Autor: Cruz Gutiérrez Gómez, Juan de la. 
 Manuel Fraga Iribarne. 
 No pienso abandonar mi actitud de centro y reformista     
 
 Ya.    17/10/1976.  Página: 9,11,14,15. Páginas: 4. Párrafos: 54. 

Manuel Fraga Iribarne

>No pienso abandonar mi actitud de centro y reformista>

PRIMERAS horas de la mañana de un día de octubre. Cita con Manuel Fraga Iribarne. Viene en traje gris,

camisa con rayas azules. Porte sereno y tranquilo. Cartera de trabajo en la mano. "¿Cómo están? Pasen a

mi despacho, par favor." En el trayecto, corto, le dice a la secretaria que quiere hablar con Fernández de

la Mora, con Federico Silva, con el hijo de Nieto Antúnez. Despacho sencillo, con pocos adornos, y

aglomerándose en las estanterías aquellos libros de Manuel Fraga Iribarne, sobre Manuel Fraga Iribarne,

de Reforma Democrática... No sé si decir ahora, más despacio, ante la máquina, que es un amplio

ventanal político. La reforma y la democracia. De mirada fija, abierta r penetrante, directa, al periodista.

De voz serena y pausado, firme, decidida, espontánea y rápida, reflexiva al mismo tiempo. Pocas veces

tuerce el gesto, la silueta, mismamente, de su temperamento y actitud. Porte diplomático y correcto.

-¿Quién es el señor Fraga Iribarne? ¿Admite usted esa imagen, entre autoritaria y maquiavélica, con que

a menudo se le presenta?

-Nadie puede juzgarse a sí mismo, y un hombre público menos que nadie. Pero yo no soy ningún

personaje enigmático, sino bien visible y claro, a lo largo de toda una vida dedicada al servicio público.

Vengo de familias modestas y campesinas, de esa raíz aldeana que hace sólidos a los pueblos. Mis padres

se conocieron en la vida dura de la emigración americana; yo fui el mayor de doce hermanos, siempre

conscientes de una responsabilidad familiar y social. La mayor parte de mis éxitos los debo a haber

trabajado más honras y con más entrega que otros. He sido un razonable servidor de mi familia, de mis

amigos, de mi patria chica. Cuando enseñé, lo hice con dedicación, pero sin dejar que los alumnos se me

subieran a las barbas. He sido un funcionario disciplinado y eficaz, que ha conocido varios ministerios y

funciones dentro y fuera de España, que nunca puso a su cuerpo por encima de los intereses generales del

Estado. He pasado por posiciones de relativa influencia, avanzando en el escalafón administrativo y

político, pero sin cambiar de casa, de amigos ni de posición económica. Cuando me tocó mandar, lo hice

con firmeza y con imparcialidad; pero toda mi obra de gobernante ha sido al servicio de la mayoría, de la

apertura y de la libertad. Es cierto que me he equivocado y no pocas veces; pero las lineas maestras de mi

carrera no me avergüenzan, siendo como soy, al fin y al cabo, un hombre de carne y hueso, y no un santo

de cartón piedra.

-¿Por qué fue nombrado ministro en el primer Gabinete del Rey don Juan Carlos?

-Se me ofreció la posibilidad de servir y la acepté, de lo que no me arrepiento.

Cenas con la oposición

-¿Qué motivos le llevaron a aquellas cenas con la oposición ?

