Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   El viaje (II)     
 
 Diario 16.    21/06/1983.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

El viaje (II)

Yo, lectores, creo que Felipe González aún no se lo acaba de creer. Es decir, que nuestro querido

presidente —a quien, como ustedes saben, yo adoro, sobre todo porque es un buen tipo, ¿verdad?, y uno,

a estas alturas de la liga, prefiere mirar al político a los ojos, pues ya pasa un poco de los rollitos

ideológicos y no es fácil que sucumba a las trampas saduceas del estratega de turno— aún no se hace a la

idea de que vuela en un DC-8 de las Fuerzas Aéreas —nuestro «Air Force number 2» particular— con los

intereses, las esperanzas y las tribulaciones de 40 millones de españolitos en el equipaje. Y que va a

compartir mesa, mantel y camisa de manga corta con el «gunman» Reagan. Y —lo más difícil— que

tendrá que enfrentarse a las fieras de la canallesca americana, a los chicos de la yupiai y la cebeese,

porque allí los periodistas no son tan complacientes con el poder como aquí, y no existen los chantajes

sentimentales ni esas esquemáticas bobadas, al hispánico modo, de progres y carcas que tanto nos con-

dicionan y nos hacen sufrir.

Por ejemplo: en Washington, Felipe nunca podrá decir eso de que Estados Unidos deben de cambiar

sustancialmente su liderazgo en América Latina, que es negativo, por otro tipo de liderazgo más positivo.

Porque, ¡ay!, el pragmatismo sajón brotará inmediatamente y le dirán: |la gallina! O también: ¿Y cómo se

cambia un liderazgo positivo por otro negativo? O ¿qué es, en suma, un liderazgo positivo? Y así

sucesivamente.

Aunque yo creo que el que menos se lo cree es el bueno de Julito Feo, que ha pasado de tomar cañas en

los espumosos quioscos, muy de Aldecoa, de la madrileña Arturo Soria, a negociar de tú a tú con los

míticos maquilladores de imagen de Madison Avenue o con el alto «staff» de la Casa Blanca.

Felipe tendrá que acerar su habitual estrategia retórica en Estados Unidos si quiere conseguir resultados.

En su último viaje al país más poderoso del mundo, el hoy presidente del Gobierno ya parecía altamente

pre-dispuesto a desprenderse de ciertos tópicos y adherencias universitarias sobre los U.S.A., adquiridas

en nuestras mostrencas aulas de los años sesenta. «Ya he dicho repetidamente en el partido que a partir de

ahora tendremos que analizar las cosas de este gran país desde perspectivas distintas a las del pasado», me

comentaba Felipe en Nueva York aquella trágica Navidad —asesinato de Lennon a escasas «cuadras» de

nuestro hotel— del 80.

Quienes desde luego van a obtener abundantes beneficios del viaje de Felipe a Estados Unidos son los

chicos de la «dirección imberbe» del PCE, que ya se están frotando las manos y preparando

minuciosamente su estrategia ante el rendimiento político que piensan sacarle al viaje presidencial. De

momento, Gerardín, para compensar, se ha ido a visitar a Fidel y a los «nicas» sandinistas. Pero del PCE

y los nuevos rumbos que imprimen los Curiel, Claret, Iglesias y compañía hablaremos en otra ocasión con

más detalle.

TELEVISIÓN Española sigue batiendo récords, y como hace tiempo que no me ocupo de ella, hoy voy a

hablarles del último debate de «La clave». Ciertamente, lectores, Alfonso Guerra ha contraído una

gravísima responsabilidad con este país por haber puesto al frente del monopolítico ente televisivo a un

fascita y a un necio. No tiene otra explicación el bochornoso espectáculo que nos dieron el pasado

viernes, hablando de la libertad de informar en TVE.

Sólo un ex nazi como José Luis Balbín —le tenía yo un tanto olvidado últimamente—, ahora travestido

en pro soviético, puede montar un debate sobre una cuestión tan candente como es TVE, soslayando a los

ocho o diez grandes expertos y «opinión makers» que sobre esta cuestión existe en el país, y

suministrando a la audiencia —esto es lo peor— toda esa bazofia leninoide y decrépita —libertad, ¿para

quién?— que en los países sensatos no produce otra cosa que carcajadas o, si acaso, un discreto interés

entre los paleontólogos políticos. Alfonso, Alfonso, en menudas manos has dejado la televisión...

AUN quedan, lectores, Embajadas por cubrir. Por ejemplo, Lisboa, a adjudicar, casi con toda seguridad a

Luis González Seara —que trabaja en silencio en la preparación de un vasto y apasionante libro. Le falta

al Gobierno un embajador de fuste para Buenos Aires —le ofrecieron el cargo a Seara, olvidando que

Luis llegó a tildar a los gorilazos porteños de «Asesinos»— y lo tienen delante de las narices: ¿Qué mejor

embajador en la Argentina predemocrática que el general Gutiérrez Mellado? Pues eso.

 

< Volver