Armas distintas     
 
 ABC.    19/03/1961.  Página: 80. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ARMAS DISTINTAS

Hace un año por estas mismas fechas España entera se volcaba en ayuda de Marruecos. Un terremoto

cruel había dejado seca y desgarrada a la hermosa flor africana de Agadir. Fue aquél uno de los

acontecimientos más importantes del año en el sentir del pueblo español. La Prensa de España dedicó al

trágico suceso generosa amplitud. Valdría la pena reproducir ahora algunos comentarios de los periódicos

españoles sobre el desastre de Agadir. Servirían para recordar al Gobierno de Marruecos los sentimientos

con que el pueblo español ha distinguido siempre al pueblo marroquí.

También se cumple ahora el quinto aniversario de la independencia de Marruecos. La actitud de España

para con la gran nación africana y para con su Sultán durante su agrio destierro de Madagascar puede

calificarse de ejemplar. Marruecos recibió la independencia de España, tras un próspero período de

protectorado, sin necesidad de un rasguño. Desde entonces, y a pesar de ciertos hechas que están en la

memoria de todos, el Gobierno español dedicó su mejor cordialidad al país vecino, y ahí está la generosa

ayuda a Agadir para, demostrarlo. La realidad es que no hay que arrepentirse de nada, pues esa

cordialidad era la que merecía el noble pueblo marroquí. Su Gobierno, sin embargo, no parece querer

entender las cosas así, y da la sensación de encizañar intencionadamente las relaciones entre dos pueblos

llamados a entenderse.

El vandálico acto perpetrado por los soldados marroquíes en la provincia española del Sahara exigía la

rápida intervención del Gobierno de Marruecos para solicitar perdón por el suceso, poner en libertad a los

secuestrados e indemnizar los daños sufridos en las instalaciones.

El silencio de Rabat resulta realmente incalificable. Supone además que las autoridades marroquíes se

solidarizan con una agresión que rompe espectacularmente con los más elementales principios de

Derecho internacional y con las normas tradicionales de la convivencia entre pueblos civilizados.

Pero el Gobierno marroquí no se ha detenido en el silencio tras la agresión y el secuestro expoliador.

Contingentes armados del Ejército Real en el Norte del Sahara dan la sensación de prepararse para una

invasión de nuestra provincia africana. La reacción del Gobierno español ha sido enérgica y fulminante, y

tras ella se encuentra, unánime y apretada, la opinión pública de España. El pueblo español ha demostrado

cumplidamente su amor y su respeto por el noble pueblo marroquí. Pero si el Gobierno de Marruecos, a

espaldas del sentir popular de su país, persiste en su actitud agresiva, se encontrará con la réplica que

merece.

No se trata de sembrar alarmas ni de propugnar la violencia. En España, que es un país en plena madurez

política desde hace un milenio, no ha perdido nadie la serenidad. Y el Gobierno se dispone a resolver la

cuestión por la vía pacífica España y Marruecos son dos pueblos llamados a entenderse y a colaborar en,

común. Lo que pasa es que las armas empleadas por el Gobierno marroquí, y el español en este caso han

sido bien distintas. Rabat ha utilizado el desmán, el secuestro y la amenaza de agresión violenta. Madrid,

la nobleza, la generosidad para disculpar, la apelación a los cauces jurídicos del Derecho internacional.

Para bien del pueblo de Marruecos, es de esperar y de desear que su Gobierno recobre la sensatez. Aquí

sabemos bien que África es la espalda de Europa, pero también sabemos que, contra Europa o sin Europa

África no podría subsistir.

 

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