Autor: Sánchez Montero, Simón. 
   Tropezar en la misma piedra     
 
 El País.    19/07/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL PAÍS, martes 19 de julio de 1977

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Tropezar en la misma piedra

SIMÓN SÁNCHEZ MONTERO

En el número de EL PAÍS correspondiente al domingo 10 de julio se publica un artículo de Fernando

Claudín titulado Dos tentaciones peligrosas. En él rebate la tesis de que lo mejor para la democracia

española habría sido la formación de un Gobierno de concentración democrática, desde el Centro a los

comunistas; o al menos, si no se desea la participación comunista, un Gobierno del Centro y del PSOE.

La tesis fue expuesta por Santiago Carrillo, repetida en su informe al Pleno de CC del PCE y aprobada

unánimemente por éste.

El artículo de Fernando Claudín es interesante por los problemas que plantea. Pero yo no estoy de

acuerdo con las ideas principales del mismo. Los problemas puestos sobre el tapete son harto interesantes

y una discusión sobre los mismos puede ser muy clarificadora. Sobre todo, a la vista del primer debate

habido en el Congreso sobre los grupos parlamentarios.

No me parece ocioso decir que la tesis expuesta por Santiago Carrillo, al ser aprobada por el CC, es la

opinión del PCE. Incluso es lícito decir que lo era ya antes, pues esa tesis es una consecuencia directa de

la política del partido.

Es verdad que tanto el PSOE como la UCD se han opuesto a la formación de un Gobierno de

concentración democrática. Están en su derecho de hacerlo. Pero también es verdad que, por tratarse de

un problema nacional, que interesa a todos los españoles, tenemos derecho a opinar sobre él.

Una idea central de Fernando Claudín es que la situación del PSOE en este hipotético Gobierno Centro-

PSOE sería, «evidentemente, una situación minoritaria y subordinada como corresponde a la relación de

fuerzas en el Congreso y en el Senado». (El subrayado es mío.) Desde un punto de vista esquemático,

numérico, haciendo abstracción de la vida, de la lucha política y de la situación concreta del país, el

argumento de Fernando parece irrebatible. Pero desde el punto de vista marxista, dialéctico, teniendo en

cuenta la situación en que vivimos hoy, ni es irrebatible, ni es justo. Añade Fernando: «El PSOE no

podría participar en el Gobierno, en las condiciones actuales, más que sometiéndose en lo esencial a esa

política (la del Centro, la de la gran burguesía), corresponsabilizándose con ella, con el consiguiente

quebrantamiento de su influencia en la masa popular que lo ha votado.» ¿Por qué, inevitablemente,

tendría que someterse, corresponsabilizarse y quebrantarse el PSOE? Claro está que puede hacer eso.

Pero también puede hacer lo contrario: Elaborar con el Centro un programa de gobierno en el que sean

tenidos en cuenta, al hacer frente a la grave situación económica y al resolver los problemas políticos, los

intereses de los trabajadores, de los pensionistas modestos, de los pequeños y medianos comerciantes y

empresarios, etcétera, y trabajar firmemente en el Gobierno, en el Congreso y en el Senado para que ese

programa se realice. Y, al mismo tiempo, explicar en la calle su política, para que las masas se movilicen

y presionen de manera pacífica y responsable en favor de ella. Puede hacer todo eso y mucho más sin

romper nada, siendo un partido serio, gubernamental, que no falta a sus compromisos gubernamentales,

capaz de defender el interés nacional al mismo tiempo que el de las masas populares. Esa política y ese

Gobierno —mejor aún con la participación del PCE— son los únicos que pueden hacer frente a la

situación actual, remontar la crisis económica y consolidar y desarrollar la democracia. No solamente no

quebrantaría al PSOE, sino que acrecentaría y consolidaría su prestigio.

Según Fernando Claudín, «cada vez que la socialdemocracia ha participado en Gobiernos con partidos

representantes de la gran burguesía, o ha gobernado sola, lo ha hecho con justificaciones muy semejantes

a las que hoy utiliza el secretario general del PCE para fundamentar su propuesta de participación del

PSOE en el Gobierno y —si fuera posible— el propio PCE».

Yo no creo que lo realmente importante de cualquier política sean sus «justificaciones», sino su contenido

real. No lo que se diga, sino lo que se haga. Y no creo que lo característico de la política socialdemócrata

sea su participación en gobiernos con partidos representantes de la gran burguesía, sino el contenido de

esa participación, lo que han hecho, lo mismo cuando han gobernado en coalición que cuando han

formado Gobierno solos. Se puede participar en un Gobierno con partidos burgueses para actuar de

simples comparsas, para someterse, corresponsabilizarse y en consecuencia, desprestigiarse: o

gobernárselos para «administrar lealmente» el capitalismo. Esa es la política socialdemócrata. Pero se

puede participar también en un Gobierno para, desde dentro y desde fuera de él, impulsar el desarrollo de

la democracia, defender los intereses populares, empujar la obra de transformación de la sociedad hacia el

socialismo. Esta política no tiene nada que ver con la socialdemocracia.

