Autor: López de la Torre, Salvador. 
 España y Mauritania. 
 Cuando los países árabes conozcan exactamente el problema mauritano, se rendirán a la realidad de nuestra independencia  :   
 Declaraciones exclusivas para ABC del primer ministro y jefe del Estado de la República Islámica de Mauritania. 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ESPAÑA Y MAURITANIA

«CUANDO LOS PAÍSES ÁRABES CONOZCAN EXACTAMENTE EL PROBLEMA MAURITANO,

SE RENDIRÁN A LA REALIDAD DE NUESTRA INDEPENDENCIA»

(Declaraciones exclusivas para ABC del primer ministro y jefe del Estado de la República Islámica de

Mauritania)

EL señor Mojtar Uld Daddah, primer ministro y jefe del Estado de Mauritania, me recibe en su minúsculo

despacho provisional de Nuakchot, con una amplia sonrisa cordial, a la que a veces pone sombras un

indisimulable velo de timidez. Fino collar de barba enmarcando un rostro juvenil, para darte, quizá, un

discreto suplemento de edad y una ponderada gentileza, que envuelve toda la persona de cierto aspecto

clerical. Auténtico místico, descendiente de una de las más nobles y piadosas familias de Trarza—estirpes

claras de los Idaualis, de los Ulad Biri, cada uno de los gestos del señor Mojtar Uld Daddah acredita

las tres raíces esenciales de su carácter: la religiosidad, la intelectualidad y la nobleza. Un gesto de sus

finas manos autoriza la primera pregunta.

—¿Cómo considera usted, señor presidente, el porvenir de las relaciones entre España, y Mauritania,

teniendo en cuenta su situación geográfica de vecindad?

—Esta relación yo quisiera que se desarrollase intensamente, tanto en el dominio diplomático como en lo

económico. Puedo decirle que nuestras relaciones con España son excelentes y que lo han sido no

solamente antes de la independencia mauritana, sino después de ella, lo cual me parece mucho mas

importante. El Gobierno español ha estado representado en las fiestas de nuestra independencia, y en Port

Etienne, los autoridades mauritanas sostienen un amistoso intercambio con el vecino capitán jefe del

destacamento de La Quera, exactamente igual que las autoridades de Fort Trinquet guardan un cordial

enlace con las del Aadun. Y yo he recibido personalmente aquí mismo al general gobernador, don

Mariano Alonso, bajo el signo de la misma amistad.

"Las relaciones, por lo tanto, existen y se desarrollan amistosamente; si algo cabe desear es que se

desarrollen en el futuro todavía mas. El anuncio diplomático de que España piensa abrir en Nuakchot una

Embajada, ha recibido inmediatamente nuestra aprobación, y el día en que las posibilidades financieras de

Mauritania lo permitan, puedo asegurarle que tendremos nuestra Embajada en Madrid. En resumen, todo

esto quiere decir que las relaciones hispano-mauritanas se desarrollan armónicamente, y que nosotros

haremos todo lo posible por que sean tan buenas como hasta aquí. No tengo que advertirle que estoy

seguro de que así lo serán."

—Como español, no pudo por menos de sentir una gran alegría al escuchar sus seguridades que me

permito preguntarle sí se extienden al terreno político y económico. El primer ministro conoce la

tradicional afluencia de pescadores canarios a las aguas de la bahía del Galgo, ¿Estas seguridades les

conciernen también a ellos?

—Absolutamente. En todos los dominios y ante todos los problemas, nuestras relaciones con España

serán amistosas. Los problemas debemos abordarlos con espíritu de comprensión y de confianza mutua,

que es el camino para encontrarles soluciones conformes al interés de nuestras dos naciones.

—Usted, señor presidente, ha dicho que Mauritania querría ser una "Suiza africana", especie de enlace

entre el África negra y el África blanca. ¿Cómo considera que puede cumplir su país este deseo?

—Mauritania es un enlace, un puente, entre las dos partes de África. Por un lado, tenemos su situación

geográfica; por otro, su tradición histérica y cultural; por último, la misma composición étnica de su

pueblo confirma esta vocación de acercamiento entre los dos grandes grupos humanos de África.

Nosotros, los mauritanos, queremos desarrollar este papel y jugarlo a fondo, trasladando al mundo de las

relaciones diplomáticas el ejemplo de nuestra unidad nacional, conseguida a pasar de que nuestro pueblo

se compone de dos razas diferentes.

—¿Cómo se ha realizado en la práctica esta unidad?

—En la Mauritania moderna e Independiente, africanos blancos y negros han realizado su unidad

considerándose como súbditos mauritanos al estar íntimamente asociados en todos los escalones de la

vida nacional. Lo están en el Gobierno, en el Parlamento, en la Administración... Esta es la razón que me

ha hecho hablar de una "Suiza africana", porque también en Suiza el sentimiento nacional enlaza a tres

agrupaciones humanas de orígenes diferentes. Pero, además, nuestra comparación tiene otro aspecto

importante. Suiza es pacífica y amiga de todo el mundo, y esta doble condición es una de las ambiciones

de la nueva Mauritania. Por lo tanto, Mauritania, ayudando al acercamiento, a la mutua comprensión y a

la convivencia de dos partes de África, ayuda en su escala a la realización de la paz universal que

deseamos ver reinar en el mundo.

—¿Qué razones pueden existir para justificar la posición que la Liga Árabe ha adoptado contra

Mauritania en el momento de su acceso a la independencia?

—Es una pregunta que yo mismo me hago constantemente. Supongo que la buena fe de los dirigentes

árabes ha sido manipulada por los marroquíes, sin que Mauritania, que no es independiente sino desde el

28 de noviembre de 1660, haya podido hacer oír su voz ni darse a conocer verdaderamente ante los países

árabes, que han recibido así una información unilateral. Totalmente independientes ante Francia en la

actualidad, no hemos ocultado jamás, durante los dos años que duró la Autonomía Interna, el deseo de

acceder totalmente a la independencia que hoy gozamos. Tal vez en el futuro, cuando los países árabes

conozcan, exactamente el problema, puedan cambiar su posición de manera tajante, rindiéndose a la

evidencia de nuestra independencia, exactamente como lo han hecho 59 países del mundo y entre ellos

España. Y conviene aclarar que en el interior del propio mundo árabe hay un país que nos ha

reconocido—Túnez—, y este reconocimiento resulta para nosotros fundamental, porque Túnez no podría

tener otro interés con su reconocimiento que defender una causa justa, y al hacerlo probaba que la buena

causa era la de Mauritania. Pero yo soy optimista, el tiempo nos dará toda la razón.

La conversación ha terminado. El señor Meitar Uld Daddah se informa de mis proyectos de viaje; hace

votos por que un periodista de una nación amiga como España encuentre en su joven país respuesta a

todas las preguntas que quiera hacerse. Y con un largo gesto elegante de sus manos, que parecen abrazar

aquella tierra, me dice como despedida:

—Usted podrá ver la realidad de Mauritania. Aquí no tenemos nada que ocultar.

Salvador LOPEZ DE LA TORRE

 

< Volver