Octavillas comunistas en Madrid     
 
   01/06/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OCTAVILLAS COMUNISTAS EN MADRID

Las calles —muchas calles— y los buzones —demasiados buzones— de Madrid han sufrido, en estos

últimos días, el asalto continuado de un buen número de octavillas incitando a «la huelga» y a «la lucha».

Sus excusas o motivaciones son las de siempre, actualizadas conforme al momento presente. A la

«represión», la «dictadura» y demás letanías habituales se han unido las de la carestía y el bloqueo

salarial y hasta la exageración del desempleo.

La demagogia con que se producen los textos subversivos no ha variado respecto a la utilizada en años

anteriores. Pero resulta expresivo que quienes firman esos textos panfletarios hayan arrojado, de una vez

por todas, su careta. Ya no sirven ni la llamada Junta Democrática ni las no menos ilegales Comisiones

Obreras. La cuna que alberga todos los intentos de terrorismo ideológico y laboral que procuran

convulsionar al país, agudizando los problemas reales y dificultando sus soluciones, atentando contra la

paz que, mayoritariamente, disfruta España, ha dejado a un lado coartadas y nombres con olor

«democrático».

Es el denominado partido comunista español quien asume la triste y mendaz convocatoria al desorden.

Quien firma en última instancia las pobres muestras de literatura subversiva, que sólo han contribuido a la

intranquilidad de los madrileños, temerosos de que, efectivamente, puedan llegar a producirse

cualesquiera muestras de desorden público. El partido comunista quien procura el advenimiento de un

caos como único camino para el establecimiento de su dictadura, de sus sistemas amordazantes, de su

totalitarismo en el que no cabe la más mínima objeción ni cualquier acceso a la vía democrática.

Utilizando arteramente los cauces de lo establecido —se habla de un hipotético aumento del salario

mínimo, de astronómicos seguros de desempleo—, los comunistas no aspiran sino a demoler el edificio

social español, a cuartear nuestra unidad, nuestro lícito afán de desarrollo, nuestro futuro.

No caben, no pueden caber engaños. El desafío es concluyente, y concluyente ha de ser —porque así lo

esperamos todos— la respuesta de quienes tienen a su cargo —porque la sociedad así se lo ha

encomendado— nuestra seguridad, el orden del que disfrutamos y por el que nos regimos.

 

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