Autor: Pastor Verdú, Jaime. 
   Enseñanzas de la Revolución     
 
 Diario 16.    07/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Enseñanzas de la Revolución

Jaime Pastor

(Del buró político de la Liga Comunista Revolucionaria)

"A finales del año (1917) la prensa burguesa y la prensa obrera esparcieron a los cuatro vientos el relato

de un hecho estupendo: en Rusia los bolcheviques se habían hecho dueños del poder público, y de la

noche a la mañana aplastaban a la burguesía e instauraban un régimen netamente proletario y se disponían

a ajustar la paz con Alemania. La noticia produjo el efecto de un explosivo entre los militantes del

proletariado español." Así cuenta Díaz del Moral ("Historia de las agitaciones campesinas andaluzas", Al.

Ed.) la repercusión que tuvo en nuestro país, como en muchos otros, la Revolución Rusa: los trabajadores

de todo el mundo comprendían que era imposible acabar con el capitalismo, incluso en un país atrasado,

condenado, según los escépticos, a recorrer todas las etapas por las que habían pasado los países

avanzados.

El proceso que se desarrolló de febrero a octubre del 17 encerraba grandes enseñanzas para el

movimiento obrero. Durante ese período se reveló claramente que el Estado no es neutral, que puede

conocer bajo el capitalismo, y en determinadas épocas y situaciones una "democratización" real, pero que

en los momentos decisivos es el instrumento con que cuenta la burguesía para tratar de impedir por la

violencia la supresión de las bases de su poder económico. También el proceso revolucionario ruso señaló

cuáles son los dos peligros con los que se enfrenta el movimiento obrero en los periodos de lucha de

clases abierta: por un lado —y sobre todo—, el de Kornilov, es decir, el de los golpes reaccionarios

fascistas o militares; pero, por otro, también el de Kerensky, es decir, el de la colaboración de partidos

obreros con la burguesía para resolverlos su crisis económica y política. Los bolcheviques, con Lenin y

Trotsky a la cabeza, supieron hacer frente a esos dos peligros y abrir el camino hacia la victoria, pese a

todos aquellos que aludían a la "falta de condiciones" y a la "desfavorable correlación de fuerzas" como

excusas para impedir el triunfo de la revolución.

Y durante los meses de febrero a octubre también se demostró que, frente a las limitaciones de las

libertades bajo el capitalismo, era posible evitar el falso dilema "dictadura o democracia", creando las

bases de una nueva democracia —los soviets, consejos de delegados, que ya habían aparecido en el

"ensayo general" de 1905—, en la que, lejos de restringirse las libertades, éstas pudieron ejercerse lo más

ampliamente posible. Eso es lo que permitió que muchos de los que visitaron Rusia en sus primeros años

dijeran que era "el país más libre del mundo".

Así, pese al contexto internacional (después del fracaso, por responsabilidad esencial de la

socialdemocracia de la ola revolucionaria que sacudió a Europa los años 1918-20) adverso y a la situación

de guerra civil interna durante varios años, las medidas adoptadas desde octubre revelaban que "las

revoluciones son las locomotoras de la historia". Inmediatamente toda una serie de tareas democráticas y

socialistas empezaron a ser aplicadas. Se reconoció el derecho do autodeterminación para todas las

nacionalidades oprimidas, se hizo una reforma agraria radical, se abrieron conversaciones de paz para

acabar con la guerra imperialista, se inició un proceso de transformación de las relaciones sociales, de

reconocimiento de los derechos de las mujeres, de la juventud, de los homosexuales, un fuerte

movimiento de renovación cultural, junto al cuestionario general de la vida cotidiana impuesta bajo el

zarismo, se desarrolló en todo el país... Los soviets se convertían en nuevos órganos de poder del Estado:

las fábricas fueron, en su gran mayoría, nacionalizadas bajo control y gestión de los trabajadores; la

libertad de partidos era reconocida pese a los límites impuestos por la guerra civil. Muchas de estas

medidas fueron, sin embargo, posteriormente derogadas, pero, pese a todo, crearon la esperanza de

construir un nuevo "modelo" de socialismo, frustrado definitivamente por el estalinismo.

Para los que seguimos reivindicándonos de esa experiencia, ésas son algunas de las lecciones esenciales

que debe extraer la clase trabajadora en el LX aniversario de Octubre: la posibilidad de la revolución

socialista, incluso en un país atrasado; la necesidad de reemplazar el viejo aparato de Estado por otro

basado en órganos de democracia directa y en la extensión de las libertades; la conciencia de que el

socialismo no se puede construir en un solo país y de que sólo el apoyo a los procesos revolucionarios en

otros países puede evitar el aislamiento del Estado obrero y la "maduración" de las condiciones para la

construcción de una nueva sociedad. Todas estas conclusiones siguen siendo válidas, en circunstancias

menos adversas que entonces, en las sociedades capitalistas "avanzadas". Estas sufren una crisis muy

profunda en todos los planos —en el económico, sobre todo, pero también en el social, cultural,

etcétera—, y la clase obrera, en lugar de diluirse como tal, ha conocido un crecimiento mayor, con la

incorporación de trabajadores del sector "servicios" y de la propia intelectualidad, encontrando, además,

nuevos aliados en los movimientos de mujeres y de la juventud, mucho más masivos que en el pasado, y

con más posibilidades de reforzar sus lazos con los movimientos de nacionalidades oprimidas y del

campesinado.

Es cierto que desde 1917 se han producido cambios muy importantes en las sociedades capitalistas, que

obligan a actualizar una estrategia capaz de conducir al socialismo. Pero ninguno de esos cambios

justifica una revisión de los postulados básicos que guiaron a la revolución rusa. El Estado en el

capitalismo "desarrollado" ha conocido un reforzamiento de sus funciones económicas e ideológicas, al

mismo tiempo que la democracia parlamentaria se halla cada vez más restringida por la existencia de un

fuerte aparato represivo y por los amplios poderes que poseen los Gobiernos; lo que lleva a seguir

considerando esos Estados como aparatos esencialmente conservadores destinados a garantizar por todos

los medios posibles la continuidad del capitalismo y haciendo utópica toda orientación tendente a su

transformación gradual desde dentro. Los trabajadores de los países capitalistas europeos identifican

todavía, en su gran mayoría, las libertades con la "democracia" que toleran las sociedades actuales, y la

experiencia tan nefasta del estalinismo ha favorecido esa confusión, que sólo podrá ser combatida si todos

los que luchamos por una democracia socialista logramos ofrecer, junto a la conquista ahora del máximo

de derechos democráticos y libertades frente a los regímenes de "Estado fuerte" existentes en nuestro

continente, una nueva alternativa de sociedad socialista totalmente distinta de la imagen que hoy ofrece la

U.R.S.S.

Ese es el compromiso de la corriente de la que formamos parte: construir un partido y una organización

internacional, basados en el libre debate de tendencias y en la unidad en la intervención, que tiendan a

hacer realidad una vía revolucionaria hacia la sociedad sin clases. En esa tarea, el estimulo de todas las

formas de unidad de acción de los trabajadores, y de sus diversas corrientes, frente a lo unidad de los

defensores del capitalismo, es nuestra línea de trabajo. Hoy, en el Estado español, el debate sobre la

vigencia de octubre debe servir para demostrar que el socialismo empieza a ser posible y que su conquista

exige que los trabajadores presenten sus propias soluciones frente a un sistema condenado por la historia.

 

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