La ley de represión sindical     
 
 Mundo Obrero.    22/11/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Crónica obrera

La ley de represión sindical

En efecto, no se conoce aún el texto del anteproyecto de Ley Sindical aprobado en el Consejo de

Ministros de San Sebastián, protegido por el secreto oficial —como si se tratara de una enfermedad

venérea—; pero sí se conocen las turbias circunstancias en que Solís Ruiz ha conseguido su aprobación

ministerial. Y se conoce, sobre todo, la intención de los jerarcas del Movimiento, de la burocracia

vertical-fascista, de prorrogar el secuestro de las libertades sindicales en España para poder seguir

vendiendo sus servicios de policía paralela antio-brera a la oligarquía financiera.

Se conoce que la línea del anteproyecto de Ley Sindical responde a los planteamientos del Congreso

verticalista de Tarragona: mantenimiento de las estructuras jerarquizadas, de los llamados «mandos»

designados por el gobierno y el Movimiento; mantenimiento de la amalgama patronos-obreros-técnicos

en unas estructuras puestas, en definitiva, al servicio del gobierno y de los empresarios; secuestro del

derecho de los trabajadores a crear sus propias organizaciones sindicales, a fijar sus programas y

plataformas reivindicativas y de acción, a elegir libremente sus dirigentes de abajo a arriba.

Con lo que se conoce basta para reafirmar que la clase obrera, y las fuerzas democráticas que la apoyan,

rechazarán la Ley de represión sindical. Una cosa es llegar a un compromiso con los ministros

directamente representativos de la oligarquía (OPUS DEI), otra, imposible hoy, hacer tragar esa Ley a los

trabajadores, tan ajena a la realidad española de nuestros días es la intención de Solís Ruiz que ni el

«secretario oficial» sirve a las gentes del Movimiento para proteger al anteproyecto de la crítica de

sectores tan poco inclinados a la «contestación» como los representados por el diario YA. Así, a escasos

días del compromiso de San Sebastián, el portavoz de Editorial Católica S.A. ha subrayado en diversos

editoriales, y en polémica con PUEBLO, la incompatibilidad de los lineamientos conocidos y supuestos

de la Ley Sindical con los planteamientos hechos por el episcopado español en su texto sobre

sindicalismo de julio de 1968 sobre la representatividad e independencia de los sindicatos, aunque una y

otra apareciesen en ella sometidas a condicionamientos.

Por supuesto que ni nosotros esperamos que la «contestación» del diario YA vaya muy lejos,

(acostumbrados nos tiene a otras «contestaciones» —Ley Orgánica del Estado, Ley Orgánica del

Movimiento— esfumadas en un inquebrantable oportunismo conformista), ni hemos esperado a que el

Episcopado «descubriera» la normativa sindical-fascista del régimen para luchar por las libertades

sindicales, para participar en la organización independiente del nuevo movimiento obrero. Llamamos la

atención sobre la divergencia Iglesia-Movimiento y la polémica YAPUEBLO en la cuestión sindical por

lo que significan como fases de la descomposición del régimen. Y porque apoyándose legítimamente en

esas divergencias, los trabajadores pueden ver facilitada, en ciertos aspectos, su propia lucha contra el

intento impositivo de la Ley Sindical.

«No es competencia del Poder estructurar la vida asociativa de la clase trabajadora con una Ley Sindical»,

se decía ya en el documento que las Comisiones Obreras aprobaron cuando de dicha Ley comenzó a

hablarse. «Los trabajadores tenemos la capacidad suficiente y el derecho inalienable de crear nuestras

organizaciones y darles las estructuras que vengan más de acuerdo con nuestros intereses de clase», se

añadía en ese documento que ha sido difundido por miles y miles de ejemplares en los medios obreros y

que, nos parece, recobra actualidad en este momento.

Al Poder, en efecto, y menos aún a un Poder fascista, no pueden reconocerle los trabajadores el derecho a

dictarles las normas de organización sindical. Esta ha sido siempre resultado de la lucha de clases. Los

trabajadores se agrupan en sindicatos para defender sus intereses económicos y sociales, intereses de clase

en pugna con los de la clase explotadora y su poder político. De la lucha de clases, en este período

histórico español, han nacido las Comisiones Obreras. Del fortalecimiento y extensión del movimiento de

Comisiones, de la acción por las reivindicaciones económicas y las libertades democráticas saldrá la única

Ley Sindical admisible; aquella que reconozca el derecho de los trabajadores a crear sus sindicatos de

clase, independientes y cuyos cargos sean elegidos por los trabajadores en todos los escalones.

 

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