Energía y claridad     
 
 ABC.    21/03/1961.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. MARTES 21 DE MARZO DE 1961. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 33

ENERGÍA Y CLARIDAD

Ante la provocadora actitud del Ejército Real marroquí, concentrado al norte de nuestra provincia del

Sahara, el Gobierno español anunció el sábado pasado, serena y enérgicamente, que había tomado "las

medidas necesarias para repeler, con todos los medios a su disposición, y en ejercicio del derecho de

legítima defensa, cualquier acto de agresión que se produzca". Hay que subrayar como se merece este

rasgo de firmeza. Cuando las grandes potencias occidentales retroceden entre humillantes claudicaciones,

España y Portugal mantienen con admirable energía el espíritu de aquella Europa que regía los destinos

del mundo.

Como decíamos en nuestro editorial del domingo pasado, el pueblo español ha demostrado en muchas

ocasiones su amor y su respeto hacia el pueblo marroquí. Y ahí está la generosidad española ante el

terremoto que redujo a ruinas la ciudad de Agadir el año pasado. Pero el Gobierno marroquí, a espaldas

del sentir popular de su país, parece empeñado en encizañar las relaciones de dos países que están

llamados a laborar en común. La tergiversación de los hechos realizada por la agencia de noticias

marroquí, y denunciada en el día de ayer por el Ministerio de Asuntos Exteriores español, demuestra muy

a las claras que sobre el Gobierno de Marruecos no pesa la voz de la conciencia por el inaudito secuestro

cometido hace nueve días con once trabajadores técnicos arrancados de nuestra provincia del Sahara; sino

que, por el contrario, persiste en una actitud de inconcebible agresividad.

¿A dónde quiere llegar Rabat en sus propósitos y empeños insensatos? No parece arriesgado aventurar

que los incidentes ocurridos en la frontera de nuestro Sahara han sido inspirados por el mismo cerebro

que provocó los sangrientos disturbios en la provincia portuguesa de Angola. Marruecos por sí solo no

hubiera iniciado nunca este peligrosísimo juego, nada puede ganar en la ventolera. Las sombras del

Kremlin bullen y zamarrean por el territorio africano. Se pretende inventar problemas y crear incidentes

allí donde hasta ahora reinaban la paz y el orden. Si surge el estallido, muy fácil será desencadenar un

huracán de propagandas y exhibir en seguida como única solución posible la que habla de

internacionalizaciones. La experiencia ha demostrado que los agentes soviéticos en la O. N. U. saben

servir con sagacidad sus ambiciones. Cuando son fuerzas internacionales las que tercian—un día en Suez

y otro en el Congo—, algo seguro ocurre: el Occidente pierde sus posiciones.

Arriesgada la mordedura en el cebo que se tiende desde Moscú. Marruecos no puede significar en ningún

momento una amenaza militar seria para España. Los sucesos ocurridos hasta ahora hacen presumir que

sólo se trata de provocar una reacción agresiva de España para internacionalizar, como se está tratando de

hacer con la crisis de Angola, un conflicto inexistente. Aparte de que a los agentes comunistas que están

inspirando inusitada postura de Rabat no interesa tanto que Marruecos extienda su dominio sobre el

Sahara cuanto que se origine una situación que debilite la posición internacional de España.

Ante esta turbia maniobra no existe más actitud inteligente y digna que la tomada por el Gobierno

español. El comunicado oficial de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores es modelo de energía y

claridad. España está en guardia, vigilante, y pronta a repeler cualquier agresión. El país, estrechamente

unido a su Gobierno, goza hoy de una fuerza y de salud militar y política. España no está dispuesta a

ceder un milímetro en sus derechos. Contra nuestra unidad sin fisuras, nada pueden valer provocaciones y

maniobras. Nuestras autoridades están tomando todas las medidas necesarias para resolver pacíficamente,

por la vía diplomática, un incidente que no debe salirse de los cauces del Derecho internacional. Pero, en

cualquier caso, aquí está el pueblo español, preparado y tranquilo, para hacer frente a todas las

contingencias. España es hoy la roca más firme de Occidente, y aunque el comunismo internacional

despliegue contra ella todas sus fuerzas, unas descaradas y otras solapadas, la roca no podrá ser hendida

ni resquebrajada.

 

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