Autor: Onega López, Fernando. 
   El Péndulo     
 
 Arriba.    12/01/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Fernando ONEGA

LA cera que arde es ésta: la electoral.

En voz baja circulan las primeras listas de candidatos —sometidas todavía a todas las revisiones posibles—, y los líderes, como dicen en mi pueblo, corren que se las pelan. García López, por ejemplo, del que dicen que ya consiguió créditos de un Banco, logró conectar en un dia con dos de los poderes visibles: el político y el eclesiástico. Los socialdemócratas traen a Sá Carneiro, los cristianos reúnen su comité electoral, la oposición dice que el mínimo aceptable en los porcentajes es el dos por ciento...

Es la gran carrera hacia la frontera que los expertos sitúan en el próximo mes de mayo como fecha más probable entre las posibles.

El día de ayer hubiera quedado muy redondo, políticamente hablando, si el fantasma de la violencia no siguiera enturbiando el paisaje del País Vasco. Hubo un atentado, hubo huelga generalizada en Bilbao por la muerte del joven Juan Manuel Iglesias y, en resumen, lejos de llegar a la necesaria distensión en aquellas tierras, alguna notas aisladas parecen quererse convertir en enemigos de la convivencia. Nunca como estos días dolió el problema vasco. Nunca como estos días volvieron a sonar las llamadas a las soluciones políticas que, como todos sabemos, comienzan por una palabra muy concreta: amnistía.

Salvadas estas notas, la tónica general es de optimismo. Las puertas del Palacio de la Moncloa vieron ayer más sonrisas que nunca. El resumen es éste: se negocia. Y se negocia con todos. El gran empujón de Adolfo Suárez consiste en haber sabido llegar —aunque sea por separado— a todos los frentes: al de la oposición, que en su día fue rupturista; al de los grupos, que en su día abanderaron la reforma —o incluso hablaban solamente de «evolución»—, y al de los socialistas, que van por libre, por el momento, sin grandes respaldos extranjeros.

Por debajo de esa certidumbre de que se negocia, lo demás apenas tiene importancia. Porque lo que de verdad constituye el auténtico reto político de cara a la primavera es conseguir unas elecciones que sean aceptadas por todos los sectores.

De poco servirían en este momento de consolidaciones, si fuerzas que tienen peso específico en nuestro entorno geográfico, se consideran sin suficientes garantías ante los resultados o ven un procedimiento dudoso en su pureza. El gran acierto del Gobierno actual, por encima de cualquier otro, es haber conseguido que la reforma sea aceptada por la mayoría y que apenas se discuta el referéndum. Si no ocurre lo mismo con las elecciones no habríamos hecho nada.

El ritmo y la forma de diálogo dan a entender que, de momento, y aunque se hagan borradores de normas electorales en mesas separadas, se marcha por un camino aceptable.

Por de pronto, y aunque no haya resultados definitivos, ya es importante que durante tres horas se haya conversado desde la cúspide del ejecutivo con hombres que dirigen partidos a los hace

soto unos meses había que anteponer el calificativo de «ilegal».

Son tiempos de flexibilidad, y por eso es difícil entender que aún surjan actitudes como la del grupo parlamentario de Acción Institucional, que pide que sólo se hable con quienes hayan pasado por «ventanilla». Quienes así hablan no llegaron a entender aquellas palabras de Adolfo Suárez, que explicaba la dificultad de gobernar con una legislación anclada en el puerto de salida, y hay que atracar en puerto de llegada.

Por la demás, la nueva batalla de actualidad viene del lado de las Cortes, donde Enrique de la Mata abrió ayer un apasionante capítulo de debate sindical. Surge el proyecto de ley que presentó bajo el signo de la libertad, y sin ningún afán de soluciones de finitivas.

La «gran reforma» vendrá después, cuando las «constituyentes», como casi todo. Paro hablamos de pluralismo, que es siempre el primer paso para comenzar a señalizar un futuro democrático.

 

< Volver