Autor: López de la Torre, Salvador. 
 ABC en El Aaiun. 
 Hoy continúan los trabajos     
 
 ABC.    22/03/1961.  Página: 47. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MADRID, MIÉRCOLES 22 DE MARZO DE 1961 - EJEMPLAR 1,50 PESETAS

ABC DEPOSITO LEGAL - M. 13 - 1958

DIARIO ILUSTRADO AÑO QUINCUAGÉSIMO-CUARTO. NUM. 17.167 92 PAGINAS

A B C en El Aaiun; Hoy continúan los trabajos

El Aaiun 22 (3 madrugada). (Crónica de nuestro enviado especial, recibida por "Tclex".) Saliendo de El

Aaiun por la pista que enfila al norte, poco después de los quince kilómetros aparece el campamento de la

United Geophisical con sus cabinas metálicas alineadas en orden geométrico, sus talleres de reparaciones

y la altiva silueta de las perforadoras recortándose contra el azul purísimo del cielo. Un taller de trabajo,

donde los mecánicos ponen a punto los motores, mientras en el comedor, un pequeño aviso comunica a

los obreros que hoy, miércoles, saldrán las tíos perforadoras para continuar el estudio geofísico del

terreno. Para los aficionados a la estadística podemos añadir que nos movemos en la cuadrícula número 8

de la Unión Oil Company, de la Compañía Ibérica de Petróleos. Tan sencillo aviso tienE su historia,

porque ha sido justamente el personal de este campamento quien ha padecido el brutal atentado marroquí,

y estos mecánicos que se afanan por reparar las averías de un motor, cambian piezas que muestran el

siniestro redondel de un impacto de fusil de gran calibre. Una perforadora ha sido acribillada con la

pericia de un "gángster" ducho en mecánica. Un disparo en el depósito del aire comprimido. Otro en la

viga maestra del "chasis". Un último impacto en la culata del motor. Lecciones de sabotaje a tiro limpio.

En el campamento se trabaja de firme para tener hoy lista la perforadora, que continuará el trabajo en

compañía de otra máquina gemela a la que los asaltantes se limitaron a saltar los vidrios de las ventani-

llas, como atacados de una especie de sadismo infantil. Las dos "Machew" iniciarán las pequeñas

perforaciones destinadas a recibir las cargas de dinamita con que estudiar el comportamiento de las capas

profundas de la tierra ante las explosiones.

Hoy volverán a alborotar el subsuelo del Sahara las explosiones sísmicas, cuya vibración estudian luego

los técnicos en sus colosales camiones laboratorios, descubriendo entre los ecos de sus ondas la estructura

secreta de la tierra. Hoy volverá el campamento a recobrar su ritmo de trabajo, y otra vez los turnos

continuarán su ronda incansable, de noche y día. Y, sin embargo, en el campamento, once cabinas estarán

vacías. Por la noche, a la hora de la cena, gravita en el ambiente algo así como la invisible presencia de

los secuestrados, contagiándose al comedor una solemne y viril gravedad. Todavía parecen resonar en el

recinto las sonoras risas de Juan Sánchez, uno de aquellos, valenciano alegre, eterno cantor desafinado de

melodías aproximadas, que cada mañana reclamaba a gritos un fabuloso desayuno pantagruélico: una

tortilla de siete huevos con mas jamón que huevos. Y el cocinero, generoso, lanzaba sobre la sartén una

catarata de yemas para calmar el apetito matutino de aquel levantino simpático, en homenaje al cual la

intendencia había preparado una paella extraordinaria. Una paella que Juan Sánchez no pudo honrar. En

una cabina, perfectamente ordenados, están los efectos personales de M. García, un oranés puntual y tra-

bajador, secuestrado también con el equipo. M. García, súbdito francés y hombre aplicado, andaba en

nuestro Sahara desde hacía algún tiempo, después de haber recorrido el itinerario fabuloso de los pe-

troleros. Oasis de Togur y arenales de Libia. Un paréntesis alsaciano. el amor y el matrimonio. Una casa

de techo picudo, con nidos de cigüeñas, y la sonrisa de una niña rubia iluminaban en este rincón perdido

del desierto una cabina metálica.

M. García escribía a su mujer, en Al-sacia, largas cartas puntuales donde trazaba bellos proyectos de

vacaciones. Sus aficiones, andaban repartidas entre el saxofón y la pesca, y de su último permiso en Las

Palmas había vuelto esgrimiendo una hermosa caña de pescar, cuyas flexibles cualidades alababa a los

amigos de excursión por las orillas del Rhin. García, un francés bien tranquilo, al que aguardaban

alineadas en la oficina una regular colección de sobres, todos ellos con el remite todavía ignorante de

madame García. Desde el reparto del día 10, a una carta por día. Es lo más patético de esta revisión a un

campamento maltratado por la brutalidad. Esas cartas que aguardan el término de la aventura. La mujer

de uno. La novia del otro... Letras firmes o torpes, llenas de ilusión o de deber. Todas ellas allí extendidas

sobre la mesa del campamento, aguardando, con una especie de casi humano temblor, a sus destinatarios.

Y en algunos de los sobres se adivinaba el peso de fotos que traían hasta el desierto sonrisas de fiestas

familiares. Estos son los hechos.

Hoy los camaradas de Juan Cabrera, de Agustín Valencia, de, Enrique Cabrera, de Juan Sánchez, de Mr.

García volverán a repetir mil veces los gestos mecánicos de los estudiosos geofísicos. La carga de

dinamita, el despliegue de los geótonos, el registro magnético de los ecos subterráneos. Y junto a los

camaradas que trabajan, el recuerdo firme de los once compañeros todavía ausentes, avisándoles .que

justamente la dignidad del hombre se engrandece cuando soporta la adversidad. Después de todo, el más

bello homenaje que hoy rendiremos a todos los dolores que hayan podido sufrir las once víctimas del

golpe es que se siga trabajando al mismo ritmo de siempre. Porque ese trabajo convierte el secuestro en lo

que verdaderamente era. .Un acto brutal, inútil y gratuito.—S . L. DE LA T.

 

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