Autor: Brabo Castells, Pilar. 
   La unificación eurocomunista: el caso de Euskadi     
 
 El País.    19/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

POLÍTICA

EL PAÍS, martes 10 de noviembre de 19

TRIBUNA LIBRE

La unificación eurocomunista: el caso de Euskadi

PILAR BRABO

El proceso de unificación de los comunistas vascos y el partido EIA, de la coalición Euskadiko Ezkerra,

ha planteado una polémica a nivel de todo el Estado sobre la situación del Partido Comunista de España.

Las sanciones impuestas a destacados militantes del PCE por su apoyo a esta iniciativa ha creado un

conflicto interno en la formación que dirige Santiago Carrillo cuyas proporciones son difíciles de evaluar

con toda exactitud en estos momentos. La autora de este artículo analiza las razones de fondo que

impulsan a los eurocormunistas a adoptar una posición de apoyo a esta iniciativa.

El proceso de unificación en curso del PCE-EPK (que surgió del Congreso) y EIA reviste el mayor

interés, no sólo para la clase obrera y las fuerzas progresistas de Euskadi, sino para toda la izquierda

española en general, y en concreto, para los eurocomunistas españoles.

Porque era, y es, un proceso de fortalecimiento de la izquierda de Euskadi, acosada entre una derecha

peneuvista que aún recoge apoyo popular y entre un nacionalismo no democrático y terrorista que mal

que nos pese también lo recoge. Pero además este proceso entra de lleno en el campo de muchas de las

reflexiones que nos debemos hacer, y que nos hacemos, los eurocomunistas hoy sobre cómo despejar los

obstáculos que dificultan nuestra fuerza e influencia. Creo, y lo dije en la reunión del Comité Central del

22 de octubre, que el eurocomunismo está necesitado de avanzar fundamentalmente en dos direcciones:

primero, una reflexión más crítica e incisiva sobre la realidad de los países del llamado socialismo real,

llevando más allá la independencia total con respecto a este bloque, y sobre todo, de la Unión Soviética.

Segundo, una vinculación mucho más profunda y viva con la clase obrera, las fuerzas de la cultura y con

los llamados nuevos movimientos sociales, buscando, al tiempo, nuevas vías para ir realizando la unidad

de la izquierda. El PC de México, por ejemplo, ha sido capaz de encontrar una solución original a los

complejos problemas que tenemos, planteados, procediendo a impulsar e integrarse con otras

organizaciones en una nueva fuerza política. No es que sea preceptivo seguir su ejemplo, no es que se

trate de decretar la incapacidad de los partidos comunistas para cumplir su función histórica. Es que

estamos atravesando en Europa, y no sólo aquí, una situación nueva que nos exige, entre otras cosas, no

ofuscarnos en visiones puramente organizativistas, de etiquetas y nombres, sino ampliar nuestro horizonte

hacia fuerzas que existen, o que surgen, y que pueden llegar a coincidir con nuestros planteamientos.

La perspectiva de una confluencia global con los partidos socialistas no se inscribe, evidentemente, en el

horizonte inmediato. Pero en Euskadi, y puede que no sólo allí, sino también en alguna otra nacionalidad

o región, existen posibilidades de unificación con fuerzas de izquierda surgidas en torno al hecho nacional

que, por razones de diverso tipo, ocupan ya un espacio eurocomunista.

En lo que se refiere al País Vasco, esta reflexión ha estado planteada, entre los comunistas vascos y

españoles, desde principios de la década de los setenta, si no antes, aparte de haber acompañado toda, la

experiencia histórica del PCE-EPK. Este fue el contenido fundamental del IV Congreso del PCE-EPK,

celebrado en enero de este año, a partir de cuyas directrices el Comité Central de este partido se propuso,

el 12 de septiembre, iniciar el proceso de unificación con Euskadiko Ezquerra.

La concepción de fondo

La concepción de fondo de este proceso ha sido y es la construcción de una fuerza política nueva en

Euskadi que, tanto por su práctica como por sus presupuestos teóricos, respondiera a lo que hoy se

entiende por proyecto eurocomunista y aglutinara al conjunto de fuerzas a cuya existencia responde dicho

proyecto.

