Autor: García Salve, Francisco . 
   Las cinco señas de identidad del PCE que queremos reconstruir     
 
 El País.    23/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

TRIBUNA LIBRE / EL X CONGRESO DEL PCE

Las cinco señas de identidad del PCE que queremos reconstruir

FRANCISCO GARCÍA SALVE

1. Un partido político. (No un club de amiguetes). Es el conjunto de todos los camaradas, con igualdad de

derechos y deberes, aunque con diversidad de funciones, que asumen libremente la línea política

elaborada por la mayoría en continua renovación dialéctica.

No hay categorías de camaradas, ni culto a la personalidad, ni fetichismo de aceptar todo lo que viene de

arriba, ni dogmatismos, ni camaradas poseedores de la ortodoxia que pueden excomulgar a otros

camaradas. Es la unión permanente y organizada de todos los militantes que dedican sus mejores

esfuerzos a trabajar en la sociedad bajo las directrices marcadas por la mayoría. (No nos unen afinidades

afectivas, ni sociales, ni de creencias religiosas, etcétera, sino afinidades políticas).

2. Democrático. No hay democracia sin una discusión política profunda. Al ignorante se le maneja. El

fanático no piensa, comulga. Un partido democrático surge de unos militantes con conciencia de clase y

con moral revolucionaria. (No desmoralizarse ante la trampa). No a las presiones psicológicas que

impiden la libertad de expresión, no a las manipulaciones de Prensa, no a las campañas orquestadas desde

el cenáculo (los que cenan), no a la falta de ética. La verdad es revolucionaria. La trampa, el engaño, el

camuflaje enconan la herida y minan la moral revolucionaria. Autocrítica tantas veces repetida y casi

nunca practicada. No a la secta, con esa idea vieja de que «los trapos sucios se lavan dentro de casa». Esto

es un partido de masas y no vale el secretismo. El PCE no tiene secretos que no pueda pregonar a la luz

del día. Un partido tiene derecho a equivocarse, pero no a empecinarse en sus errores.

3. Marxistaleninista. Esta es la firme seña de identidad de todos los partidos comunistas del mundo

entero. (Nos hemos pasado de extravagantes dejando el leninismo). El PCE es el único partido comunista

de la historia que no lo es. ¿Por qué?

El modo como se abandonó el leninismo: nos lo dijo Carrillo en EE UU como el gran jefe que marca el

camino. No se discutió profundamente. (Si ser leninista no tiene importancia, ¿por qué tanto empeño en

dejarlo? Y si tiene importancia, ¿porqué tanta precipitación y tan poca discusión para dejarlo?)

Se ridiculizó al leninismo. Ser leninista era, según la dirección, «el asalto al palacio de invierno» y «la

dictadura del proletariado» y poco más. Cuando la historia y la obra de Lenin nos demuestra que a Lenin

le correspondió la tarea de aplicar y de enriquecer la doctrina de Marx-Engels. Con la lectura de las obras

de Lenin aprenderemos muchas cosas. Nosotros admitimos las aportaciones posteriores al marxismo, pero

creemos que las aportaciones de Lenin son de vital importancia, por eso somos marxista-leninistas.

El cambiazo: pero resulta que quitaron a Lenin para hacernos eurocomunistas, sin saber ni cómo ni por

qué. Carrillo decía, hace cuatro años, que el eurocomunismo inventado por los periodistas era un término

impreciso e inexacto, no reflejaba la realidad. Hoy dicen que es ya un término no negociable, palabra

sagrada. ¿Cómo?

Eurocomunismo = comunismo europeo. Falso, porque europeos son los partidos comunistas francés,

portugués, inglés... y también son europeos los partidos comunistas de los países socialistas. Es un

término falso que comprende sólo al PCE y al PCI y con abismales diferencias.

