Autor: Borasteros, Carlos. 
   Los argumentos de Santiago Carrillo     
 
 El País.    30/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

EL PAÍS, sábado 30 de septiembre de 1978

OPINIÓN

Los argumentos de Santiago Carrillo

CARLOS BORASTEROS

Ex secretario de la comisión de sanidad del Comité Central del PCE

Santiago Carrillo, secretario general del PCE, ha publicado recientemente dos artículos en el

órgano de expresión del Comité Central, Mundo Obrero, sobre las posibilidades políticas en la

post Constitución. La primera impresión en su lectura es la de un trabajo rudo, poco pulido, en

el que la astucia prima sobre la reflexión y el tacticismo sobre un proyecto político a medio y

largo plazo.

Las posibilidades una vez, aprobada la Constitución que Santiago Carrillo baraja se reducen a

combinaciones aritméticas de los diversos grupos parlamentarios en busca de un posible

Gobierno. Como ninguna de ellas le satisface, concluye con la idea de la suma de

independientes a un Gabinete UCD.

Ocurre que a pesar de ese juego de combinaciones numéricas, existe un discurrir de la realidad

política y social, un cambio constante en la situación, un estado de ánimo de los ciudadanos,

las opciones y los planteamientos de otras fuerzas que no son el PCE, etcétera. No es mucho

lo que Santiago Carrillo dice a este respecto, pero sí lo que no dice o deja leer entre líneas.

El acceso de independientes a un Gabinete postconstitucional, una vez desechada la utópica

idea de un Gobierno de concentración, en una situación en que ya están normalizadas las

reglas del juego político con la Constitución, significa que se dice que no a la disolución de las

Cámaras y a la celebración de elecciones generales tras las municipales. En el caso de las

elecciones generales, existen unos resultados que determinan quién forma Gobierno y la

fórmula de independientes no ha lugar.

El PCE afirmó las características constituyentes de estas Cortes y la por tanto lógica e

ineludible necesidad de su disolución tras la aprobación de la Constitución. ¿Por qué su

ambigua posición de hoy?

Siguiendo con el razonamiento de Santiago Carrillo no es posible eludir la pregunta. ¿Si no hay

elecciones generales y la legislatura se prolonga, por qué los independientes? ¿Si el equilibrio

y las necesidades siguen siendo las mismas como hasta ahora, por qué no UCD sola?

Pienso que el silencio de Santiago Carrillo se debe sencillamente a que piensa que a UCD le

va a ser muy difícil, si no imposible, gobernar después de la Constitución. Algunos

independientes bien elegidos podrían aportar a UCD cierto respiro, sumándole algún sector

social. No dice Carrillo con qué criterios los independientes en quien está pensando. ¿En la

CEOE, en la banca, en nuevos ministros militares? Ahora bien, si se desprende la dificultad de

UCD de gobernar será porque la relación de fuerzas después de la Constitución cambie y lo

haga en sentido negativo para ella.

En las elecciones municipales es previsible un fuerte avance socialista, también un avance

comunista. Posteriormente el desarrollo de las autonomías, inexcusable con la Constitución

aprobada, supondrá transferencias de funciones. En lo que se refiere a las principales

nacionalidades y regiones del Estado (Cataluña, País Vasco, Andalucía...) la presencia

socialista en los órganos de autogobierno es superior a la de UCD. Con ayuntamientos y

órganos de autonomía con una fuerte implantación socialista y en algunos casos comunista y

con un PSOE en la oposición a UCD, empeñarse en apoyar a esta última y diferir las

elecciones generales sí que merece el calificativo de intento desestabilizador.

En otras palabras, si es previsible un avance importante en municipios (elecciones) y

Gobiernos autonómicos (desarrollo de la Constitución), ¿cuál es la razón de negarse a

plasmarlo y consolidarlo en un avance popular en el Parlamento y en un posible cambio de

Gobierno? Se argumenta que hay que consolidar la democracia, que un Gobierno que no tenga

como eje a UCD no es posible y que sin ella no es viable un programa de saneamiento

económico para el país. Estamos de acuerdo en que ese pacto no es posible sin UCD lo que ya

no está tan claro es que necesariamente el pacto deba incluir necesariamente el Gobierno por

el momento vitalicio de Adolfo Suárez.

En definitiva, es muy probable que lo utópico sea plantearse reformas políticas y económicas,

sin un cambio de relación de fuerzas en el Parlamento y por tanto del Gobierno UCD.