-Siempre he pensado que hay que optar por hacer política o por cuidar la línea y el colesterol. Las

entrevistas en un despacho son siempre envaradas y convencionales, y lo que es peor, interrumpidas por

los teléfonos. Por algo corté yo uno, una vez, que me sobraba, después de intentar durante semanas que

me lo quitaran por las buenas... Por otra parte, el día no tiene más que veinticuatro horas; sí comparo

los días míos en el pasado Gobierno con los más pausados en Londres, me faltaba en cada jornada una

hora para pasear y otra para dormir. Entonces, almuerzos y cenas se convierten en utilísima prolongación

del horario de trabajo y en una situación más distendida para ciertos coloquios. He comido, a lo largo de

los últimos meses, con millares de personas; por supuesto, lo más interesante no es necesariamente lo que

se ha publicado. Mis comensales, a menudo, han dado sus versiones de estas comidas; yo no lo he hecho

nunca, pero todas han sido interesantes y positivas. He almorzado, cenado o merendado con Gil-Robles,

con Ruiz Giménez, con Llopis, con Abad de Santillán, con Felipe González, con Tierno, con Antonio

García, con el hijo de Giral, con Alvarez de Miranda, con Pallach, con Canyellas, con Salazar y Salcedo,

con Tamames; la lista sería interminable. Y, por supuesto con poetas en Villafranca; con periodistas cada

semana; con presidentes de Diputación, alcaldes y procuradores constantemente; con las asociaciones

política ya constituidas, etcétera. No he sido a veces capaz de contestar a la pregunta que una vez me hizo

Raimundo Fernández Cuesta de "en qué habíamos quedado", pues, en realidad, sólo habíamos quedado en

irnos a dormir y en seguir hablando. Pero, repito, siempre queda una aproximación espiritual y humana,

de la que siempre está necesitada nuestra sociedad celtibérica, individualista e hirsuta.

-¿De qué hablaban en aquellas cenas?

-Cada uno hablaba de lo que le parecía. Los representantes de Izquierda Republicana, de la necesidad de

autorizar un partido republicano, a lo que yo repliqué que lo importante es lograr la democracia y la

justicia social, y que la Monarquía era, en España, el medio más idóneo. Otros me hablaron de problemas

regionales; éstos, de la necesidad de legalizar a todos los partidos; aquéllos, de sus homologaciones

extranjeras. Casi siempre había algún tema concreto, de unos pasaportes o unas detenciones o de la

conveniencia de autorizar un homenaje a Pablo Iglesias. A mi vez, yo les he hablado casi siempre de lo

mismo: de la necesidad de dar tiempo al tiempo, para que, a su vez, el tiempo respete nuestra obra; de la

imposibilidad de resolver todos los problemas a la vez, frente a la posibilidad de abordarlos uno a uno; de

la obligación de poner a nuestra España por encima de los intereses regionales, de partido o de

ideología.

Les he hablado de la posibilidad histórica de formar un gran consenso en torno a la Corona, y a partir de

él abrir una auténtica vida política, con múltiples opciones abiertas; del fracaso que seria para la izquierda

el no tomar las reales posibilidades que se le ofrecen, encasillándose en posiciones maximalistas e

intransigentes; de la imposibilidad de mirar resentidamente hacía atrás, cuando existen tantas

posibilidades de abrir ilusionadamente hacia el porvenir. Les advertí que de ruptura nada, que no

toleraríamos el desbordamiento en la calle, que me encontrarían firme como el granito de mi tierra frente

a todo intento de subversión, pero que, dentro de la ley, todo o casi todo sería viable. Les expliqué lo

inevitable de las exclusiones de quienes no aceptaran las reglas básicas del juego. Les aclaré el

significado histórico y el alcance de la reforma, en un paralelo con e1 compromiso posibilista que se

logró en la primera Restauración. Y así sucesivamente... Unos se convencieron más que otros, pero

también en esto hay que dar tiempo al tiempo. Ahora bien: el que pierda un tren, que no se queje si otro

toma su sitio o si llega con retraso o a la estación que no le interesa.

La palabra ruptura

-¿Cuál sería el balance del primer semestre de aquél primer Gobierno de la Monarquía?

