Autor: Azcárate, Manuel. 
   ¿Qué significa euroizquierda?     
 
 Diario 16.    29/04/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

OPINION

29-abril-80/Diario16

¿Qué significa la euroizquierda?

Manuel Azcárate (*)

De pronto, se ha puesto de moda una nueva palabra en el lenguaje periodístico de nuestro continente:

euroizquierda, eurogauche, euroleft, eurolinks, eurosinistra...

¿Se trata de un puro hecho semántico, una nueva palabra para significar una realidad ya vieja y conocida?

¿O se trata de un nuevo fenómeno que empieza ahora a plasmarse en la vida europea, y que necesitaba la

invención de esa palabra para que su existencia apareciese claramente en la opinión pública?

Me inclino por la segunda explicación. Y creo por ello que la aparición de la palabra euroizquierda no es

algo pasajero y superficial; es algo serio, que tiene miga, y que va a dar bastante que hablar y que

escribir— en el periodo en que nos adentramos.

Por eso, querría indicar algunos factores de fondo que contribuyen, cada uno a su modo, a convertir el

proceso de la euroizquierda en un punto de referencia importante de la vida política de nuestro continente.

En primer lugar, la crisis económica del capitalismo europeo, con secuelas de inflación, cifras de paro

impresionantes, protestas crecientes, no sólo de los trabajadores, sino de sectores agrarios e industriales

de media empresa, etcétera. La crisis tiene, además, dimensiones políticas, ideológicas, morales. Los

bandazos a la derecha, observados en algunos países (y en las propias elecciones del Parlamento Europeo)

no están resolviendo nada. Fracasa la política de Mme. Thatcher, a pesar de la situación privilegiada que

el petróleo del mar del Norte debería procurar a Gran Bretaña.

Ahora bien, esta crisis es a la vez la crisis de las políticas, de los remedios socialdemócratas al

capitalismo. Las soluciones keynesianas, el «Estado de bienestar», ya no funcionan como estímulos de

economías sin perspectiva.

Recordemos en qué condiciones, en 1959, la social-democracia alemana, en su famoso congreao de Bad

Godesberg, abandonó el marxismo. Es muy interesante releer ahora los textos de entonces: el argumento

básico era que el capitalismo (entonces en pleno auge de posguerra) podía asegurar el pleno empleo, el

desarrollo, la abundancia, un consumo creciente...

¿Qué queda hoy de esas ilusiones? Por eso asistimos a cierta crisis de la socialdemocracia europea con la

aparición de tendencias, sobre todo en sectores jóvenes, que buscan nuevas soluciones que rompan con la

tradición de «administrar el capitalismo», según la famosa expresión de León Blum.

Peligros para la paz

El tercer factor que alimenta la tendencia hacia la euroizquierda es la agravación de la situación

internacional. Los peligros para la paz son muy serios. Y en el epicentro de esos peligros está la

confrontación entre las dos superpotencias, su incapacidad de elaborar una política de paz.

Ante estos peligros, empieza a perfilarse una actitud europea nueva; una voluntad de autonomía e

independencia. ¿Se afirmaré en Europa, dentro incluso de compromisos y alianzas viejas, esta tendencia a

convertirse en un factor autónomo (no subordinado a Estados Unidos, y por supuesto tampoco a la

U.R.S.S.) de la política mundial; factor de moderación, capaz de promover negociaciones, tender puentes

y alejar peligros?

Lo creo muy probable; entre otras razones, porque económicamente, físicamente, Europa necesita tener

con el Tercer Mundo, con .el mundo árabe, relaciones profundamente diferentes a las de Estados Unidos.

Más independencia de Europa implica, a la vez, más unidad de Europa. Y la cuestión es que la derecha

puede reflejar estas necesidades objetivas del viejo continente (incluso a través de las veleidades y

fracasos de sus Gobiernos), pero lo que no puede (por sus ataduras de todo orden con el pasado) es

elaborar y realizar la nueva política europea que hoy es imprescindible.

¿Está hoy la izquierda europea en condiciones de afrontar el desafío de la época? Sería papanatismo

responder con un sí escueto. El cuadro que presenta la izquierda no es muy atractivo, está aún fuertemente

cuarteada por polémicas ideológicas. Pensemos en el triste espectáculo que nos ofrece Francia, no sólo en

la polémica comunistasocialista, sino con las divisiones intestinas del Partido Socialista.

Yo diría que la expresión «euroizquierda» es, en cierto modo, el contrapunto de esas tendencias negativas

y paralizantes, una nueva forma de concebir las relaciones entre socialistas y comunistas.

No creo que sea excesivamente aventurado decir que el término euroizquierda ha nacido condicionado,

estimulado, por la moda del término eurocomunismo. La relación no es artificial. Uno de los méritos del

proyecto eurocomunista es que, desde sus inicios, no se presenta como algo exclusivo de los comunistas,

sino como una propuesta, una apertura para el debate, el diálogo, el acuerdo entre comunistas y

socialistas.

El ejemplo italiano

¿Ha pasado la «euroizquierda» de ser una posibilidad, un proyecto, unas intenciones? Todavía no.

Acabamos de tener el ejemplo de Italia, donde el Partido Socialista, después de haber reprochado durante

años al Partido Comunista su presunto «derechismo» por propugnar el compromiso histórico, ha entrado

en una combinación gubernamental democristiana que deja fuera del poder a los comunistas.

Son grandes los obstáculos que aún dificultan un proceso de entendimiento a la izquierda que permita a

ésta elaborar su alternativa a la crisis que vivimos.

Pero las ideas avanzan. Quizá el testimonio más obvio sea el documento que acaba de hacer público el

Partido Laborista Británico, titulado «Dilema del eurocomunismo», cuya conclusión es la siguiente:

«¿Puede un programa socialista ser convincente en el marco de un país sólo? La crisis actual afecta al

conjunto del mundo industrializado capitalista y es muy dudoso que un país, del tamaño de Gran Bretaña,

especialmente con el peso tradicional del comercio e invasiones extranjeras, ofrezca un espacio

económico en el que se pueda aplicar una solución socialista con esperanzas de éxito. Hace falta adelantar

soluciones como mínimo a escala de Europa occidental, y ellas sólo pueden brotar de un diálogo en el que

tomen parte todas las fuerzas socialistas importantes de Europa occidental. Es difícil negar un lugar entre

esas fuerzas & los Partidos Comunistas de Italia, Francia y España... El problema no es ahora de vínculos

o alianzas formales, sino de un esfuerzo común para definir objetivos socialistas alcanzables en Europa

occidental y una estrategia para realizarles. Por ello es hoy tan importante un diálogo entre socialistas y

comunistas en Europa occidental» Es una opinión que, desde luego compartimos.

 

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