Autor: A.. 
   El privilegio de ser guineano     
 
 Cuadernos para el Diálogo.     Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL PRIVILEGIO DE SER GUINEANO

Se celebra en estos días en Madrid la Conferencia Constitucional sobre Guinea Ecuatorial, en la que se

discute el futuro político de este territorio. Bienvenida sea. Desde estas páginas, con optimismo,

expresamos nuestro deseo y nuestra esperanza de que la Conferencia llegue a buen término y el pueblo

guineano alcance pronto la independencia dentro del orden y la libertad.

Y conste que nuestro optimismo es absolutamente sincero, pues por las noticias que nos han llegado,

sabemos que la Conferencia Constitucional es plenamente representativa; tan representativa, que, ¡ay!,

nos asalta la duda —terrible duda— de si será verdaderamente «constitucional». Porque en Guinea

Ecuatorial rigen, por ahora, las Leyes Fundamentales de la Nación (en expresión de la «Ley» articulada

sobre Guinea aprobada por Decreto (sic) de 3 de julio de 1964) y resulta que en la Conferencia están

representados —no se asombre el lector— los distintos partidos políticos que según parece existen por

aquellas tierras y a los que con deliciosa y eufemística pirueta terminológica se les llama «grupos

ideológicos».

A la vista de ello, no podemos ocultar, a fuer de sinceros, que sentimos verdaderas ansias de llegar a ser,

algún día, un país colonizado y de lanzar con grito apoteósico un ¡viva el colonialismo!, siempre que nos

toque como administrador algún colonialista comprensivo y bonachón que nos organice muchas con-

ferencias constitucionales en las que, a imagen y semejanza de la Guinea, se dé entrada a los «grupos

ideológicos» y se discuta el futuro político del país. Y eso a pesar de que tenemos la sospecha —aunque

sólo la sospecha— de que para algunos eso de la existencia de «grupos ideológicos» es algo que

constituye un hecho indigno y regresivo propio de un estadio primitivo en la evolución política y

únicamente admisible, por tanto, en colonias y similares.

En fin, reiteramos nuestro optimismo del comienzo y agrega-gamos ahora nuestra calurosa felicitación a

los guineanos por su atraso político que les permite tener «grupos ideológicos» representativos y

reconocidos. Para nosotros es indudablemente una dura carga —hay que aguantar el peso de la Historia—

el estar tan adelantados, pues no es ciertamente cómodo soportar la responsabilidad de encontrarnos en la

vanguardia de la Historia.

A.

 

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