Autor: Calvet i Puig, Maria Dolores. 
   Las mujeres ciudadanos de segunda categoría     
 
 El País.    16/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

TRIBUNA LIBRE

Las mujeres, ciudadanos de segunda categoría

MARIA DOLORS CALVET

Diputada comunista por Barcelona

Fueron muchas las críticas que el Gobierno recibió de los grupos de mujeres y feministas al crear una

Subdirección General de la Condición Femenina, dentro de la Dirección General de Desarrollo

Comunitario del Ministerio de Cultura.

Las críticas tenían dos vertientes. Por una parte, argumentar que la problemática de la mujer afecta a

todos los ámbitos de la vida política y social y, por tanto, a todas las arcas de trabajo de los diferentes

ministerios y reducirla a una sola subdirección general que ni tiene representación en ningún ministerio y

podía inhibir a éstos de preocuparse por la situación de la mujer. Otra vertiente de las criticas se entendía

en el terreno político, al ver esta subdirección general como un intento de UCD de incidir en un campo

tan virgen para este partido como el de la mujer. Y en el fondo de estas y otras motivaciones subyacía —y

subyace— el temor a que este organismo fuera el lugar de trabajo de las miles de mujeres de la Sección

Femenina que al quedar disuelta quedaron sin ocupación concreta.

En una primera etapa, este organismo hizo un llamamiento a las organizaciones femeninas y feministas a

cooperar con él. En una reunión a nivel estatal la cooperación fue contestada de forma negativa por los

grupos allí presentes tanto por las razones antes citadas como porque los mismos grupos partidarios de

cooperar fueron incapaces de fijar unas condiciones y unas delimitaciones a dicha cooperación.

A nivel de Cataluña esta discusión se reflejó miméticamente frente a la Generalidad. Uno de los grupos

de mujeres abogó por la creación de una «Conselleria de la Dona», que fue ampliamente contestada por

las mujeres del movimiento feminista y de partidos políticos y que no prosperó. Las mujeres del PSUC,

en concreto, nos opusimos a su creación, pero insistimos para que en el equipo de trabajo de cada

Conselleria hubiera una persona especializada en la problemática de la mujer para impulsar este trabajo.

La idea de crear dentro de la organización del Gobierno un espacio dedicado a las mujeres fomenta malos

recuerdos en las mujeres que en estos cuarenta años pasados hemos sufrido de alguna forma a la Sección

Femenina del partido único existente.

El intento de UCD, mucho más al día, intenta ser una copia de las fuerzas de Giscard d´Estaing por

ganarse las simpatías y los votos de las mujeres. La creación de un Ministerio de la Mujer en Francia

germinó con la dimisión de la ministra, que propuso eliminar por ineficacia su mismo Ministerio. En el

caso que nos ocupa también ha habido sus contradicciones, dimisiones, pero por fin parece que la

Subdirección General de la Condición Femenina ha encontrado su marco de actuación. En las pasadas

elecciones UCD recogió el voto de miles de mujeres. Este voto fue fruto de una campaña dirigida desde el

Poder —radio, TV, etcétera—, de la utilización de personas que pudieran resultar agradables a los ojos de

estas mujeres, pero, sobre todo, recogió votos en los sectores más atrasados de mujeres, en base a

garantizarles la defensa no de sus derechos como persona, sino de la «institución familiar» de la «moral»

de las «buenas costumbres», conceptos abstractos difíciles de concretar en la práctica.

Pero un Gobierno que, aun siendo de derechas, es inteligente, como es el caso de UCD, sabe que la

realidad del país ha evolucionado en los últimos tiempos y que, en particular, las mujeres en su gran

mayoría están a favor de una legislación no discriminatoria, de una igualdad de oportunidades y

condiciones en el trabajo y en el estudio, y que no aceptan bajo argumentos morales de ningún tipo una

discriminación sexual. Y estas reivindicaciones hasta el pasado 15 de julio eran patrimonio de las fuerzas

de izquierda, como durante los años de dictadura hablan sido nexo de unión entre las fuerzas

democráticas. La UCD en el poder tenía que intentar incidir en este terreno, sin romper por ello con su

electorado más atrasado y de ahí la creación de esta subdirección y la celebración de las I Jornadas de la

Condición Femenina, que como dice el comunicado de la coordinadora feminista de Barcelona, «nada

tienen que ver con las I Jornadas de la Liberación de la Mujer, celebradas en Madrid en noviembre de

1975; con las I Jornadas Catalanas de la Dona, de mayo de 1976; con las Euskadiko Emakumeen

Topakeptak, en diciembre de 1977; con las celebradas en Valencia, también en diciembre de 1977; ni con

las diversas reuniones feministas celebradas en los últimos meses, que tanto han significado en la lucha

por la liberación de la mujer y en la creación de las diferentes organizaciones feministas del Estado

español»

Al margen de comparaciones, a mi entender, es positivo que UCD —aunque sea con el dinero de todos

los españoles— promocione estas jornadas, y me parece positivo que invite a ellas a mujeres que, como

yo misrna, llevamos años militando en los movimientos feministas, desde posturas tan diferentes a las de

la propia UCD. Lamento sinceramente que mis tareas en la elaboración del Estatut d´Autonomía de

Catalunya me impidan estar presente estos días en Madrid, porque después de un año de tareas

parlamentarias tengo mucho que decir a las mujeres y hombres allí presentes."

Durante un año de Parlamento el Gobierno de UCD se ha opuesto sistemáticamente a las propuestas de

ley que los grupos parlamentarios hemos presentado para acabar con la situación discriminatoria de la

mujer. En algunos casos votando en contra, como es el caso de la amnistía para los mal llamados delitos

de la mujer, de adulterio, anticonceptivos y aborto, y en otros, exigiendo recortes que, como en el caso de

los anticonceptivos, el rapto o el estupro, minimizan las mejoras obtenidas y que evidencian la mentalidad

profundamente conservadora del Gobierno y del grupo parlamentario de UCD en este terreno, que dice

sentir el deber de proteger a la mujer del «boom» de los anticonceptivos, de ciertos «liberalismos»

permitidos a los hombres y que incluye cláusulas absurdas y ridículas como es en el caso de la

desaparición de las figuras jurídicas de adulterio y amancebamiento.

Era para decir estas cosas y muchas otras que tenía interés en asistir personalmente a estas I Jornadas de

la Condición Femenina, para explicar que para defender los derechos de las mujeres no basta con decirte,

hay que demostrarlo y que oportunidades no le han faltado a UCD en este corto año de vida

parlamentaria.

 

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