-Creo que una de las cosas que no se podrán negar es que el país ha vivido, en torno al Rey, una

transición razonablemente pacifica y tranquila. El mérito principal le corresponde al pueblo español, que

ha repudiado la violencia y la ruptura; y debe decirse que ha sido provocado a ella, y que, en algunos

momentos, se le presentó por algunos sectores informativos el tema de modo confuso y provocativo. Pero

la sociedad española (a diferencia de lo que nos ocurrió en 1931 y de lo que pasó en Portugal hace dos

años) sabía perfectamente lo mucho que tenía que perder en cualquier aventura, y ha demostrado una

indudable madurez cívica. Por otra parte, el conjunto de las autoridades y las fuerzas de orden público han

sabido actuar de un modo ejemplar. Hubo, por supuesto, momentos difíciles, como en Sabadell e incluso

dramáticos, como en Vitoria (nunca olvidaré las horas que pasé allí), pero el conjunto es indudablemente

satisfactorio. Ya la palabra "ruptura", mantenida como tópico, carecía de circulación efectiva en julio; se

hablaba de ruptura pactada y de otros eufemismos. Me temo que después ciertas esperanzas hayan

reverdecido.

• "Por primera vez doy un grupo de personas dispuestas a dejar a un lado los personalismos políticos"

• "La alianza sería la creación de un centro-derecha, como en los grandes países europeos"

• "El Gobierno tiene que gobernar las cosas para después de las elecciones"

• "La violencia se mueve dentro de unos márgenes que el país rechaza"

• "En las cenas políticas defendí la imposibilidad de resolver todos los problemas a la vez"

• "De todo lo que he hecho estoy dispuesto a dar cuenta" • "El país ha vivido en torno al Rey una

transición razonablemente tranquila"

• "Los nuevos españoles viven mejor, son más libres, más abiertas y menos oprimidos"

• "Vengo de familia modesta y campesino, de esa raíz aldeana que hace sólidos a los pueblos"

• "Cuando me tocó mandar lo hice con firmeza y con imparcialidad"

Lo civilizado es la reforma, que es lo que el Gobierno había propuesto y se iba realizando con precisión y

con ritmo adecuado. En vez de hacer un solar y luego ponerse a pensar lo que se hace, lo que ha de

hacerse con una casa que se ha quedado pequeña y que tiene algunas partes en mediano estado, es llamar

a un buen arquitecto, hacer el proyecto que salve lo más posible del edificio, y que sea más barato, y

mientras duran las obras apretarse un poco, como una familia bien avenida. La ruptura es la ruina general,

en lo que, por supuesto, algunos listillos saldrían ganando. La reforma es lo sensato y, a final, puede

incluso llegar más lejos que la ruptura, pero por caminos seguros y guardados.

Es indudable que habíamos presentado al país un plan completo, racional y equilibrado de reformas

políticas: modificación del Derecho Penal, leyes de Reunión y Asociación; Reforma Constitucional y ley

Electoral; mientras se habían acometido importantes temas económicos y fiscales, se había mejorado el

Derecho social, se entraba a buen ritmo en la Reforma Sindical, se acometía en serio el tema regional, y el

país se enfrentaba con todos, los temas administrativos sin ningún parón, con autoridad, eficacia y

continuidad. Yo creo que no está mal, en conjunto, el panorama de lo realizado en aquel difícil semestre.

Transición

-¿Cómo es la España de la transición?

-Desde que promoví y dirigí la obra colectiva "La España de los años 70", estoy persuadido de que

España es, en estos momentos, una de las sociedades con mayor índice de renovación real de toda la

Europa occidental. Lo es, en primer lugar, porque es un país joven, con una mentalidad aún elevada, que

produce una juventud numerosa y activa, y menos sometida que antes a la influencia de las generaciones

anteriores; porque la mujer española, en la última generación, se ha emancipado, se ha educado y ha

removido los cimientos mismos de la convivencia; porque hemos vivido, por fin, la civilización

industrial, y millones de personas se han motorizado, han encontrado mejores puestos de trabajo y viven

mejor; porque hemos tenido (con treinta millones anuales de visitantes y cuatro millones de turistas

españoles al extranjero) más contactos con el mundo; porque nuestro catolicismo es posconciliar, y así

sucesivamente. La increíble verdad es que, bajo las apariencias de un cierto inmovilismo formal, hemos

vivido en los últimos veinte años una revolución religiosa, una revolución económico-social, una

revolución cultural y moral, y ahí está el modo de la cuestión. Pretender que esta nueva sociedad no

necesitaba de reformas políticas es postular algo absurdo. La distancia entre la realidad social y la ley

acaba siempre por crear vacíos insalvables.