Se puede, igualmente, realizar una política oportunista de derecha y una política oportunista de izquierda.

En España tenemos, en la actividad política del PSOE, dos ejemplos históricos, entre otros, que

testimonian lo que digo.

En 1931, al proclamarse la República, el PSOE participó en el Gobierno con los partidos republicanos

burgueses. Disponía de una gran fuerza en el Parlamento y en la calle. En los casi dos años que duró, el

Gobierno hizo muchas cosas muy positivas. Pero no realizó lo fundamental: reforma agraria,

democratización efectiva del aparato del Estado, etcétera. No lo hizo porque el PSOE se sometió a los

partidos republicanos burgueses, marchó a remolque de ellos. El resultado fue el quebrantamiento del

Gobierno y del PSOE, el triunfo de la reacción en las elecciones de 1933, que dio lugar al «bienio negro»,

con el aumento de la represión, el aplastamiento de la insurrección obrera de octubre de 1934 en

Asturias...

En 1936, las izquierdas, unidas en el FP, volvieron a ganar las elecciones. Según Julián Zugazagoitia y

otros muchos testimonios, Prieto y Negrín, entre otros socialistas, hicieron todo lo posible para que el

PSOE participase en el Gobierno. Creían que era la única manera de evitar que la reacción pudiera

realizar sus planes de aplastamiento de la República y de la democracia. Es posible —aunque hubiera sido

muy difícil en aquella situación— que si Prieto y otros socialistas como él hubiesen participado en el

Gobierno, lo hubieran hecho con el mismo espíritu de 1931-33. Pero lo que me parece indudable, visto

con la perspectiva de hoy, es que si el PSOE hubiera participado en el Gobierno en 1936, y realizado en él

una política no extremista, pero sí firme en defensa de la democracia y de la República, el levantamiento

militar del 18 de julio habría podido ser evitado, y con él las tremendas consecuencias que trajo para toda

España, para todo el pueblo. Porque el Poder no habría estado únicamente en manos de hombres como

Azaña y Casares Quiroga, cuya miopía e ingenuidad políticas, y su temor a la clase obrera (creo que hubo

de todo en su actitud) permitieron preparar abiertamente, o casi, la sublevación militar. Pero el PSOE —

según la opinión de su ala izquierda, mayoritaria— no participó en el Gobierno porque no quería repetir

la triste experiencia de 193133. Es decir, subsanó un error histórico cometiendo otro mayor, de pavorosas

consecuencias para España, y, en primer lugar, para los trabajadores, cuyos intereses representaba.

Tengo que añadir que es probable también la responsabilidad del PCE entonces, si no vio el problema.

Pero el PCE sólo tenía diecisiete diputados y su actitud no era decisiva. La del PSOE, sí.

Esas dos actitudes, de signo contrario —derechista la primera, izquierdista la segunda—, son el anverso y

el reverso de una misma política oportunista. Yo no rememoro esos ejemplos para combatir a los

camaradas socialistas ni en un intento de debilitar al PSOE: en España no se consolidará la democracia,

no podremos ir al socialismo si no es con la participación destacada del PSOE, y esos objetivos son los

objetivos de los comunistas. Lo hago pensando en la situación de hoy. ¿Va a tropezar ahora el PSOE en la

misma piedra, haciéndonos tropezar a todos? Yo tengo que decir con dolor, con toda cordialidad para los

camaradas del PSOE, pero también con entera claridad, que hay muchos síntomas indicativos de que el

PSOE de hoy no ha asimilado aquella doble y tremenda experiencia.

El artículo de Fernando Claudín me hace pensar que él tampoco la ha asimilado. Repetidamente habla de

«alternativa de poder de la izquierda», presión de la izquierda en el Congreso y en la calle, etcétera. Sobre

estas y otras cuestiones volveremos en un próximo artículo. Me da la impresión de que, a semejanza del

PSOE, sigue moviéndose en el mismo nivel de 1936, con el mismo primitivismo político de entonces.

Pero han pasado cuarenta años, ¡tremendos años!, y no podemos volver a tropezar en las mismas o

parecidas piedras en que tropezamos antaño. No puede perder nuestro pueblo esta nueva oportunidad

histórica de establecer, consolidar y desarrollar un régimen de verdad democrático, que haga imposible la

vuelta al pasado y abra de par en par las puertas del futuro.

Yo estoy convencido de que el Gobierno de concentración democrática propuesto por Santiago Carrillo es

el único que puede dar solución efectiva a los problemas de España en esta hora. La realidad lo

demostrará así. ¡Ojalá lo comprendan a tiempo los que hoy no lo ven!

 

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