Término ambiguo que juega con las palabras pero no profundiza en las ideas. Es un camelo. ¿Qué añade

al auténtico comunismo? Decir «socialismo en libertad» es una tautología, porque el socialismo es

libertad. Decir «la vía democrática al socialismo» es empequeñecer la idea leninista de que cada pueblo

buscará y encontrará sus propios caminos para terminar con la explotación. Pero uno se hace algunas

preguntas: ¿creen los euros en la lucha de clases, en el internacionalismo proletario, en la lucha

revolucionaria de las masas, en la hegemonía de la clase obrera? Si me responden que sí, les diré que

entonces son comunistas, como nosotros. Si me responden que no, les diré que no son comunistas.

En el transcurso de su historia gloriosa de lucha, el PCE cambió de táctica para acoplarse a la realidad,

pero no necesitó cambiar de nombre.

El libro de Carrillo Eurocomunismo y Estado debe ser leído y discutido para comprender la debilidad

ideológica del eurocomunismo y su gran confusionismo.

Es tal el cacao mental de estos euros, que bastará analizar las declaraciones más recientes de una de sus

máximas lumbreras, Nicolás Sartorius.

Le pregunta el periodista de Interviú:

—¿Sigue declarándose eurocomunista?

Sartorius responde así:

—Eurocomunista no soy yo, sino la política del partido. Declararse eurocomunista o leninista o afgano o

prosoviético me parece una tergiversación del asunto. Yo estoy de acuerdo con la línea eurocomunista del

PCE, pero no caeré en la trampa de situarme dentro de una tendencia.

De arranque, Sartorius niega que él sea eurocomunista. No él, sino la política del partido es la

eurocomunista. La primera conclusión que sacamos es el milagro de un partido con política

eurocomunista, pero sin eurocomunistas dentro. El milagro de la tortilla de huevos sin huevos. Sigamos el

análisis lógico. Está de acuerdo con la línea eurocomunista..., pero no es eurocomunista, «porque

declararse tal cosa sería tergiversar el asunto». Con lo cual, todos esos ingenuos camaradas que se

declaran eurocomunistas están tergiversando el asunto, desde un Carrillo hasta un Marcelino Camacho,

que han declarado a la Prensa «soy eurocomunista». Lo tergiversan tanto como los que se declaran

leninistas, afganos o prosoviéticos. ¿Por qué? «Porque no hay que caer

en la trampa de situarse dentro de una tendencia». Con lo cual, Sartorius nos dice en directo que ser

eurocomunista es una tendencia dentro del PCE, lo mismo que el ser afgano o prosoviético o leninista,

que ningún camarada caiga en la tergiversación de llamarse eurocomunista, que sería lo mismo que

situarse dentro de una tendencia en el PCE.

4. Independiente. La política la elaboramos todos los militantes, pero sobre una realidad concreta que

reafirma nuestro internacionalismo proletario («proletarios del mundo, unios»), basado en la lucha de

clases. Existen dos bloques: el imperialista y el socialista. Por eso somos prosoviéticos, no vamos a ser

proamericanos. Los países socialistas, a pesar de sus defectos, han implantado el socialismo y contribuyen

hoy a la esperanza de todos los progresistas del mundo.

5. Vanguardia del proletariado. Hegemonía de la clase obrera (en la alianza de la clase obrera, el

campesinado y los intelectuales, la clase obrera ejerce la función rectora). Un partido de masas, abierto a

todo el que quiera cambiar la sociedad y construir el socialismo como vía al comunismo. Con un

programa concreto, no intentamos engañar a nadie. El futuro es nuestro porque somos la fuerza del

progreso y el capitalismo camina herido de muerte por sus contradicciones internas. La Revolución de

Octubre de 1917 rompe el mito de la invulnerabilidad del capitalismo como «orden lógico del mundo»,

cambia la correlación de fuerzas en la humanidad y refuerza y acelera la lucha de los pueblos por el

socialismo que es libertad.

Camaradas, mantengamos la esperanza con la seguridad de que reconstruiremos el PCE con sus señas de

identidad, porque ni la dictadura terminó con todos los comunistas, ni tampoco la actual dirección. Hay

comunistas y mientras hay comunistas habrá PCE.

Francisco García Salve es miembro del Comité Central del PCE, de la fracción anticarrillista.

 

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