Puntualizaciones de monseñor Cirarda sobre la oración musulmana en la catedral de Córdoba     
 
 ABC.    13/09/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

13 DE SEPTIEMBRE DE 1974.

PUNTUALIZACIONES DE MONSEÑOR CIRARDA SOBRE LA ORACIÓN MUSULMANA EN LA

CATEDRAL DE CÓRDOBA

Córdoba 12. En determinados sectores de esta ciudad se han producido algunas opiniones que no se

muestran de acuerdo con que el obispo de Córdoba, monseñor Cirarda, haya autorizado la celebración de

la «salat» (u oración musulmana de los viernes) en la catedral-mezquita de Córdoba, con motivo del I

Congreso Islamo-Cristiano que se celebra actualmente.

Por otra parte, el anuncio de este acto, que tendrá lugar mañana viernes a mediodía, ha despertado gran

interés y curiosidad en Córdoba y con toda seguridad se disponían a acudir al mismo numerosas personas.

Pero, según las últimas impresiones que han podido recogerse, la «salat» únicamente ha sido autorizada

para que sea un acto recogido, sólo para los musulmanes que asisten al Congreso.

Sobre este tema, el obispo de Córdoba hace hoy unas declaraciones al diario «Córdoba», en las que, entre

otras cosas, dice:

«El tema puede ser desenfocado. Vayamos por partes y empecemos con un poco de historia. Los

musulmanes que viven hoy en Francia pasan del millón y medio y rondan, asimismo, el millón los que

hay en Alemania. También en España, entre estudiantes y trabajadores, son muy numerosos los residentes

musulmanes, aunque estemos lejos de tales cifras.»

«Los obispos de dichas naciones —sigue diciendo monseñor Cirarda— se encontraron así con un

problema grave. No era posible dejar sin lugar para su culto a tantos creyentes en el Dios verdadero,

faltos de mezquitas para sus reuniones. Y, de acuerdo con la Santa Sede, vienen prestando a los

musulmanes lugares para la «salat», allí donde no tienen mezquita. La caridad obliga a hacerlo, por una

parte, y de otra es claro que el culto islámico supone la adoración al Dios verdadero y todopoderoso,

aunque esté falto de la dulzura filial que caracteriza a nuestra fe en Cristo.»

«Confieso —agrega el prelado— que me alegro grandemente que los musulmanes manifestasen el deseo

de celebrar su oración del viernes durante su estancia en Córdoba. El deseo de sus fieles a sus

obligaciones religiosas merece todo encomio. Pero me sorprendió que me anunciaran, más allá de

cualquier pensamiento mío, que les autorizara para tener su culto en algún lugar de su antigua e inmensa

mezquita, en cuya parte central levantaron los cristianos nuestro templo catedral. Ninguna duda hubiera

tenido para cederles para su culto una sala cualquiera, propiedad de la Iglesia, pero dudé sobre las

implicaciones de su petición concreta. Hice las consultas convenientes y al fin autoricé lo que se me pedía

apremiantemente, con la condición de que sea un acto recogido sólo para los musulmanes asistentes al

Congreso y en un lugar acotado donde sus mayores en el Islam oraron durante siglos.»

 

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