Autor: Ibarruri Gómez, Dolores. 
   En el umbral de nuestro IX Congreso     
 
 El País.    16/04/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

EL PAÍS, domingo 16 de abril de 1978

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

En el umbral de nuestro IX Congreso

DOLORES IBARRURI

Presidenta del PCE

Dentro de unos días se abrirá en Madrid el IX Congreso del Partido Comunista de España —primer

congreso legal que reunimos en nuestro país desde hace 46 años (el último, el cuarto, se celebró en

Sevilla en 1932).

Es explicable que la preparación de nuestro congreso —a través de reuniones y conferencias a todos los

niveles en la geografía española— suscite interés y abundantes comentarios en la prensa de nuestro país.

El Partido Comunista de España es una indiscutible fuerza política, con una seria incidencia en la clase

obrera y en todos los segmentos de nuestra sociedad.

Hace sólo doce meses que nuestro partido conquistó la legalidad, después de cerca de cuarenta años de

lucha y vida clandestina. Y doce meses es un breve espacio de tiempo en el acontecer político. A muchos

asombra que los comunistas hayan logrado tan rápidamente la autoridad y la fuerza política de que hoy

disfrutan, siendo considerado nuestro partido como uno de los partidos políticos de mayor influencia con

el que se cuenta desde la dirección política del país para las cuestiones esenciales.

Algunos, como decimos, se asombran; y a no pocos disgusta el peso político del PCE. No se olvide que

ciertas fuerzas soñaban en una democracia sin comunistas y especulaban con la no legalización de nuestro

partido.

Las cosas han ocurrido de otro modo; pero las batallas libradas por el PCE no han sido fáciles, y los

obstáculos vencidos y por vencer, no pequeños.

La implantación e influencia creciente del PCE ha suscitado hondo descontento entre los sectores más

reaccionarios dentro y fuera de nuestras fronteras. De ahí que en ciertos momentos, como ocurre en el

presente, converjan en sembrar la confusión entre la opinión pública, deformando y exagerando las

discusiones que se producen en nuestras filas.

En estos últimos meses estamos dando forma a la labor colectiva de los comunistas en la elaboración de

su línea política, haciendo un esfuerzo por ponerla al día, adaptarla a las condiciones concretas de nuestro

país y de nuestra época. Con este fin el Comité Central ha preparado un proyecto de tesis políticas y de

nuevos estatutos que se han puesto a discusión en todas sus organizaciones. Esta discusión se viene

desarrollando a todos los niveles, en forma abierta y democrática, como se ha hecho, creo yo, en pocos

partidos políticos, y como no se había realizado anteriormente en el nuestro, teniendo en cuenta la

prolongada ilegalidad y las zonas de sectarismo en épocas anteriores.

Los debates en nuestro partido son públicos, y su actividad, transparente.

El PCE se presenta con la cara descubierta y franca. Cada militante dice lo que piensa y lo defiende con

toda libertad. Con nuestra actividad política abierta, pública, mostramos que somos un partido

democrático. Con ello quedan desmentidas las acusaciones de antidemocratismo que con frecuencia se

nos hacen.

Y si todavía hay personas que consideran que no se discute bastante en el PCE será probablemente porque

desconocen que un partido político no es una academia ni un club de discusiones. También hay que

mostrar comprensión hacia ciertas erupciones de exagerado «democratismo», ya que la mayoría de

nuestros afiliados son bastante jóvenes en edad y militancia. La experiencia y la práctica irán colocando

las cosas en su sitio.

No estaría de más recordar que el esfuerzo de los comunistas por adaptar su política a las realidades

contemporáneas no data de ayer. Hace veinte años que el PCE propugnó la política de reconciliación

nacional y, más tarde, el pacto para la libertad, que hicieron posible la convergencia de fuerzas de diverso

signo, dispuestas a poner fin a la dictadura franquista y establecer la democracia en España.

Y aunque los cambios políticos no se hayan producido exactamente como nosotros pensábamos, nuestras

propuestas se han confirmado acertadas en lo esencial y han contribuido considerablemente a las

transformaciones democráticas que estamos viviendo.

En estos breves renglones yo quisiera subrayar que se equivocan aquellos que afirman que nuestra postura

política significa un abandono del leninismo. Esta es una afirmación gratuita que no responde a la

realidad. Los comunistas españoles mantenemos la herencia de Lenin y de sus

compañeros de lucha, que encabezaron la revolución socialista de octubre y que abrieron un nuevo

proceso revolucionario mundial. Así consta en nuestros actuales documentos políticos.

Nosotros consideramos a Lenin como al gran dirigente revolucionario de nuestro siglo y seguimos

estudiando sus enseñanzas, como también las enseñanzas de otros teóricos del marxismo.

Sin embargo, ni las circunstancias ni los acontecimientos de hace sesenta años son, como es evidente, los

mismos de hoy. Y no seríamos marxistas revolucionarios, seríamos dogmáticos, si no acondicionáramos

nuestra política concreta a las realidades concretas de estas postrimerías del siglo XX. Por ello no

insistimos en lo que ha caducado, en lo que ya no es válido, porque la historia lo ha superado.

Nuestro Partido Comunista es un partido marxista revolucionario, democrático, solidario con todos los

pueblos, movimientos y partidos que luchan por su liberación nacional y por el socialismo. Es un partido

de masas adecuado para transformar la sociedad capitalista y avanzar hacia una democracia política y

económica que abra la vía al socialismo.

Yo confío que del IX Congreso, que inauguramos el día 19, nuestro partido saldrá reforzado.

 

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