Autor: Fuente y de la Fuente, Licinio de la. 
   La herencia     
 
 Arriba.    02/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LA HERENCIA

Se presenta la Herencia del Régimen como una mala herencia en la que no cuentan los datos positivos del

balance, sino sólo lo que pueda haber de negativo o lo que pueda presentarse como tal. Algún día se

esclarecerán las cosas, para que cada cual cargue con sus propias culpas, y se deslinde lo que en la

situación actual pueda ser imputable a la herencia y lo que corresponda a una mala administración de la

herencia. Y en esto no hay una acusación especial para nadie, porque todos somos responsables de esa

administración.

España era un país en guerra en 1 de octubre en 1936 y llegó a ser un país semidestruido en 1939. Los

años cuarenta fueron dramáticos: en lucha contra la miseria que dejó la guerra, el acoso de quienes

querían implicarnos en otra mayor (salvado limpiamente por Francisco Franco) y la ingratitud y el

egoísmo de quienes, más tarde, quisieron rendirnos por hambre. Y era el pueblo español el sitiado por las

presiones de fuera, aunque no pareciera importarles mucho a ciertos españoles que la estimulaban. Pero el

pueblo español se creció en su propia dignidad y, con Franco al frente, trabajó duro y poco a poco fue

rehaciendo su patrimonio moral y material. Y se sintió seguro, libre y en paz. Y emprendió un proceso de

industrialización que otros pueblos habían realizado un siglo antes. Y creció su potencial económico. Y su

nivel cultural. Y su bienestar social. Y cambió la imagen misma de España.

Porque no sólo fue importante el progreso económico. Lo fueron también los avances sociales, el

incremento de bienestar y seguridad para los sectores más necesitados de nuestro pueblo. Una de las

mayores injusticias que se comete con el Régimen es silenciar o desprestigiar esos avances sociales,

presentando el «franquismo» como sinónimo de «ultraderecha capitalista» para enfrentarlo así con el

pueblo. Y en ello no hay sólo injusticia; hay mucho de habilidad política para descalificar a muchos

hombres. Pero el pueblo sabe muy bien cómo cambió su situación en estos cuarenta años, y yo tengo la

obligación de decir, como testigo de excepción, el calor con que siempre acogió Franco las propuestas

sociales y la ilusión con que las alentaba.

No fue tan mala herencia la que dejó el Régimen de Franco. Mala herencia fue la que se encontró: una

herencia de divisiones, de odios, de ruina y de sangre; una herencia en la que habían puesto sus pecadoras

manos algunos de los «redentores» de hoy. A la muerte de Franco, la imagen de España era otra: mejor,

más fuerte y más limpia, y otro el talante de nuestro pueblo.

Gracias a la calidad de la herencia, España superó en forma admirable la Sucesión. Y ha aguantado y

sigue aguantando los embates y los enfrentamientos entre quienes quieren cambiarlo todo y quienes no

querrían tocar nada, y la difícil situación económica, originada en parte por la crisis mundial y en parte

acrecentada por nuestra insolidaridad para resolverla; una crisis en la que la incertidumbre política, la

creciente conflictividad socio-laboral, tantas veces aumentada por partidismos políticos que se

sobreponen al interés general, y la crisis de autoridad a todos los niveles está jugando un papel decisivo.

Los tirones absurdos de la desintegración separatista, la confusión de los grupos y grupitos políticos... y

tantas y tantas dificultades están siendo contrapesadas por el buen sentido de este pueblo que salió del

Régimen de Franco con un deseo de paz, de concordia, de progreso y de entendimiento, que es un

patrimonio de valor incalculable para el futuro, que testamos a punto de malbaratar.

No fue tan mala la herencia, no.

Lo que ocurre es que no hay herencia que resista si los herederos se empeñan en destruir lo construido, en

menospreciar los bienes que la integran, en trastocar, a veces por el simple afán de cambio, la

administración de los negocios, en disputarse cada parcela del patrimonio familiar con uñas y dientes,

entre intransigencias e insolidaridades. Así no hay herencia que resista.

Lo prudente, cuando se recibe una herencia, es acrecentarla y mejorarla, aprovechar lo bueno y

perfeccionar lo que haga falta, no destruirlo todo para empezar de nuevo.

Vamos a dejarnos de hablar de «problemas heredados», de «situación heredada», de «dificultades

heredadas», y vamos a hacer lo posible por no crear nuevos problemas y nuevas dificultades, por no

agravar la situación. Vamos a sentirnos todos herederos de este patrimonio común que es España y que

entre todos hemos hecho con tanto esfuerzo. Por lealtad al pasado y por lealtad al futuro, que ambas cosas

son compatibles y necesarias para la vida de un pueblo. Por lealtad a Franco, por lealtad al Rey y, sobre

todo, por lealtad a España.

En esta hora crucial de nuestra Patria vamos a no reabrir las viejas heridas y a evitar a toda costa que se

abran otras nuevas que sigan dividiendo a los españoles de generación en generación. Han quedado atrás

cuarenta años de la Historia de España y el balance de esos cuarenta años, con sus errores y sus aciertos,

es netamente positivo para nuestro pueblo. No lo convirtamos en motivo de división y de discordia, como

tampoco debemos levantarlo como impedimento de lo que convenga hacer en esta hora. No perdamos

energías, ilusiones y esperanzas mirando atrás para discutir lo que fue y lo que pudo ser. Unamos todos

nuestros esfuerzos mirando hacia delante, para hacer los próximos cuarenta años, y que Dios nos ayude a

que sean efectivamente mejores que los pasados.

Licinio DE LA FUENTE

 

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