¿Respondían los primeros compromisos alcanzados entre PCE-EPK y EIA a ese objetivo? A diferencia de

lo que opina el Secretariado y la mayoría del Comité Central, creo que sí. En el primer documento

firmado por PCE-EPK y EIA se afirma que el nuevo partido do la clase obrera de Euskadi «representa un

salto cualitativo en el desarrollo de la búsqueda de una tercera vía superadora de los límites de las

experiencias anteriores, socialdemocracia y socialismo real, la experiencia de los partidos socialistas y

comunistas...». Y más adelante, cuando se habla de la «estrategia al socialismo», se afirma que «los

objetivos del partido son la conquista de una sociedad sin clases, sin explotación y sin opresión, esto es, el

socialismo, la democracia y la liberación de los pueblos». Y se añade a continuación: «La conquista de

tales objetivos está determinada por la estrategia a seguir, por la estrecha relación existente entre los

medios y los fines en los movimientos sociales. La democracia es, pues, medio, método y fin»,

Definiciones éstas en que está contenido el meollo del eurocomunismo, su núcleo esencial. Puede ser

deseable una más completa definición de la política internacional que adoptará ese nuevo partido, pero en

cualquier caso, como señaló Manuel Azcárate en su intervención en el Comité Central, el

posicionamiento en la tercera vía conduce automáticamente al rechazo de ambos bloques y a una política

internacional en la práctica eurocomunista.

Respecto al problema nacional, el documento mencionado realiza un análisis que desde un punto de vista

«eurocomunista español» encuentro irreprochable. Se acepta plenamente el estatuto vasco, lo que supone

la aceptación de la Constitución, aunque Euskadiko Ezkerra no la votara en su momento. En una

perspectiva de futuro se opta por una estructura federal del Estado español que es precisamente a donde,

si hubiera voluntad política suficiente, podría conducir el desarrollo pleno y sin trabas del Titulo VIII de

la Constitución. Y finalmente se afirma: «El avance hacia formas superiores de autogobierno y de libertad

nacional ha de darse en el conjunto de una Europa socialista de los pueblos que haga posible una

superación de los actuales marcos estatales». ¿Supone esto una afirmación de independentismo?

Francamente creo que, por el contrario, supone la reconducción de uno de los problemas más espinosos

de Euskadi por la vía de la racionalidad y del progresismo.

La lucha obrera

Y en cuanto al tema sindical parece que la nueva fuerza política en formación se inclina por defender una

concepción sociopolítica del sindicato, incluyendo la afirmación de la independencia entre partido y

sindicato, es decir, opta por apoyar las concepciones que están en el origen mismo de CC OO. Por otro

lado, los militantes del PCE-EPK que hoy son miembros de CC OO seguirán perteneciendo a este

sindicato. La nueva fuerza política no define una acción unilateral por un solo sindicato y ello supone una

experiencia nueva, compleja, pero que en cualquier caso no puede asustar al partido que impulsó las

Comisiones Obreras de los años sesenta.

Y respecto a la concepción de la lucha obrera como restringida o no exclusivamente al ámbito vasco, el

documento conjunto reconoce que «una estrategia nacional vasca necesita una lucha articulada a nivel del

Estado». Claro que no dice con quién, pero no hay por qué desesperar de que sea precisamente con

quienes a nivel del Estado nos proponemos desarrollar también una política y una estrategia

eurocomunista, aunque no se llegaran a establecer nunca vínculos orgánicos, problema éste que es de una

entidad mucho menor.

Por todo ello resultan incomprensibles las razones que han llevado a la mayoría del Comité Central y al

Secretariado del PCE a realizar una durísima crítica del documento al que me he referido, a los métodos

con que la negociación se está llevando y que ha culminado con la adopción de medidas tan drásticas

como dudosamente estatutarias, como son la disolución del PCE-EPK y el nombramiento a dedo de un

nuevo Comité Central entre quienes desde la minoría luchaban contra Lertxundi.

Abstrayendo toda referencia a la realidad de Euskadi, a la práctica durante los últimos años del partido de

Lertxundi y a los cambios fundamentales en la práctica política de Euskadiko Ezkerra, lo que fue

agudamente indicado por Carlos Alonso Zaldívar, la máxima dirección del PCE se limita a una lectura

rígida de los acuerdos hasta ahora alcanzados para juzgar lo que les falta para ser idénticos a los

documentos emanados del PCE.

El modo de resolver por la actual dirección del PCE una de las experiencias más prometedoras que se

abrían ante los eurocomunistas españoles significa —y ello fue destacado por Julio Segura y varios

participantes en el Comité Central — optar por la seguridad organizativista frente a la perspectiva

política. La actual dirección ha preferido mantener y alentar a un grupo de militantes fieles en Euskadi

cuya incidencia es previsible que se sitúe en el futuro bajo mínimos antes que contribuir a ensanchar la

panorámica eurocomunista en la nacionalidad más conflictiva del Estado español.

Pilar Brabo es diputada del PCE y miembro de la corriente renovadora.

 

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