Ante un acto de fuerza     
 
 Ya.    05/04/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

5-IV-73

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Ante un acto de fuerza

The "ABC":

"El apresamiento de un barco español que faenaba fuera de las 12 millas—espacio al que España

reconoce jurisdicción exclusiva y excluyente para los marroquíes—, realizado con el empleo de fuego

real como respuesta a las salvas de advertencia realizadas por un avión español, supone un acto de fuerza

que en todo desdice de las palabras amistosas dirigidas al ministro español de Asuntos Exteriores, durante

la última y urgida visita que efectuó la semana pasada a Rabat. El desenlace del incidente—incruento,

aunque nada se sepa por ahora de la suerte corrida por la tripulación del pesquero apresado—no se ha

traducido en hechos que hubieran dañado de modo serio y largamente irreversible las relaciones

hispano-marroquíes, por la rigurosa prudencia con que han decidido nuestras autoridades y por la

serenidad, meritísima, del piloto del avión español. Pero el incidente—digámoslo—marca una frontera,

una situación límite. No cabe, desde ahí, un solo paso atrás. No es admisible, tampoco, la repetición de un

hecho como el que motiva este comentario.

España expresó en su día su reserva formal respecto al "dahir" ampliatorio de las aguas pesqueras

marroquíes. España reconoce de competencia exclusiva de Marruecos la franja de las 12 millas

inmediatas a la costa del vecino país, fundamentada tal posición en la circunstancia jurídica de que no

existe norma internacional que sancione como legítima la apropiación que el decreto marroquí hace de las

70 millas, y apoyada, además, la reserva española, en el hecho de que es de todo punto inadmisible para la

flota pesquera española que faena en aguas africanas más meridionales que las de Marruecos, el

sometimiento a las prácticas de fiscalización—cuando no de obstrucción—por las fuerzas navales

africanas, que podrían abordarlas cuantas veces quisieran si España se plegara a la pretensión definida en

el "dahir".

El contencioso hispano-marroquí sobre las aguas pesqueras es cosa no resuelta aún. Y la civilizada

convivencia postula que mientras no se defina una norma que valga para deslindar objetivamente, para

precisar de modo jurídico e inequívoco, cuál es la legítima cobertura final para cada uno de los intereses

en conflicto, las cosas discurran por la mutua aceptación de un sistema de renuncias concretas y parciales.

De momento, Rabat, cuyo régimen soporta problemas de orden interno—tan graves como los problemas

externos que parece dispuesto a crear—, no renuncia a nada. Y lo quiere todo la pesca y los peces fósiles;

el vasallaje de las gentes árabes más próximas y más débiles, y trozos de tierra que fueron España muchos

siglos antes de que Marruecos apareciera en la Historia como entidad política; sustanciosos recursos

financieros de procedencia hebrea y la gloria panarabista por enviar a Golán un puñado de sus militares,

que acaso pertenezcan a esa reserva moral y humana de que los pueblos disponen y en la que lo patriótico

se fundamenta en el autorrespeto y la autocrítica y no en la falta a los demás como expediente con que

cubrir problemas que son propios e intransferibles.

A la vista de lo ocurrido ayer a 23 millas de la costa marroquí, parece necesario considerar que cualquiera

que sean los próximos acontecimientos, la posición española deberá estar definida por la consideración

global de nuestros intereses y nuestros derechos; controlando con serenidad, con precisión, el volumen y

modo de las respuestas a las provocaciones surgidas de una política que no parece ser otra que la de

querer sepultar con problemas nuevos, y afuera, un conflicto de adentro."

 

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