Autor: Barra, Alfonso. 
 ABC en Londres. 
 Republicanesimo ateo y calumnias contra la Iglesia en un articulo sobre España  :   
 Original y pintoresca encuesta de The Economist entrte los demócratas de Toulouse. 
 ABC.    01/03/1961.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MIÉRCOLES 1 DE MARZO DE 1961. EDICIÓN DE LA MAÑANA, PAG. 38

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REPUBLICANISMO ATEO Y CALUMNIAS CONTRA LA IGLESIA, EN UN ARTICULO SOBRE

ESPAÑA

Original y pintoresca encuesta de "The Economist" entre los "demócratas" de Toulouse

Londres 28. (Crónica de nuestro corresponsal, por teléfono.) El semanario "The Economist" habilita

amplio espacio para enhebrar una serie de adjetivos elogiosos sobre las andanzas de Gaívao. Ahora que el

episodio pertenece al pasado, la publicación pretende seguir explotándolo y vuelve a otorgar hospitalidad

en sus páginas a sombríos relatos acerca de los españoles que viven fuera de la Patria. Al parecer, aquella

erupción de piratería debe de dar savia política a esos grupos. El trabajo tiene chispazos de crónica negra

y de estudio de astrología, por las cabalas que hace. Como es ya norma habitual, va refrendado por la

frase "from a special correspondent", especie de seudónimo que cubre bajo el velo del anonimato los

modernos artificios periodísticos.

El cronista especial hace indagaciones por Toulouse, "chef lieu" espiritual de la democracia española. El

primer punto abordado es la Monarquía. Sus informantes contestan con desparpajo: "El asunto no tiene

importancia. Una restauración temporal puede ser útil como medida transitoria, que duraría muy poco

tiempo. Lo esencial es restaurar las instituciones anteriores a 1936 y revivir la confianza de tos españoles

en quienes las patrocinan." Como se ve, la sentencia es lo bastante definitiva para meter de lleno al lector

por los vericuetos del republicanismo.

Respirando a pleno pulmón brisas republicanas, "The Economist" pasa revista a las filas que abogan por

esa forma de gobierno para España. Habla de sus publicaciones por el extranjero y las califica de "bien

escritas y editadas". Recuerda que el partido socialista y la U. G. T. mantienen oficinas en Toulouse en

una calle llena de sabor tradicional y turístico. Los anarco-sindicalistas han instalado su cuartel general

por otros barrios, y según el autor disfrutan de superior número de afiliados que los anteriores grupos,

aunque éstos se beneficien de mayor apoyo internacional. En el recuento de fuerzas cita incluso a

protestantes, que si bien "son escasos, tienen, en cambio, destacada importancia moral".

Sin pasar del aspecto espiritual, el articulista hace una interesante aclaración que atribuye a un imaginario

sacerdote en misión de apostolado entre aquellos emigrados. Escribe: "Los españoles jóvenes de Toulouse

han sido educados sin religión, y la mayoría odia a la Iglesia. Pero, ¡qué felicidad poder decir: ésta es la

España del mañana!"

Así, pues, tras la nota del republicanismo viene el ateísmo. Al describir los dos ingredientes, el autor da

muestras de ser soplado por las musas. El artículo entonces rebosa entusiasmo y lirismo. La inspiración es

tan rica que recoge vanadas calumnias contra los ministros del Señor y contra las monjas. De esta manera

sale a relucir la otra nota que distingue a esos republicanos y ateos: la del anticlericalismo.

A la vista de lo que va escribiendo "The Economist" queda claro que esos grupos mantienen vigentes las

ideas sectarias que se llevaban al extranjero cuando pasaron la frontera. La única novedad parece estar en

los intentos de engañar a católicos con promesas de "fraternal colaboración". Dice el artículo: "A pesar de

todo, hay simpatías entre los republicanos hacia los católicos que estén preparados a respaldar un frente

democrático repudiando el fanatismo."

La conclusión del corresponsal es que los comunistas, con emisoras de radio en territorio soviético y

dirigidos por la U. R. S. S., son los más poderosos y activos. Cita el proyecto de una organización

internacional para sufragar una emisora que divulgue consignas "democráticas", pero el autor se duele de

que no hay ningún país dispuesto a conceder permisos para instalarla en su territorio.

"The Economist", que tan inteligentemente defiende en sus páginas los Intereses de las grandes empresas

mundiales, receta para nuestro país las mismas fórmulas que pregonan las estaciones de radio situadas

tras el telón de acero. Llega incluso a lamentarse de que España cuente con un Ejército disciplinado y

bien dotado. "The Economist" pretende que los grupos que merodean por Toulouse vuelvan con sus

teorías a nuestro país. Lo pintoresco para la sesuda revista, especializada en economía, es que un puñado

de expatriados cuenta más representativamente que treinta millones de españoles. En matemáticas anda

bastante verde el semanario. En el aspecto político anda verde y contumaz.—Alfonso BARRA.

 

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