Puntualizaciones sobre el Sahara español     
 
 ABC.    04/06/1970.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

4 DE JUNIO DE 1970. EDICIÓN DE LA MASANA. PAG. 32.

PUNTUALIZACIONES SOBRE EL SAHARA ESPAÑOL

Se ha hecho eco recientemente la Prensa del comunicado argelino-marroquí con que se resumen las

conversaciones celebradas por el presidente Bumedian y el Rey Hassan II en Tremecen. En éste se ha

acordado: la constitución de una Comisión para la delimitación de la frontera argelina-marroquí, la

creación de una sociedad mixta para poner en valor la mina de hierro de Garat Djebilet y, por último, la

"coordinación de las actividades de ambos países para liberar y asegurar la descolonización de los

territorios ocupados por España". Como se ve, uno de estos problemas nos afecta. La referencia que se

hace—pluralizando el concepto—a los "territorios españoles´´ alude concretamente a los de Seguía El

Hamra y Río de Oro, que constituyen el Sahara español. Y a ellos alude la Resolución de las Naciones

Unidas de 10 de diciembre de 1969.

Efectivamente, lo que aquella Resolución—adoptada con la copatrocinación de Ghana, Irak, Pakistán,

Senegal, Siria, Túnez y Yugoslavia—acordó fue, ante todo, "reafirmar el derecho inalienable del pueblo

del Sahara español a la libre determinación de conformidad con la Resolución 1.514 (XV) de la Asamblea

General". Y para ello recomendaba "crear un clima político favorable para que el Referéndum se

desarrolle sobre una base enteramente libre, democrática e imparcial". Se añadía, por último, que "habrán

de tomarse todas las medidas necesarias a fin de asegurar que sólo la población autóctona del territorio

participe en el Referéndum".

Sin embargo, el comunicado de Tremecen ignora a la población saharaui. Pero ella es la esencial

protagonista de ese proceso de autodeterminación que la O. N. U. aconseja. Por su parte, los habitantes

del Sahara español saben que no puede existir libertad política tras la que no haya una fuerte y

permanente apoyatura eco-nómica. Y lo que está haciendo España, desde hace tiempo, es estimular el

auge de esos recursos materiales que pueden ser la garantía estabilizadora del Sahara del futuro. Pero es

que, además, el comunicado se olvida de que la Resolución de las Naciones Unidas considera que

Marruecos y Mauritania han de ser consultados por España. Y, en este caso, Argelia y Marruecos han

ignorado a Mauritania al esquivar injustificadamente a un país limítrofe con los territorios del Sahara

español. Por otra parte, la intangibilidad de las fronteras es el supuesto previo de que ha de partirse en

todo lo que se refiere al porvenir de aquella provincia española.

Para nosotros es incuestionable el principio de que la autodeterminación habrá de realizarse libre de

cualquier clase de intromisiones exteriores, sin perjuicio de aquellas consultas preliminares y del posible

envío de observadores neutrales de la O. N. U. Pero siempre sobre la base de que los únicos interesados

en este problema son los saharauís y España.

Porque una cosa es la autodeterminación y otra el reparto. Ciertamente que España no abandonará a los

ocupantes de aquel territorio a merced de la expansión imperialista de sus convecinos. Jamás caeremos en

semejante error, que, además, equivaldría a una lamentable deserción ante irrenunciables deberes

históricos.

El respeto a los compromisos contraídos es símbolo del grado de civilidad de los pueblos. España ha

demostrado, en más de una ocasión, su fidelidad ante las decisiones de la O. N. U. Nos asombra por eso

ese pacto singular que acaban de suscribir Marruecos y Argelia, a no ser que su propósito se reduzca a

promover la aplicación de la resolución de las Naciones Unidas, en cuya línea se encuentra España. Si no

fuera así, en verdad que no podría decirse que se trata de un "gentlemen agreement". Porque los "acuerdos

entre caballeros", tienen como base y trasfondo la moral y la ley. Y no parece que ésta sea tenida en cuen-

ta en las hipotéticas conjeturas formuladas sobre el Sahara español. Sin embargo, es precisamente con

aquellas armas con las que juega España. Con ellas y con los títulos que se brinda la Historia. En este

sentido es rotunda su firmeza en cuanto a posibles interferencias que afecten a sus territorios españoles en

África.

Nuestra patria cuenta con que un criterio de armonía y equilibrio coordine la política de los pueblos del

Mogreb. Y esto nos importa porque lo que deseamos que impere en el mundo, y más concretamente en

pueblos unidos a nosotros por viejos lazos tradicionales, son fórmulas de convivencia más que

argumentos de fricción.

Apena comprobar que la política exterior de algunos de los países fronterizos con nuestros territorios

saharianos pueda estar condicionada por las presiones de una violenta xenofobia interior. Porque las

pasiones de los nacionalismos mal entendidos son siempre pésimas consejeras para el orden y la paz entre

los pueblos.

 

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