Autor: Azcárate, Manuel. 
   Abuso de los estatutos     
 
 Diario 16.    25/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MANUEL AZCARATE

Miembro del C. Central del PCE, explusado

Abuso de los estatutos

La rigidez y la manipulación en la aplicación de los estatutos del PCE, es la cuestión que plantea Manuel

Azcárate en este artículo. Niega que los expulsados hayan realizado un trabajo fraccional. Este no es el

problema, el problema es el descontento de muchos militares del PCE que siguen creyendo en el

eurocomunismo.

Comparto la opinión, que creo además muy generalizada, de que la crisis de los partidos, y concretamente

la que hoy atraviesa el Partido Comunista, es precisamente negativa para la democracia y la consolidación

del poder civil. ¿Cómo evitar esa crisis y disminuir, en todo caso, sus efectos negativos?

El mayor error sería creer que la cuestión consiste en que no aparezcan en los periódicos titulares o

comentarios sobre el tema. Porque, sin aparecer casi nada, en relativo silencio, se han podido alejar del

partido muchos comunistas, algunos de los cuales habían afirmado sus convicciones en los momentos de

persecución y peligro.

En mi opinión, una cuestión esencial para que las cosas puedan ir por cauces de sensatez, es que se

apliquen los estatutos de verdad, y con espíritu y voluntad de integración; de conservar en el partido a

todos los comunistas; de hacer que puedan volver otros que están hoy fuera; de flexibilizar rigideces; de

escuchar lo que piensan y dicen los militantes.

Ultimo recurso

Los estatutos dicen, con mucha claridad, que las sanciones sólo se deben aplicar en último recurso, como

cosa excepcional, y cuando se han intentado y agotado todas las posibilidades de soluciones políticas. Por

tanto, las sanciones (exclusiones de los órganos, expulsiones del partido, etcétera...) no se pueden

convertir en una forma normal de dirigir el partido. Cuanto más se recurre a ellas, más se demuestra falta

de autoridad y de capacidad de dirección, en el sentido comunista de la palabra.

En el caso que personalmente me ha afectado, han mediado siete días entre «la culpa» que se me ha

imputado (firmar la convocatoria de la conferencia en Madrid de Lerchundi y Onaindía) y la decisión que

me ha excluido del comité central. Eso es algo anormal, diferente de los precedentes que yo conozco. Y

también es anormal que, desde el primer momento, se nos haya dicho: o retirada de esa firma, o exclusión

del comité central. El uso de la amenaza impide, cierra, las posibilidades de cualquier discusión.

Anacronismo

En una serie de casos, disoluciones de comités provinciales, expulsiones de los concejales de Madrid,

observo la misma tendencia a la utilización precipitada de las sanciones; y algo más grave: el empleo de

sanciones que no figuran en los estatutos, cuando en éstos se especifica con toda claridad: «Las sanciones

nunca tendrán mayores implicaciones que las que establezcan expresa y taxativamente los estatutos.»

Creo que este recurso abusivo a las sanciones es lo que está dando lugar a situaciones conflictivas, que se

pueden agravar aún más.

Lo peor, en esta coyuntura, seria sacar (como se hizo en algunos momentos del debate en el CC) el

argumento tradicional de que hay «trabajo fraccional». Primero porque es no sólo falso, sino absurdo,

ridículo, pretender que los seis excluidos del CC, y otros camaradas, somos «una fracción». Y la prueba

de que eso no es serio, es que no se ha utilizado esa razón para nuestra exclusión. Si se considera que sí

somos «una fracción», ¿por qué no se ha sometido al CC una resolución en la que figurase esa acusación

de forma clara y en la que se pidiese por ese motivo las sanciones correspondientes? Las cosas ocurrieron

de forma muy diferente: se nos excluyó por nuestra negativa a suscribir unas frases de retractación o

rectificación (los dos términos fueron empleados en el debate).

Además, desenterrar el argumento de «trabajo fraccional» es peligroso, porque despierta, por sus propias

connotaciones, una dinámica anacrónica que sólo daño puede causar al Partido Comunista. Y, sobre todo,

porque hablar de «fracción» sólo puede servir para escaparse de la realidad. No hay fracción; lo que sí

hay son problemas serios en el Partido Comunista, y descontento de muchos camaradas. Creo que el

sentimiento más general, sobre estas cuestiones, entre los miembros de el partido, es que una dinámica de

sanciones no arregla nada: esta actitud que constato cada día, de formas muy diversas, es prueba del

arraigo, en el fondo, de las ideas eurocomunistas; y fuente de esperanza en unos días bastante tristes.

 

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