Los nuevos españoles viven mejor, son más libres, más abiertos, menos oprimidos por la costumbre y el

qué dirán. Tienen un porcentaje mayor de profesionales, de empresarios, de gentes leídas y viajadas. Las

mujeres no sólo saben de cocina y de la casa, ni paran tanto en ella. Hay una básica seguridad económica

y social. Pero surgen los riesgos del tráfico; la insuficiencia del viejo urbanismo; los problemas de la

escolarización; la necesidad de guarderías, porque las madres trabajan fuera, etcétera. Hay que buscar

nuevas fórmulas, nuevos arreglos; en definitiva, nuevas leyes. A eso apuntaba la reforma; pero a hacerlo a

la romana o a la inglesa, no a lo bestia. Y ahí estábamos... Ahora, ya lo veremos.

-¿Cuáles son sus tendencias políticas fundamentales?

-Yo creo que son las que se deducen de lo anterior, y que son típicas de todo proceso en el que

predominan los cambios rápidos. Por supuesto, me voy a referir a las fuerzas básicas, a las que significan

algo; no a la proliferación de siglas o a la potenciación de ciertos personalismos.

Hay, en primer lugar, los que creen que lo mejor sería dejar las cosas como están. Se mezclan muchos

argumentos: que nunca estuvimos mejor, que es la lealtad que debemos al grande hombre que acaba de

desaparecer; que los riesgos de un Frente Popular son insalvables, etcétera. A mí me parece, en primer

lugar, que todo el país necesita fuerzas conservadoras; que una parte de sus argumentos son reales, pero

que, en definitiva, hay dos cosas que no pueden olvidarse. La primera, que Franco ha muerto; la segunda,

que los cambios indicados mostraban ya, en los últimos años, que el sistema diseñado en los años treinta

y cuarenta, a pesar de las reformas introducidas en los años sesenta, ya no era suficiente para abarcar la

compleja, rica y potente realidad de la España actual. Y, por supuesto, el mayor mérito del franquismo

«será siempre el haber hecho una España más grande que el sistema mismo.

En el extremo opuesto están las gentes de la ruptura. Mientras los anteriores desean que no se mueva ni

una teja, estos otros proponen el derribo total. Por supuesto, unos y otros quieren mandar: los primeros,

para prohibir las obras; y los segundos, para hacerlas por administración directa. Pues bien: no estamos

para esas bromas. Aquí no se va a tirar nada de lo que está en buen estado, que es mucho; y se va a

arreglar todo lo que haya de ser arreglado. A esto vengo llamando hace tiempo actitud o política de

centro, o reformista. No pienso abandonarte, en modo alguno.

Próximas fuerzas

-Aparte de ese diagnóstico general de las posturas básicas, ¿qué fuerzas efectivas ve usted participar en

les próximo procesos electorales ?

-Podrán hacerlo, obviamente, todos los que lo deseen dentro de la ley. Excluidos, por supuesto, los

activistas y terroristas de ambos extremos, que no la respetan, quedando claro que ninguna actividad sepa

ratista será tolerada, y no siendo menos claro que el Partido Comunista va a quedar en cuarentena

hasta que demuestre que no es un partido enemigo del mismo orden que se trata de crear; yo veo cuatro

fuerzas fundamentales en la escena política española de los meses próximos. En primer lugar, un grupo

básicamente interesado en la continuidad, como los conservadores ingleses o los gaullistas

franceses. Conservatismo no quiere decir, necesariamente, derechismo; quiere decir que el acento se pone

más en la conservación que en el cambio. Yo entiendo que la mayoría de las asociaciones constituidas

con arreglo al estatuto del setenta y cuatro están en esta legitima posición, y considero positivos los

esfuerzos que varios de sus líderes están realizando para, unificar esfuerzos e integrar a estos grupos

con otros afines, con la condición, naturalmente, de que acepten la reforma y abandonen toda idea de

obstruirla o de jugar con ventaja.

