Un mal camino     
 
 ABC.    04/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UN MAL CAMINO

Las palabras pronunciadas por el senador por Oviedo don Rafael Fernández Alvarez, del P. S. O. E.,

como portavoz de su grupo parlamentario en la primera sesión ordinaria de la alta Cámara, son muy

dignas de meditación.

El senador socialista manifestó que «es creencia de su grupo parlamentario que el Senado debe ser

especialmente sensible al tema de la corrupción en las distintas formas que ésta tiene en nuestra

sociedad». Hasta ahí, nada que oponer.

Todo lo contrario: aplaudimos esa proposición porque antes y desde siempre hemos preconizado el

máximo respeto y exigencia en el cumplimiento de las leyes y es evidentemente una lacra social, que es

fuerza erradicar de nuestra sociedad, la arbitrariedad, prevaricación, el fraude y el nepotismo. En todos los

casos y en cualquier supuesto.

Pero no merecen los mismos aplausos las ideas del senador Fernández en orden a la «creación de

Comisiones senatoriales de encuesta e investigación». Hoy por hoy no es esa la misión del Senado y,

sobre todo, pecaríamos de ingenuos si no advirtiéramos que tras estas palabras se encierra un viejo

propósito del Partido Socialista Obrero Español: amenazar con abrir proceso al Régimen anterior so

pretexto de no se sabe bien qué ingentes y colosales prevaricaciones cometidas durante su vigencia.

Amenaza vaga, inconcreta y difusa, pero que siempre se queda en amenaza.

Pues bien: si ha habido corrupción —y donde la haya habido— el único camino a seguir es el de los

Tribunales de Justicia. Que allí el señor Fernández y el P. S. O. E. aporten los datos que posean, soliciten

las investigaciones que crean oportuno y activen el celo de nuestros funcionarios judiciales (celo que, por

otra parte, no necesita de mayores incentivos).

Pero lo que no es de recibo es esa demagógica alegación, ofensiva e injuriosa, inconcreta e

indiscriminada, que pretende abarcar a cuantos sirvieron a lo largo de los últimos cuarenta años. Eso, ni

es verdad, ni es tolerable. Por lo tanto, menos palabras vagas y más querellas criminales concretas. Sin

olvidar, por supuesto, que en nuestro Código Penal existe también el delito de acusación o denuncia falsa,

y que algún alguacil socialista puede terminar justamente alguacilado.

El camino de amenazar con abrir un proceso de indiscriminadas acusaciones a todos y a todo lo anterior

es malo, muy malo.

 

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