Otro aspecto es el estado de ánimo, la valoración que los ciudadanos hacen de la democracia y

de su utilidad y que no es independiente de la propuesta de cambio de relación de fuerzas en el

Parlamento. Por otra parte, ese cambio de relación de fuerzas parlamentarias y un posible

cambio de Gobierno que desplace a UCD, no necesariamente implica desestabilización y tal

vez, lo que implique sea justo lo contrario. Tres años más de Gobierno UCD podrían consolidar

una democracia basada en la corruptela, la ineficacia administrativa y el clientelismo político, lo

que hay que evitar a toda costa.

Unos acuerdos económicos, con sus consecuencias políticas, son necesarios para sacar al

país adelante; ahora bien, si ello para el PCE implica apoyo incondicional al Gobierno UCD,

prolongación de la legislatura con la Constitución ya aprobada y confrontación con los

socialistas si ellos como todo parece indicar y no sin razones de peso dicen que no se puede

equivocar de medio a medio, ir a un callejón sin salida y serle muy difícil argumentárselo al

ciudadano y al trabajador normal.

A la hora de rebatir argumentos de este tipo, Santiago Carrillo es víctima de su propia lógica:

«Si UCD no cumple será necesaria la movilización popular.» ¿Pero cuál es la salida lógica a

una movilización popular contra un Gobierno que no cumple, en una democracia?, sin duda

unas elecciones generales. Otra posibilidad es simplemente aguantarse con que UCD no

cumpliese los pactos, como de hecho se ha venido haciendo hasta ahora, lo que si bien puede

tener justificación por la necesidad de elaborar una Constitución por consenso, deja de tener

sentido una vez aprobada, pues el resultado sería de nuevo la frustración y el callejón sin

salida, especialmente para CCOO si se ve forzada a seguir la política del PCE.

¿Qué autoriza a Carrillo a pensar que UCD cumplirá lo que se pacte, después de la experiencia

de la Moncloa? ¿El acuerdo de todos? ¿Y si el PSOE dice que no a la propuesta programa «a

tres años»? El PCE debería arremeter entonces contra los socialistas y la UGT. Sin embargo,

los socialistas no son Eelipe González, sino un 30 % de los votos, tal vez ya cerca de un 40 %,

y esos votos concederá el secretario general del PCE que no son votos de banqueros y

latifundistas. La UGT son dos millones de fichas de trabajadores y si el PCE quiere forzar al

PSOE «a pasar por el aro», como se dice en los círculos comunistas, probablemente tendría

que lanzar a CCOO contra UGT en el seno de las empresas. De hecho, Julián Ariza

amenazaba en ese sentido en el último consejo confederal de CCOO, aunque Nicolás Sartorius

con mayor sutileza política matizara la bravata de Ariza. Si e1 PCE lleva esa política, habrá roto

todo su compromiso de potenciar la unidad de los trabajadores, de integrar a las capas

populares en vez de crear fracturas en su seno.

Un argumento que frecuentemente utiliza Santiago Carrillo es afirmar la similitud de un

Gobierno UCD y uno PSOE, «da más o menos lo mismo», «pueden hacer prácticamente

igual», etcétera. Si ello es así, desde luego el argumento de la desestabilización se viene abajo

por reducción al absurdo, pero, sobre todo, la afirmación no resiste una crítica elemental en

sociología política: ¿Se considera que la base social del PSOE y UCD son iguales e

intercambiables?

Si lo que se quiere decir es que el PSOE no aplicaría un programa socialista, ello ya lo

sabemos: ahora bien, sobre un acuerdo parlamentario de Gobierno y un pacto básico en lo

económico, el PSOE podría sanear la Administración, imprimirla eficacia, hacer las reformas

necesarias que permitan que los acuerdos económicos sean una realidad y, en fin, todo ello sin

graves tensiones desestabilizadoras. Es difícil dejarse convencer que un Yuste o un Ciriaco de

Vicente harían exactamente igual que Sánchez de León, o que un Miguel Boyer continuaría

desmontando el INI con el mismo empeño que Rodríguez Sahagún, sólo por poner dos

ejemplos.

UCD se negará a la comisión de seguimiento que el PCE propone y tal vez después de haber

involucrado el prestigio de su partido y de CCOO Carrillo tenga que dar marcha atrás en unos

meses.

 

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