Un segundo grupo de fuerzas arranca también de lo existente y lo respeta, pero pone un mayor acento en

el cambio y en la reforma. Sinceramente me considero más bien en esta posición evolutiva, reformista y,

en definitiva, centrista. Los giscardianos en Francia y los liberales en Alemania, amén de otros grupos,

marcarían un posisible paralelo, pero no me preocupan tanto las homologaciones como la sustancia de las

cosas. Creo sinceramente que son muchos más los que parecen, los que piensan y actúan en esta dirección

y que, como aquel personaje de Moliere, hablan en esta prosa sin saberlo. Este grupo y el anterior, a mi

juicio, pueden perfectamente colaborar para oponerse a la ruptura y hacer posible una reforma

responsable.

Vendrían a continuación todas las izquierdas democráticas no socialistas. Observe que no hablo de los

grupos demócrata-cristianos o cristiano-sociales, a los que veo irremisiblemente divididos, y que se van a

repartir entre las tres posturas hasta ahora indicadas, lo que considero muy positivo para la Iglesia y para

España.

Finalmente, veo a los socialismos, y lamento tener que hablar en plural, porque España necesitaría un

fuerte partido socialista y democrático, como los que andan por Europa. Para ello hace falta que nuestros

socialistas, que hundieron a la Segunda República (de la que debieron haber sido los grandes

protagonistas) con sus divisiones y con la insensata decisión de ir a la lucha armada en octubre de mil

novecientos treinta y cuatro, se olviden de una vez de personalismos y de trasnochadas actitudes

revolucionarias para adoptar una línea semejante a la de sus amigos alemanes o ingleses. Y, por cierto, yo

les aconsejaría que viajaran menos y trabajaran más a su espléndida base, no con demagogia, sino con

sentido común. Estas posturas, en definitiva, de algún modo se orientarían al centro, dejando a los

extremos fuera de un juego de enfrentamientos violentos.

Fraga es un hombre sereno y grave que no altera el ritmo de la conversación. Frente al periodista parece

ese torrente que emana abundante sentido político. Habla tremendamente decidido.

Asociaciones

-¿Su alianza dentro de la FAMO (Federación de Asociaciones del Movimiento?

-Eso es una definición equivocada. No hay ninguna federación nacional del Movimiento. Nosotros

somos un grupo de personalidades que nos hemos reunido para estudiar el país y su situación. Unos

formaban parte de asociaciones de esa naturaleza, otros no. Por ejemplo, el señor Silva nunca llegó a

formalizarla dentro del viejo estatuto. Yo tampoco lo hice dentro del viejo estatuto. Otras personas van a

título personal. Por tanto, rechazo la definición, lo cual no quiere decir que yo no tenga gran respeto por

las asociaciones que están dentro del Movimiento. Este es un problema completamente distinto.

Somos un grupo de personas que, ante la situación actual del país, que consideramos seria-y a la vista

está que lo es en el plano social, económico y político-, hemos decidido unir nuestras fuerzas para

presentar al país una verdadera opción democrática. Es fácil decir que se va a dar la palabra al país. Pero

para eso hace falta que se pueda formular como en todos los países civilizados, es decir, de una manera

razonable. No hay manera razonable de hacerlo si no es con unas fórmulas constitucionales e incluso

electorales. Hace falta presentar al país un número de opciones razonables y coherentes. Un país que se

enfrenta con numerosas ´opciones´, muchas de ellas incoherentes y otras muchas difíciles de distinguir por

personalismos de quienes las dirigen o pretenden representarlas, no es serio.

