Marruecos, sin reciprocidad en la desescalada informativa     
 
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MARRUECOS, SIN RECIPROCIDAD EN LA «ESCALADA INFORMA»

NO hace muchas fechas que Marruecos impedía la entrada al corresponsal en Madrid de «The New York

Times», reteniéndola en el aeropuerto de Rabal y reexpidiéndolo hacia España vía París. Para «The New

York Times» y la opinión pública estadounidense el conflicto pesquero hispano-marroquí tiene una

importancia muy marginal, y la verdadera causa de aquella denegación de entrada en el país se debía a las

informaciones del corresponsal neoyorquino sobre las guerrillas del Atlas. En este sentido parece tener

todo fundamento la suposición que hoy se hace nuestro colega «Ya» de que la expulsión de su

corresponsal en Rabat, Gómez-Salomé, se debe a sus correctas informaciones sobre la guerrilla del

interior.

La expulsión del corresponsal de «Ya» es ciertamente una medida impolítica. La Prensa puede hacer

mucho bien y mucho mal en el entendimiento entre dos pueblos Y el Gobierno marroquí no puede dejar

de saber todo lo que los periodistas españoles —y el señor Gómez-Salomé en particular— han hecho por

el acercamiento y conocimiento entre los dos pueblos. Cierto que en las últimas semanas se han

«calentado» los tonos de la Prensa de los dos países a cuenta del rosario de incidentes pesqueros. Pero la

Prensa española, tras los encuentros de los respectivos ministros del Exterior de España y Marruecos, ha

rebajado voluntariamente sus tonos críticos abriendo un compás de espera de moderación y prudencia. No

puede decirse otro tanto de la Prensa marroquí. La virulencia de su lenguaje nacionalista, las caricaturas

que publica, sus reivindicaciones sobre España, que van mas allá de las del propio Gobierno marroquí,

deformación sobre los incidentes pesqueros (llegó a insinuar que el hidroavión español que intentó

proteger al pesquero «Besugo» había causado víctimas en una patrullera marroquí), no tienen parangón

alguno en los periódicos españoles.

Conscientes de que una correcta y veraz información es uno de los factores que precisa el entendimiento

hispano-marroquí, no podemos menos que unir nuestra más enérgica protesta a la de toda la profesión

periodística española por la arbitraria medida tomada contra nuestro compañero Gómez-Salomé y nuestro

colega el diario «Ya».

Ahora bien, el incidente escapa, mal que nos pese, a nuestro círculo profesional y trasciende al ámbito

diplomático. Prácticamente nuestro embajador en Rabal no ha tenido tiempo —la expulsión del

corresponsal de «Ya» fue fulminante— de mediar ante las autoridades marroquíes. La desescalada en las

opiniones por parte de la Prensa española ha sido una realidad; desde estas páginas hemos hecho

reconocimiento de muchos de los derechos que asisten a Marruecos; pero la comprensión tiene un límite

que roza con la falta de reciprocidad del interlocutor. Insistimos en que el comportamiento de la Prensa

marroquí —incluso cuando el ministro Benhima se encontraba manteniendo conversaciones en Madrid—

implica una auténtica «escalada de los ánimos». En pocos diarios de Europa occidental encontrará el

régimen marroquí menos animosidad que en los españoles. Y sin embargo, toda la acumulación de buena

voluntad de que está haciendo gala España hacia Marruecos no parece encontrar otra respuesta que una

provocación de incidentes sin solución de continuidad.

No se expulsa a un corresponsal por una crónica publicada cincuenta y cinco días antes, y cuya veracidad

ha sido plenamente confirmada. Y menos se le pone en la frontera por la línea editorial de su diario, de la

que no es responsable. Línea editorial que, por otra parte, nunca ha sido ofensiva para Marruecos Para

terminar, no nos queda otro remedio que contabilizar la expulsión del corresponsal de «Ya» en la larga

lista de incidencias que está empezando a evidenciar una clara falta de «animus negociandi» en Rabat

para dirimir sus diferencias con España.

 

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