Autor: López de la Torre, Salvador. 
 Rabat. 
 España y Marruecos continúan su diálogo amistoso  :   
 El realismo de ambas Delegaciones ha sido la nota positiva de las entrevistas. 
 ABC.    07/07/1964.  Página: 41. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. MARTES 7 DE JULIO DE 1964. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG, 41.

ESPAÑA Y MARRUECOS CONTI-NUAN SU DIALOGO AMISTOSO

El realismo de ambas Delegaciones ha sido la nota positiva de las entrevistas

Rabat 6. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) Balance positivo. Telegráficamente dicho, esto

parece el más ajustado resumen de unas conversaciones hispano-marroquíes desarrolladas en plena

cordialidad, pero que han conseguido resultados muy concretos y muy prometedores por la sencilla razón

de que los hombres encargados de dialogar han tenido buena voluntad y talento para considerar las cosas

con realismo. Si hay algo que haya estado ausente de estas entrevistas han sido las viejas antiguallas

mistificadoras de clichés románticos y pasados de moda. Lo importante de estos días es que se ha hablado

sin miedo y también sin ganas de asustar. Es decir, que se ha dialogado.

Castiella se bajó del avión en Rabat repitiendo ya desde el aeródromo estas palabras que han sido el tema

constante de todas sus gestiones: "Hemos abierto un diálogo entre España y Marruecos." Esto es verdad,

objetivamente hablando, y parece urgente decirlo antes que nada, porque entre España y Marruecos había

habido constantes, abundantes y bien intencionados diálogos antes de la entrevista de Barajas entre

Franco y Hassan II, de la que hoy, por venturosa coincidencia del calendario, se cumple justamente el

primer año. Pero los dos Jefes de Estado sólo podían establecer algo así como las bases espirituales de

una relación. El diálogo que debía instrumentar luego en la práctica este "espíritu de Barajas" estaba por

iniciarse, y esto es justamente lo que se ha conseguido ahora. España y Marruecos han dialogado en paz,

con calma y con realismo. Exactamente, como decía "Al Watan", en forma "clara, objetiva y decisiva".

No tenemos nada que añadir a esta fórmula tripartita de adjetivos benéficos.

Naturalmente, no se ha dialogado de manera positiva por arte de biribirloque, sino por concretísimas

razones políticas admitidas por las dos partes en presencia. Que España haya hecho su esfuerzo para

discutir, lo admite aquí todo el mundo bien intencionado, pero también nosotros debemos reconocer que

Marruecos, por su lado, ha hecho con nobleza y con justicia un esfuerzo equivalente. Así, a estas, horas

sabemos que entre Marruecos y España no ha tenido lugar durante estos días ese tristemente célebre

"diálogo de sordos" que tantos países europeos sostuvieron con pueblos africanos durante años

especialmente sangrientos de la última Historia universal. Aquí se ha hablado como únicamente se puede

hablar entre dos pueblos idénticamente soberanos: de igual a igual.

Ahora bien, para llegar a la apertura de este diálogo, que no tenía nada de fácil, era necesario que se

levantasen antes todas esas "cuestiones previas" que paralizaban desde hacía algún tiempo unas

conversaciones cuyo espíritu era, sin embargo, bilateralmente amistoso. Mientras alguien dijese que

resultaba imposible la discusión si con anterioridad el otro no hacía determinadas cosas, resultaba evi-

dente que todo diálogo quedaba bloqueado de antemano. Lo importante para España es que la presencia

en el Gobierno marroquí de hombres realistas, auténticos políticos modernos a escala universal, ha hecho

posible iniciar unas conversaciones que siendo deseadas por casi todos, ciertos minúsculos detalles habían

congelado duranta cierto tiempo. Existía la buena disposición, existía el "espíritu de Barajas", pero hacía

falta encarnarlo en hechos concretos, y eso es lo que se ha conseguido desde el momento en que las

relaciones entre nuestros dos países se desarrollan sin que ninguno de ellos tenga que aceptar antes de

sentarse en la masa de la conver-sación ninguna imposición del otro. En realidad, toda conversación

diplomática es una confrontación de puntos de vista y de razones igualmente atendibles "a priori", pero no

puede ser la capitulación de uno de los negociadores a la mayor gloria del otro.

Si se admite que para discutir hay que escuchar en primer lugar los argumentos de las dos partes y se

comprende que en política internacional los conceptos resultan extremadamente variables y sometidos a

múltiples evoluciones históricas, podemos medir el alcance de las actuales conversaciones hispano-

marroquíes. En estos dos días se ha demostrado que entre España y Marruecos es perfectamente posible el

diálogo para abordar a su debido tiempo y en la forma que resulte compatible con los dobles intereses de

ambos interlocutores todos los problemas pendientes. Y esto es una buena noticia porque siempre será

buena noticia poder hablar con el prójimo, pero se debe a que los destinos del pueblo marroquí se

encuentran bajo la dirección real de Hassan II, en manos de una serie de hombres modernos y de

clarísima buena voluntad. Son estos hombres los que han hecho posible el diálogo, descartando en una

noble y lógica depuración las condiciones inadmisibles, las precipitaciones, las violencias y el olvido de

que los acuerdos se realizan entre dos a condición de que ninguno piense que discutir consiste en que el

otro le conceda graciosamente y antes de empezar todo lo que pide. "El espíritu de Barajas" ha encontrado

"el método de Rabat". Las buenas intenciones han encontrado, al fin, su fórmula práctica, y esto es lo que,

Guedira y Castiella han abordado cada uno de los dos a cada uno de sus dos países.—Salvador LÓPEZ

DE LA TORRE.

 

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