Por primera vez en los últimos meses y quizás en mucho tiempo de la historia de España hay un grupo de

personas dispuestas a dejar a un lado los personalismos, cuestiones anteriores, pequeños rencores, para

formar una fuerza coherente, una fuerza democrática que acepta la reforma-yo he sido uno de sus

grandes promotores desde los años sesenta-y una fuerza democrática. He pedido la reforma cuando era

difícil pedirla y no todo iba bien, y ahora pido que la reforma sea reforma y no sea ruptura. Creo que es

un gran servicio que se puede prestar al país justamente frente a algunos sectores de la derecha que

puedan seguir manteniendo posiciones más o menos ultras de rechazo a toda reforma. Nosotros

aceptamos la reforma y jugamos dentro de ella...

-¿Qué significación tendrá la alianza ?

-Seria la creación de un centroderecha, como existen en grandes países de Europa, que tendría, primero,

la virtud de representar lo que yo creo que es un sector grande de opinión; segundo, contribuir a la

estabilización en un momento de tránsito, y tercero, y mucho más importante, damos un ejemplo cívico a

otros sectores.

Se calla un instante. Le miro. Me interroga.

-¿No cree usted que los socialistas y otros grupos debían hacer lo mismo?

-A raíz de lo que estamos hablando me interesa conocer sus relaciones actuales con los señores

Areilza y Cabanillas.

-Areilza es un viejo amigo, y Cabanillas no hace falta decir que es uno de mis mejores amigos. Este

verano he discutido ampliamente estos problemas con ellos en tres reuniones, de las cuales una saltó

ampliamente a la prensa y las otras dos tuvieron un carácter más confidencial. Les he expuesto mis

reflexiones sobre el momento. Ellos me expusieron las suyas, reflexiones que no eran totalmente

coincidentes. Y eso es todo. Yo he tomado el camino que les anuncié, y si alguna vez desean incorporarse

a él, pues... El señor Cabanillas tuvo un momento de gran interés, lo cual hace suponer que no eran tan

disparatadas como ha manifestado algún portavoz. El señor Areilza tenía otras ideas, pero estoy seguro

que siempre nos hemos encontrado al servicio de España. El señor Areilza y yo hemos sido buenos

compañeros de Gobierno. Juntos entramos, juntos salimos, con reflexiones semejantes, y juntos

contribuimos a una empresa importante en su día. Pero no en todos los asuntos vemos las cosas igual, Las

relaciones con Cabanillas son demasiado cordiales, demasiado complejas para señalarlas aquí.

-A nadie se le oculta que usted es uno de los grandes cerebros políticos del país.

A mí me gustaría que usted, ahora, se definiera políticamente y diga quién puede ser Fraga Iribarne en el

futuro político español.

-No tengo que definirme porque soy uno de los pocos políticos españoles del que la gente se ha

molestado en preparar dos biografías y del que están publicadas sus obras completas y del que ahora

mismo van a salir sus discursos de su etapa ministerial. De todo lo que he hecho estoy dispuesto a dar

cuenta. Antes explico lo que voy a hacer y después cuento lo que he dicho y lo que he hecho. Por lo tanto,

no tengo que definirme. Creo que España está en un momento decisivo de su historia. Creo en la fórmula,

honestamente, que he defendido desde los años sesenta. Yo no me he movido. Otros sí. Otros han

cambiado de opinión en este tiempo. Decían una cosa en el sesenta y nueve y ahora otra. Yo he dicho

siempre lo mismo.

