Autor: García Serrano, Rafael. 
   Miércoles 1 de diciembre     
 
 El Alcázar.    02/12/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

MIÉRCOLES,

1 DE DICIEMBRE

Está el país —con perdón— de tal conformidad, que volver a la maquina de escribir después de un traspiés gripal y bronquítico más o menos de garabatiIlo, produce la misma impresión que hace cuarenta años —igualmente con perdón— regresar al frente después de un tropiezo sanitario cualquiera. El caso es que siempre se encontraba la situación más grave y la densidad del peligro aumentada en equis grados. Tal cual pasa ahora.

La verdad es que yo pensaba haberme incorporado a la línea ayer mismo, pero me lo impidió la impresión traumático-artística de una fotografía. Yo estoy seguro de dos cosas: una, de que don Francisco de Coya y Lucientes fue un gran pintor, y dos, de que don Francisco de Coya y Lucientes ya hace mucho que se quitó de fumar. Sin embargo, contemplé una foto que me hizo dudar de ambas afirmaciones, porque desde "La familia de Carlos IV" no había contemplado nada tan esperpéntico, tan realista, tan caricaturesco como la foto de mi cuento y hasta pensé que don Francisco de Goya había resucitado con una Kodak en las manos. La foto que me dejó k.o. durante veinticuatro horas más era la que pudiéramos llamar, sin ofensa, "La familia democristiana del Estado español" retratada a la salida de su gira por Castellana 3, domicilio, por el momento, del Presidente Suárez.

Sin ser en color me daba todos los tonos grotescos de la paleta de Goya, toda su carga de futuro, toda su sorna tremenda, su atroz cachondeo, su ira premonitoria y se .adivinaba fácilmente la terrible purrela humana del inmediato porvenir, que dividirá a España entre sonrisas, derechos, declaraciones y pragmáticas sanciones democráticas.

Ni siquiera me preocupó el establecer las responsabilidades legales que pudieran derivarse de la presencia del señor Ajuriaguerra (del Partido Nacionalista Basko) en relación con el Código Pena!, todavía no derogado. (Esta misma mañana escribía José María Ruiz Gallardón: "No se puede transigir con

ninguna forma de separatismo, más o menos encubierto, mientras siga vigente el apartado 3° del mismo precepto penal". Se refería a uno bien determinado del Código Penal).

Nada me preocupó, sino tratar de tomar fuerzas ante semejante invasión de España; y por ello me autoricé veinticuatro horas más de tranquilo descanso, en la seguridad de que en España ya no va a haberlo en muchos años. Porque este retrato de la familia democristiana del Estado español, no es más que una pequeña parte de la serie Goya con que nos amenaza la política, y si su capacidad destructora es tanta como la demostrada a lo largo del siglo XIX por la familia retratada por el genial aragonés, pasen y vean por el Prado, basta saber sumar para echar la cuenta de lo que nos espera. De modo que veinticuatro horas no son ni .siquiera un descanso. Más bien pudieran calificarse como un "paralís" sufrido al contemplar a don José María, don Joaquín, don Juan, don Antón, don Vicente y el señor Isla a la puerta de Castellana 3, ni se si antes o después de comerse la paella.

2 — DICIEMBRE — 1976

 

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