Los trabajadores, a la ofensiva por sus reivindicaciones y por la libertad     
 
 Mundo Obrero.    22/09/1969.  Página: 1,4. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

Los trabajadores, a la ofensiva por sus reivindicaciones y por la libertad

LA indignación del país ante ese escandaloso robo del erario público, cometido con el visto

bueno del Gobierno en beneficio de una empresa de la oligarquía, no sólo no se apacigua, sino

que se aviva al irse conociendo detalles, aunque los que se publican soslayen la culpabilidad

del responsable máximo: el Gobierno y el régimen.

Hace una veintena de días se decía en Madrid, y así lo comunicaron a sus periódicos varios

corresponsales extranjeros, que entre los elementos gubernamentales del OPUS, tan

comprometidos algunos de ellos en la estafa Matesa, y los falangistas de 4a Secretaría, se

había llegado a un arreglito. Estos últimos cesarían de agitar el asunto a cambio de que los

otros les dieran luz verde para sacar adelante su ley sindical.

El chalaneo tiene visos de ser verdad, pues entre chalanes del régimen y de la oligarquía anda

el juego. Pero en todo caso, unos y otros subestimaban el impacto producido en el país —de

«reacción violenta de la opinión pública» lo califican algunos periódicos— ante escándalo tan

gordo, que es un símbolo, entre tantos, de este régimen sin control ni honestidad y de la

oligarquía voraz a quien sirve. «Ante estos hechos —escribe Villar Arregui— nada sorprende el

clamor levantado en el país pidiendo depuración de responsabilidades».

Las declaraciones del ministro de Hacienda —«declaraciones personales», las llama ABC con

malicia, aludiendo al largo y embarazado silencio del Gobierno— ni han aclarado nada ni han

convencido a nadie. Son unas declaraciones ostensiblemente defensivas, con las cuales el

ministro intenta exculparse y exculpar al Gobierno y contener ese clamor nacional con

interesadas exhortaciones «a la serenidad y a la ponderación».

¿Qué confianza puede tener nadie en que indague, de verdad, responsabilidades uno de los

responsables principales de la gran estafa, y que, cuando promete, de dientes afuera, que «ni

una sola responsabilidad quedará impune» añade beatíficamente: «si la hubiere», como si tal

cosa ofreciera duda?

En cualquier otro régimen, medianamente liberal, a estas horas estarían en la cárcel, con Vila

Reyes, los ministros de Hacienda y Comercio y habría sido destituido todo el Gobierno

corresponsable. Pero bajo el franquismo, las cosas suceden de muy diferente manera. Son,

precisamente, les ministros de Hacienda y Comercio los que nombran esa fantasmagórica

comisión investigadora que encabeza un personaje tan inoperante como es el presidente del

Tribunal de Cuentas del Reino —¡buenas están tales cuentas!— y que, depende de ellos. Y

cuando al mes y pico de haber estallado el escándalo, el Gobierno abre por fin la boca —la de

Fraga Iribarne— es para no decir nada, para contar a los españoles que ha escuchado un

informe de esos mismos dos ministros, que «espera con interrés el resultado de esas

investigaciones» y que «es posible que se nombre un juez especial».

Diversas voces piden que el asunto va

(Pasa a la página 4)

Los trabajadores, a la ofensiva...

(Viene de la primera página.)

ya a las Cortes para que estas —dice YA con más demagogia que otra cosa— «se ocupen de

fiscalizarlo y sancionarlo». Cuanto contribuya a airear estas vergüenzas del régimen fomenta

su descrédito. A esto se reduciría la efectividad de tal discusión, pues en cuanto a las

sanciones... El Gobierno es el máximo responsable del despojo, pero, según las tituladas Leyes

Fundamentales, las Cortes no están capacitadas para exigir responsabilidad política al

Gobierno.

ENTONCES, ¿qué? Entonces nada. Si la depuración de responsabilidades se dejara en manos

del Gobierno y de sus Cortes domésticas, aquéllas no alcanzarían, ni por asomo, a los

principales culpables. Los trabajadores, los españoles lo saben y no abrigan la menor ilusión de

que este Gobierno de ladrones se haga justicia a sí mismo. ¡HAY QUE APLICÁRSELA! Y SON

LOS ESPAÑOLES LOS QUE HAN DE HACERLO. Acrecentando su clamor en exigencia de

que se establezcan y sancionen las responsabilidades verdaderas, ¡por arriba, por arriba!

Arreciando en su lucha contra este Gobierno y este régimen despótico y corrupto. En primer

lugar, la clase obrera que es la que con su trabajo, con la explotación a que se la somete, crea

esos millones que el régimen regala a la oligarquía y cuantiosas riquezas, de las que se

apropian, dejándola unas migajas, el gran capital monopolista, todas las Matesas de España y

sus cómplices de la Administración.

Para definir al régimen actual bastaría es te contraste: mientras que a la insolvente Matesa se

le proporcionan créditos oficiales por más de diez mil millones de pesetas en España faltan

Universidades y millares de escuelas y centros técnicos, las asignaciones para el campo son

raquíticas y los salarios de obreros y empleados permanecen sujetos a un rígido bloqueo, que

sólo se rompe allí donde los trabajadores luchan encarnizadamente, y que, en la mayoría de

los casos, están muy por bajo de las necesidades mínimas.

CON razón el escándalo Matesa está produciendo entre obreros y empleados una indignación

particularmente intensa y una agudización de sus reclamaciones reivindicativas.

Por ese camino hay que avanzar resueltamente. Los trabajadores han de responder a esta

nueva iniquidad con espíritu de ofensiva. Es la hora de gritar, con renovada fuerza, en las

fábricas, en los diversos ramos, que es absolutamente mentira que los aumentos que los

obreros exigen no sean posibles, que no los pueda soportar una economía a la que se le hacen

soportar desfalcos como el de la Matesa. Es la hora de imponer esos aumentos por todos los

medios: reclamaciones enérgicas, plantes, huelgas, manifestaciones. Y de arreciar en la lucha

por la libertad sindical, por las libertades democráticas, cuya carencia es la que hace posible la

exacerbada explotación que hoy sufren los trabajadores y esta repugnante corrupción oficial de

dimensiones sin precedentes en España.

El ambiente es propicio a esta ofensiva de los trabajadores. El escándalo Matesa ha

aumentado, si esto era posible, el desprestigio del franquismo, ha servido de ocasión para que

se sacaran a la vía pública, con mayor acritud que nunca, los enfrentamientos entre las fuerzas

del régimen, ha avivado en los españoles de la más diversa condición la impaciencia por

liberarse de él. Pues efectivamente, sólo así, sólo en un sistema de democracia, de control de

la opinión pública sobre el Gobierno y las instituciones, podrá edificarse en España una vida

oficial más limpia y evitarse hechos tan vergonzosos y tan ruinosos para la economía nacional

como el de la Matesa.

 

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