Diálogo con el gobierno     
 
 Arriba.    27/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

DIALOGO CON EL GOBIERNO

Varios partidos de oposición se reúnen hoy en Madrid en un nuevo intento de encontrar una postura unitaria ante la situación política. Destaca, entre los propósitos de la reunión, el de ponerse de acuerdo para iniciar una negociación con los poderes públicos y, concretamente, con el Gobierno. ¿Hay alguien que, razonablemente, se pueda oponer a la iniciativa? Creemos que no. Mantuvimos en este periódico la tesis de que la ley de Reforma pasó las Cortes porque hubo predisposición al pacto. Una vez superado este paso, creemos con la misma firmeza que los problemas políticos actuales sólo se solucionarán si existe un diálogo sincero y una disposición a entenderse.

Por todo ello, de antemano, decimos sí a las negociaciones con el Poder. Pero negociar —y es preciso decirlo pronto— no es acudir a una cita para una rendición incondicional. Y mucho nos tememos que algunos planteamientos de destacados líderes que estos días saltaron a las tribunas de la Prensa buscan esta rendición, y no otra cosa. La oposición española está demasiado aferrada al «no» por sistema; sigue siendo demasiado intransigente en sus negativas; sigue siendo dogmática, cuando pretende condenar oí dogmatismo de los demás; esta, por decirlo de una forma gráfica, excesivamente «profesionalizada» en su postura de oposición como para hacernos concebir grandes optimismos en cuanto a sus ofertas.

Con la misma satisfacción con que hemos comentado siempre los contactos del Presidente Suárez con personas representativas de fuerzas políticas, saludamos hoy el anuncio de que el lunes se reunirá con el equipo de estado de la Democracia Cristiana. Creemos ver en este gesto un síntoma de que el diálogo es posible. En cuanto al pacto político, lo hace factible la ley de Reforma, pero antes hay que llegar a un acuerdo de aceptación del terreno y de las normas de juego. Ante ello —que repetimos que es preciso— negocíase. El Gobierno debe propiciar los contactos. Pero la oposición, a la hora de acercarse a la mesa de conversaciones, si existe, debe pensar más que en lo utópico, en lo posible. Aunque la oposición necesite grandes banderas para enraizar se en el cuerpo social, el país necesita realidades.

 

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