Autor: Triana, Eugenio. 
   La alternativa socialista: una opción plural     
 
 El País.    12/04/1978.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

POLÍTICA

EL PAÍS, miércoles 12 de abril de 1978

TRIBUNA LIBRE

La alternativa socialista: una opción plural

EUGENIO TRIANA

Miembro del Comité Central del PCE

La pasada crisis de gobierno y las expectativas ante el debate sobre política general en el Congreso

contribuyen a estimular la polémica sobre la fórmula de poder más conveniente. Un articulo reciente de

Mario Trinidad sostenía la viabilidad de la alternativa del PSOE en estos momentos junto a una visión

crítica de las posiciones del PCE. Es indudable, por otra parte, la urgencia de acertar ahora con el tipo de

gobierno que pueda abordar y resolver los graves problemas políticos y económicos con la finalidad de

estabilizar la democracia: asegurar que el régimen democrático es una situación irreversible, que nuestro

país encuentra después de siglo y medio los mecanismos institucionales que configuran una sociedad

democrática y libre, hacer imposible la vuelta atrás reduciendo al aislamiento político a los sectores

claramente insolidarios del proceso democratizador.

Estamos en una fase constituyente, de transición. Todavía no está aprobada la Constitución, hace falta

cambiar los ayuntamientos mediante las elecciones municipales, estructurar los estatutos de autonomía.

Hay que acometer la reforma democrática del sector público para que su actuación sirva al interés

general; todavía el aparato del Estado responde a las características de la dictadura. Es la etapa de

construcción de la democracia plena en condiciones singulares y en el marco de la crisis económica más

grave desde hace veinte años. Parece evidente que la culminación de esa etapa sólo es posible con el

acuerdo del conjunto de las fuerzas democráticas, que se ha de materializar en el consenso explícito ante

un programa de transformaciones políticas y económicas. Es muy difícil que la gestión de ese programa

político—los acuerdos de la Moncloa han sido un paso muy importante en ese sentido— pueda ser

competencia exclusiva de un Gobierno UCD, fuerza minoritaria en el Parlamento y en la sociedad. Una

de las razones principales para proponer un Gobierno de concentración democrática es precisamente

asegurar la coherencia entre el pacto político de las fuerzas democráticas mayoritarias y la posibilidad de

su aplicación.

Por supuesto, el objetivo del Gobierno de concentración democrática para este período de transición se

engloba en la política de concentración democrática. A pesar de las negativas y dificultades para formar el

Gobierno de concentración democrática el PCE ha procurado ese compromiso político de mayoría

democrática por diversos caminos: en el pacto de la Moncloa, en el proyecto de Constitución, en la ley

Reguladora de las Elecciones Municipales, e impulsando el protagonismo de las fuerzas sociales, en

particular de las centrales sindicales.

Los primeros avances en la convergencia de las corrientes democráticas desencadenaron la ofensiva y la

presión de los segmentos más derechistas y oligárquicos, interesados en congelar el proceso

democratizador y formar un gran bloque de derechas destinado a poner límites permanentes a las

libertades políticas y reproducir el esquema de las dos Españas. Es conocido que esta campaña se ha

apoyado en los medios más conservadores de UCD, ha contribuido al incumplimiento de capítulos

relevantes del pacto (por ejemplo el Plan Energético Nacional) y ha conseguido romper el acuerdo

general en puntos concretos del texto constitucional. Estos hechos hacen más complejo todavía el proceso

de consolidación de la democracia, hacen más necesario que los partidos de izquierda y progresistas

muestren una capacidad de dirección para facilitar la convergencia de la gran mayoría del país, que

quiere, sin duda, culminar el cambio democrático.

Se trata de perfilar el bloque democrático dominante que persigue la normalización democrática del país,

y además hacer frente a la crisis económica. Es obligado restablecer la armonía entre la política

democrática (medidas constituyentes y de cambio institucional) y la política de las cosas (la eficacia

superior del sistema democrático para resolver los problemas socioeconómicos), bandera esta última que

en ningún caso se puede dejar a los sectores no democráticos. Las soluciones a la crisis política y a la

crisis económica son inseparables; los trabajadores tienen que influir en las decisiones económicas para

que haya un reparto real de los costes de la crisis y obtener reformas económicas básicas que también

tienen un cierto carácter «constituyente» prefigurador de futuro.