Creo que la fórmula es la reforma y que el país tiene que salir hacia adelante. Y que no se puede dar un

nuevo bandazo en esa trágica sucesión de pendulazos de la derecha a la izquierda, que le ha ocurrido a lo

largo de siglo y medio. Defiendo ese punto de vista y creo, sinceramente, que coincide con el de una

gran parte del país, unos conscientemente y otros menos conscientemente. Y pienso defenderlo con todos

los medios a mi alcance. Creo que hay que organizar seriamente el centro y el centro-derecha. En esa

operación estoy y creo sinceramente que presto un servicio al país. ¿Lo que ha de ser el futuro? No soy

profeta.

Reforma democrática

-¿Cuáles son los principales puntos en que se apoya ese intento de reforma democrática?

-Reforma Democrática está más articulada y más declarada que ningún otro movimiento del país. De

modo que el "Libro blanco" que hemos publicado no tiene paralelo ninguno con los otros grupos. Se

nos ha criticado muchas veces que somos un país que lee poco y que hemos escrito demasiado. No me

arrepiento de ello y, sinceramente, creo que no tenemos una doctrina. Sostenemos un punto de vista que

he defendido muchísimas veces como centrista, en el sentido de que defendemos la doctrina del Estado,

pero no los métodos autoritarios en la formación de la voluntad del Estado. Nosotros, como he expuesto

en mi libro "Un objetivo nacional", defendemos una serie de reformas. Defendemos una reforma

económica, social, educativa, religiosa, militar... Creemos que nuestro punto de vista tiene mucho

que ver con otros movimientos que existen en estos momentos en Europa. Conozco bastante bien

el partido conservador inglés, que acepta completamente la democracia y que juega dentro de

ella desde el punto de vista de que se hagan experimentos, pero que se hagan con garantías. De modo

que la URD, lo que queda del gaullismo, no puede ser definido como un partido de derechas. Es un

partido esencialmente del centro.

Basilio Fuentes

-En los últimos días se habla de alguna separación de los hombres de Fraga. Concretamente, sin ir más

lejos, el caso de Alicante. ¿Se puede conocer algo de estos hombres de Reforma Democrática?

-Que yo sepa, no ha habido más que una decisión personal de don Basilio Fuentes, que, por cierto,

quería ser gobernador y no pudimos nombrarle hace unos meses. Creo que le ha quedado un poco de

inquina-hay que decir las cosas por su nombre-, y ahora, de pronto, nos ha salido con esas

sorprendentes declaraciones antes de hablar con nosotros. Es su asunto, y yo mantengo gran respeto por

su persona. Dicho esto, ha habido una declaración en Baleares que no supone escisión ninguna. Han dicho

que ellos entienden, y entienden correctamente, que pueden mantener su política de alianzas tal como la

tenían mantenida. En Baleares, digamos, iban más hacia la izquierda. De hecho, el que ha hecho esas

declaraciones es un buen amigo mío, el señor Papell, ha dado lugar a una verdadera montaña de

telegramas de todo el resto de los afiliados de la isla, que están de acuerdo en toda la política que estamos

siguiendo. En lo demás ha habido dos declaraciones publicas: una de la Comisión Gestora Nacional y otra

de la Comisión de Madrid. Igualmente ha habido en Barcelona, Valencia y todos los sitios que he

visitado. Por tanto, es un asunto absolutamente de pequeñas reacciones personales, algunas de ellas, como

digo, con motivaciones muy estrictamente personales.

-A nadie se le oculta la difícil situación política, social y económica que atraviesa el país. ¿Cuáles son

las salidas que ve usted?

-Yo no improviso. Yo no hago ahora un programa político. Sobre esto he publicado recientemente un

artículo en "ABC" titulado "El país real". Perdóneme que le haya dado respuestas muy amplias y

generales de esta política para decir ahora si hay que subir un punto... Lo que sí creo que este país

necesita es, primero, que se le expliquen las cosas, lo que no se ha hecho; segundo, hay que tener valor de

decir cuál es la verdadera situación, y tercero, el Gobierno tiene que gobernar y dejarse de decir que las

cosas se harán después de las elecciones. Entre tanto el enfermo necesita cuidados y creo que está en

manos del Gobierno y del pais, que entendería perfectamente una explicación satisfactoria y dada con

autoridad sobre estos temas. Lo demás es entrar en problemas técnicos, de los cuales me remito al "Libro

blanco" citado. Desde luego, puedo asegurarle que a mí no me daría ningún miedo enfrentarme con esos

temas.

