Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La crisis del P.S.O.E.     
 
 Informaciones.    13/09/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA CRISIS DEL P.S.O.E.

Por Abel HERNANDEZ

Nuestra croniquilla del dia 8 tutulada «Tensiones en el P.S.O.E.. ha tenido la fortuna de inquietar

seriamente en las alturas del Partido Socialista y también en las bajuras. De la crónica se han hecho

centenares de fotocopias. Varios de los aludidos —los señores Guerra, Gómez Llorente, Boyer y

Torrión— han salido inmediatamente a quitar hierro a la noticia.

De paso, como suele ser habitual en el comportamiento público de este partido, pretenden imponer su

criterio por las buenas o por las malas y de acusar al discrepante de estar vendido a este o al otro oro. A la

principal alternativa de Poder que tiene este país le falta madurez y elemental capacidad de autocrítica.

No es, por eso, extraño que el presidente Suárez indique a sus interlocutores con frecuencia que hay que

apoyar a Felipe para ver si se puede lograr una verdadera alternativa de Gobierno, cosa que ahora no

existe.

Con la minina honestidad informativa con que revelamos los primeros (ver día 1 de septiembre) que una

seria crisis sacudía a la U.C.D. y al Gobierno, descubrimos una semana después que había serias

tensiones en el P.S.O.E. Por encima de las anécdotas personales, reiteramos hoy nuestra afirmación. El

Partido Socialista Obrero Español atraviesa una profunda crisis de identidad y los enfrentamientos

internos son mucho más graves que los que ocurren en la U.C.D.

Según un testigo de excepción, «los votantes están contra las bases; y las bases contra la Ejecutiva de

Madrid; Felipe González se esfuerza por controlar la Ejecutiva, pero no puede». Evidentemente, el

P.S.O.E. no ha digerido 1a carga de moderación que entró en el partido en las pasadas elecciones. Basta

darse una vuelta por provincias. Acaba de dimitir toda la Ejecutiva de Galicia, lo mismo que la de Sevilla,

y ha pedido la baja uno de los principales líderes psoeistas de Málaga. No van a ser los últimos.

En Aragón, por ejemplo, el malestar es visible. Hay una evidente ofensiva contra el aparato que controla

don Alfonso Guerra. El señor Guerra tuvo un serio enfrentamiento con don Felipe González en la reunión

de Sigüenza en torno a la forma de Estado. El señor Gónzalez ha tenido que actuar en los últimos tiempos

esquivando a la Ejecutiva. La pugna entre la corriente socialdemócrata y la marxista radical (es decir, la

lucha por el control del partido) es patente.

En altas esferas de decisión (los pactos existen) se quiere potenciar la línea socialdemócrata del P.S.O.E.,

que encabeza el señor Múgica (y a la que pertenece el señor Boyer y la corriente socialdemócrata de

Ü.C.D., para poder tender puentes en el futuro y facilitar la alternativa sin traumas. Esta es una operación

cantada y clamorosa. Una de las personas más próximas al señor González acaba de revelar en privado

que «el secretario general trata de imponer su autoridad en la Ejecutiva».

Los constantes problemas que le plantean sus parlamentarios, por actuaciones cuando menos

imprudentes, es otra de las serias preocupaciones. Cualquier observador lúcido desea que, por el bien de

este país, el P.S.O.E. consiga coherencia interna y madurez política.

 

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