Por unos Sindicatos Obreros     
 
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Por unos Sindicatos Obreros

La discusión en el actual proyecto de Ley Sindical en la prensa y en

todo el país está poniendo al descubierto, ante los trabajadores y

ante todo el pueblo, la pugna que se desarrolla entre los ultras del

Opus y los ultras del Movimiento por el control futuro de la

Organización Sindical a la que quieren utilizar como palanca para

adueñarse totalmente del Peder.

La lucha en torno al proyecto de ley Sindical es un aspecto de la

lucha entre esos dos grupos de hambreadores y opresores del pueblo

por apoderarse del Poder antes de que Franco desaparezca

definitivamente de la escena política.

El punto neurálgico es el artículo 30. Si queda tal como está en el

proyecto es decir tal como lo han impuesto en el Gobierno los ultras

del Opus el control de la Organización Sindical podría pasar a manos

de estos, que lo utilizarían como baza para adueñar se por completo

del poder. Por eso Solís mueve sus peones pidiendo que el artículo 30

sea modificado en el sentido que ellos acordaron en Tarragona.

Para los trabajadores está clara una cosa: NI UNOS NI OTROS, NI SOLÍS

NI LOS DEL OPUS, NI EL GOBIERNO, SERVIDORES TODOS ELLOS DE LA

OLIGARQUÍA, PUEDEN DIRIGIR LOS SINDICATOS. Porque unos y otros son

iguales. Son los de Matesa y Vilda, los de los Angeles de San Rafael y

la Caja Popular de Cataluña, los del salario mínimo de 102 pts. y la

evasión de capitales al extranjero por miles de millones de pesetas,

en la que todos han participado y participan. Porque todos ellos lo i

que persiguen es que los sindicatos verticales sirvan en el futuro,

como han servido hasta ahora, para engañar y maniatar a los

trabajadores, en lugar de ser un instrumento para que éstos puedan

defender sus intereses frente a los explotadores.

Solamente los trabajadores, SIN NINGUNA INJERENCIA EXTRAÑA, tienen

derecho a dirigir sus propios sindicatos. Por eso, las Comisiones

Obreras han expuesto los puntos principales que deba recoger la Ley

Sindical para que sea admitida por ellos. Con esos puntos coinciden

plenamente el informe de la O.I.T. y, en gran parte, el documento de

la jerarquía eclesiástica sobre la Ley Sindical, de verano del 68. En

otro lugar de este número de HORA DE MADRID figuran y por eso no los

repetimos aquí.

Pero debe quedar claro también que los trabajadores sólo podrán

imponer esos puntos a través de una movilización combativa de todas

sus fuerzas, que son inmensas potencialmente. Es preciso realizar

audazmente, con iniciativa una lucha de grandes proporciones contra la

Ley Sindical de Solís y de los ultras opusdoistas, por unos sindicatos

obreros independientes y democráticos. Una lucha abierta, pública,

masiva, huyendo de la clandestinidad, ligándola en cada lugar de

trabajo a las reivindicaciones económicas y de todo tipo de los

trabajadores, y utilizando todas las formas: desde la celebración de

asambleas y reuniones, recogida de miles de firmas hasta plantes y

huelgas donde sea posible.

Los trabajadores sindicatos obreros unidos, independientes, dirigidos

por ellos, para defender sus intereses económicos frente a la

voracidad insaciable de las empresas; para conseguir su libertad, que

se les trate como a seres humanos dignos y poder participar en la

dirección do la economía y de la vida política del país. Y para

liberarse definitivamente de la explotación capitalista construyendo

el socialismo. La lucha para conseguir esos sindicatos contribuirá a

crear las condiciones que hagan posibles la huelga general y la huelga

nacional, que nos permitirán reconquistar las libertades: democráticas

y abrir el camino hacia el socialismo a través de la democracia social

y económica.

 

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