La alternativa de poder del PSOE no responde a la necesidad de traducir, aquí y ahora, en fórmulas

operativas parlamentarias y de gobierno, la mayoría democrática que existe en la realidad. Y la cuestión

no es solamente la resistencia de los famosos poderes fácticos. Los sectores económicos que son

contrarios a los acuerdos de la Moncloa serían, sin duda, la primera oposición. El problema está en que un

Gobierno PSOE hoy puede catalizar el agrupamiento en torno a la gran derecha de fuerzas dispersas o

indecisas que no se oponen a la democracia. La alternativa PSOE planteada como posibilidad inmediata

produciría desplazamientos de signo negativo dentro de esos centros de poder importantes, que tendrían

una referencia política en la gran derecha, donde podrían verse representados. Los poderes reales son

realmente operativos si encuentran una mediación política para manifestarse. Con la actual correlación de

fuerzas y el peso parlamentario insuficiente del PSOE, tales mecanismos producen de hecho la

polarización prematura de la sociedad cuando las entidades democráticas no están asentadas todavía. Nos

encontraríamos ante una situación de bloque político y, por tanto, en peores condiciones respecto a los

poderes fácticos e institucionales.

Por el contrario, el Gobierno de concentración democrática despejaría la situación para la futura extensión

y profundización de la democracia. El marco de una democracia que cuenta con la adhesión de los

sectores mayoritarios del país, en cuyo nacimiento la contribución de la izquierda ha sido decisiva,

favorece el avance de las ideas socialistas y de la alternativa socialista que en ningún caso puede

confundirse con la alternativa de un solo partido. Quizá uno de los puntos más débiles de la alternativa de

poder PSOE radique en que su formulación parece basada en la concepción vulgar del bipartidismo.

La política inmediata ha de responder a los intereses del pueblo, integrarse en la corriente democrática

general e interclasista en presencia, y ser coherente con el proyecto revolucionario de una opción

socialista plural. En la actualidad no es posible ni deseable proponer un frente de izquierdas por las

mismas razones expuestas, sino un bloque democrático. Pero no se debe hipotecar hoy la futura y

necesaria unidad de los partidos socialistas y progresistas, planteando la alternativa PSOE como el

problema de un solo partido, resaltando los aspectos excluyentes de tal opción. La realidad y la historia

dibujan un cuadro diversifcado de los partidos que están por el socialismo, PSOE y PCE principalmente,

y esa diversidad fundamenta la viabilidad de la alternativa socialista y favorece la total armonía entre

libertad y socialismo, que para ambos es una posición de principio. Gobierno de concentración

democrática y alternativa socialista son, pues, dos propuestas que no deben ser enfrentadas y sí

articuladas adecuadamente en el corto y medio plazo del futuro de este país. Lo que falta es iniciar un

debate abierto que ayude a esclarecer y aproximar las políticas respectivas.

Una última consideración. Es evidente que el Gobierno tiene la responsabilidad de no haber aplicado

capítulos relevantes del pacto de la Moncloa, que trabaja mirando hacia la derecha, que ha empeorado su

posición en el debate constitucional. Sin embargo, la operatividad de unos acuerdos públicos y solemnes

de esa importancia se prueba en la eficacia de algunos puntos resueltos y, sobre todo, porque el Gobierno

se ha visto obligado a prometer el cumplimiento de los pactos, que pasan a ser otra vez eje de la

actualidad política. Si el PSOE hubiera volcado su peso político y parlamentario apremiando la

materialización del pacto de la Moncloa, es muy posible que en estos momentos el horizonte político y

económico fuera menos incierto y que los sectores derechistas hubieran encontrado más dificultades para

enmendar el proyecto de Constitución.

 

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