Negociar a toda costa     
 
 Diario 16.    29/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Negociara toda costa

La negativa del Gobierno a negociar con una comisión de la oposición que incluya a Carrillo o a cualquier otro representante "del Partido Comunista es lamentable pero previsible. De la cárcel no se pasa (directamente a los despachos de Presidencia, salvo que se haya derrotado al Gobierno de turno, 10 cual ni ha ocurrido ni es probable que ocurra antes de las elecciones. Moralmente los comunistas tienen toda la razón para quejarse de que un ex secretario general del Movimiento, que todavía hace poco tiempo vestía camisa azul, rehuse hablar con ellos cuando se trata de traer la democracia a este país. Si unos proclaman su derecho a hacerse demócratas cuando el dictador se ha muerto, otros que han luchado tantos años por la democracia no deberían quedarse fuera de la mesa de negociación.

Pero en política lo que cuentan son los hechos y éstos están bien claros: el Gobierno ha dicho que no puede sentarse con los comunistas y hay razones de mucho peso para creer que esta posición no cambiará en los próximos meses. La oposición se encuentra, pues, ante la alternativa de seguir hablando o de dar un portazo. Claramente los otros grupos de la oposición son partidarios de seguir hablando, entre otras cosas, para conseguir las mejores condiciones posibles en las futuras elecciones para los propios comunistas, pero éstos parecen inclinados, por el momento, a la posición dura del todo o nada. Hay que confiar en que su realismo político les haga recapacitar, porque el país no está para que nadie se ponga por su cuenta a echar ordagos.

El único camino seguro hacia la democracia que tenemos en este momento, después de cuarenta años de dictadura, no lo olvidemos, son las elecciones. Debe, pues, negociarse con el Gobierno y deprisa para conseguir que las elecciones, si no son un modelo, se hagan al menos en condiciones aceptables y romper la baraja solamente si se comprueba que el Gobierno pretende hacer otro referéndum. Si fuera así, los responsables de la ruptura tendrán detrás a la opinión pública, cosa que no tuvieron hace unas semanas.

Lo otro sería condicionar toda la evolución política a los intereses del Partido Comunista. La responsabilidad de éste, si pretendiera plantear la batalla con el Gobierno en esos términos, sería muy grande. Para empezar, destrozaría su labor de años, porque la oposición se dividiría; la opinión pública no comprendería tampoco que los líderes comunistas se moviesen exclusivamente por sus conveniencias e intereses a corto plazo, cuando está en juego la democracia; y dentro de unos meses nos encontraríamos con que la oposición, desgastada y habiendo perdido miserablemente el tiempo en luchas internas, sufriría un nuevo descalabro en las urnas.

¿Es esto lo que le interesa al Partido Comunista si él no puede salir triunfador? Confiamos en que no vaya por ese camino, que sería el mejor regalo de Reyes para las fuerzas reaccionarias, porqué pondría en tela de juicio la credibilidad del eurocomunismo hispano.

 

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