senado. Tras la utilización de las instalaciones, pactada ahora, se aplaza otra gran cuestión de fondo: la

instalación o no en nuestro suelo de rampas de lanzamiento para misiles nucleares tácticos. Esa decisión

habría de adoptarse por acuerdo del Parlamento español, que ha votado favorablemente el ingreso de

España en la Alianza, pero no ha autorizado ningún compromiso en materia de armamento atómico. Y es

aquí donde nuestros futuros aliados europeos se preguntan por las contradicciones del programa socialista

español en orden a nuestra integración en Europa. Los socialistas alemanes, británicos, holandeses o

italianos con solidarios del riesgo nuclear que comporta hoy, en el teatro europeo, la política de defensa.

En este punto, los planteamientos del PSOE, a medio camino entre el tercermundismo utópico y el

pacifismo escolar, han llevado a las cancillerías europeas a un convencimiento compartido: el socialismo

español carece de política exterior.

 

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