Autor: Azcárate, Manuel. 
   Dos interrogantes ante un año imprevisible     
 
 Diario 16.    03/12/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 25. 

Dos interrogantes ante un año imprevisible

Manuel Azcárate

Nos encontramos quizá en uno de esos momentos de la historia en que el futuro está más abierto. En que

las opciones que se ofrecen al destino de Europa están más diferenciadas.

Es una especie de encrucijadas, pero no con raíles que se van separando poco a poco. Sino con raíles casi

a ángulo recto.

¿Qué rasgos tendrá la coyuntura internacional dentro de unos seis meses? ¿O en el año 1980, a mediados

de diciembre?

No me ha gustado nunca el ejercicio de la profecía. Se ha presentado algunas veces al marxismo como

una especie de determinismo; como si permitiese conocer el futuro mediante la aplicación de unas

«leyes» impuestas sobre la historia real. Es una caricatura. El marxismo permite aproximarse mejor que

otras teorías sociales —en mi opinión— a los factores, sobre todo objetivos, que actúan en la historia.

Pero, en ese marco, entran luego lo que se podría llamar los imponderables; la acción de las masas y de

los hombres, que son en realidad los que hacen la historia.

Si uno intenta ahora echar una mirada sobre lo que puede ser el año 1980, ¡con qué fuerza surgen

precisamente esos imponderables tan difíciles de analizar!

Por eso sólo me atrevo a enfrentarme con los problemas internacionales del año próximo a partir de unos

interrogantes, como forma de articular las opciones definidoras de nuestro mañana.

Primera interrogante: ¿Se va a frenar el avance de la derecha en la vida europea? Tuvimos Francia,

Inglaterra; luego Suecia; recientemente Portugal. Y están pendientes las elecciones alemanas.

El hecho de que Strauss sea el candidato de la derecha en Alemania sitúa nítidamente la gravedad del

peligro.

En un reciente viaje a Alemania pregunté: ¿No es absurda, para ganar votos dudosos, la candidatura de un

hombre tan extremista como Strauss? Respuesta: si los alemanes sienten que necesitan un «hombre

fuerte», la candidatura Strauss podría triunfar...

Simultáneamente, tenemos una situación gravísima en el plano de los armamentos, con las propuestas

norteamericanas ante la OTAN para lo que púdicamente se llama «modernización» del "arsenal nuclear.

De hecho estamos amenazados con una nueva carrera de armamentos nucleares, con la particularidad de

que serían armamentos tan «europeos», que podrían aniquilar totalmente nuestro continente, incluso en la

hipótesis de que no se empleen los misiles estratégicos detentados por la U.R.S.S. y EE. UU., y

«controlados» por los acuerdos SALT.

Hay otro futuro posible para Europa. El de que las fuerzas de izquierda y progresistas, elaboren y

presenten a la opinión una alternativa unitaria para empezar a salir de la crisis. Para imponer la

negociación antes de la nueva carrera de armamentos nucleares.

La amplitud de la oposición a los proyectos de rearme nuclear, las corrientes expresadas en el reciente

congreso del SPD en Berlín, demuestran que maduran condiciones para un avance en esa dirección.

Pero ¿se irá lo suficientemente deprisa? En mi opinión, aún no hay conciencia de la gravedad de los

peligros.

Potencialmente, Europa occidental es de izquierdas; pero a condición que la izquierda presente un

proyecto realista y unitario.

La ausencia de ese proyecto es la principal baza de la derecha. ¿Seremos capaces de quitársela?

Segundo interrogante: ¿Con qué va a ser sustituido el sistema bipolar que ha venido funcionando en la

vida internacional desde la segunda guerra mundial?

La crisis de la bipolaridad es hoy evidente. La reconoció incluso el secretario de Estado Vance en su

discurso en la ONU en septiembre pasado.

El factor decisivo es el poderoso movimiento de los pueblos ayer colonizados, resueltos á lograr su plena

independencia política y económica. Ese movimiento se coloca básicamente fuera de los bloques.

En ese avance hay, sin duda, aspectos negativos. ¿Puede alguien sorprenderse de ello? El método de

apresar diplomáticos como rehenes daña en primer lugar a la causa de los que lo emplean. Pero, ¿se puede

negar la validez de las acusaciones de asesinato y robos contra el sha? ¿Se puede negar la intervención de

EE. UU. para derribar a Mossadecq y sostener una dicta dura feroz?

Estamos entrando en una nueva sitúación mundial en la que se opera una democratización en profundidad

de las relaciones internacionales. El papel de China va a crecer, sin duda, de forma considerable. Los

Estados medios y pequeños, los pueblos en sí, van a tener mucho más peso.

Los defensores del viejo orden, sobre todo en EE. UU., piensan en nuevas aventuras coloniales, en volver

a la «diplomacia de la cañonera» versión 1980.

¿Se podrá evitar esa marcha contra la historia, y hacia la catástrofe?

Las vacilaciones y extremismos inherentes a un año electoral en Estados Unidos (¿K o C?) agravan los

peligros.

Por mi parte, no veo otra estructura posible para sustituir la bipolaridad que convertir la ONU en el centro

de decisión efectivo de los principales problemas internacionales.

Los comunistas creemos que España puede, con su colaboración específica, país europeo pero fuera de

los bloques, con lazos particulares con América Latina, el mundo árabe, África, contribuir a que los

interrogantes de 1980 se despejen con rayos de luz, y no con tormentas. Y atribuimos desde ahora una

gran importancia a la preparación —con la plena participación de los partidos políticos— de la

Conferencia de Madrid de 1980 sobre Seguridad y Cooperación Europeas.

(*) Secretario de relaciones internacionales del PCE.

 

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