Violencia

-Creo que en el ambiente hay una pregunta muy importante y que usted, como ex ministro de la

Gobernación, es uno de los hombres más capacitados para responderla. ¿Qué opinión le merece la

situación actual de la violencia en España?

-España es un país donde tradicionalmente el temperamento nacional hace que la violencia florezca. Al

fin y al cabo, nuestra fiesta nacional son los toros. Segundo, ha habido zonas del país-hay que conocer la

historia del País Vasco desde el siglo XV y lo que es la historia de la guerra civil del siglo pasado-donde

desgraciadamente esa tendencia es un poco más elevada. Dicho esto, por ahora la violencia se mueve

dentro de unos márgenes que el conjunto del país rechaza, Pero también tengo que decir que la violencia

hay que combatirla enérgicamente, dando la batalla todos los días, sin complejos de ninguna clase, sin

preocupaciones por el resultado de que los que crean la violencia luego se enfrenten con los resultados y,

por supuesto, potenciando y dando moral a las fuerzas de orden publico, que en estos momentos son los

grandes baluartes del país.

-¿Qué papel pueden jugar en el futuro español unas elecciones auténticamente libres?

-Ya le he dicho que las elecciones no se pueden entender más que si se plantean sobre bases reales, es

decir, sobre opciones concretas. Usted puede ir a la tienda a escoger entre cuatro o cinco corbatas, pero no

puede escoger entre cien, ya que pierde tiempo y al final no se compra ninguna. La cuestión previa y

fundamental es que haya opciones políticas claras, frente a las que puede haber un arbitraje del cuerpo

electoral. Esa es la gran responsabilidad de los españoles, y tengo que decir que la mayor parte de ellos no

están correspondiendo a lo que supone esta responsabilidad. Frente a un grupo de hombres que lo estamos

intentando hacer inmediatamente han venido una serie de lamentables, vergonzosas y en alganos casos

canallescas críticas al único intento serio de opción que se ha hecho. Después de esto falta una ley

electoral razonable. Yo, desde luego, me pronuncio claramente, y es la única crítica importante que hago

al proyecto del Gobierno, en contra de la elección proporcional, que es un sistema que, como es público y

notorio, divide todavía más las opciones y hace más difícil un momento como éste, en que no hay

tradición de partidos.

Soy partidario, por tanto, de la legislación electoral que ha prevalecido en los países anglosajones, que

son los únicos que tienen una experiencia completa, sería, frente a la democracia, en distrito unipersonal y

por mayoría simple. Dicho esto, lo demás tiene que ver las condiciones generales del país. Hace falta que

dichas condiciones generales sean favorables. Permítame usted que le diga que en estos momentos la

prensa no está tocando este tema con suficiente seriedad, porque una cosa es pedir libertad todos los días

y otra cosa es contribuir cada uno responsablemente a que se cree el ambiente adecuado para unas

elecciones. Y en este momento se está dando una importancia excesiva, sin crítica de ninguna clase, a

publicar por igual todas las informaciones y, por supuesto, se está dando menos importancia de la debida

a los principios de unidad y convivencia pacífica. Por eso todos y cada uno de nosotros tiene una

responsabilidad. Y vuelvo a decir que ustedes también.

-Para finalizar, su opinión del segundo Gobierno de la Monarquía y quiénes son los hombres del futuro

de ese proceso democratizador del país.

-Lo siento, pero nunca formulo respuestas sobre temas personales.

Fin de la charla. Me regala un par de libros, uno de ellos, el "Libro blanco de la Reforma Democrática",

con dedicatoria cordial. Se lo agradezco. Aún no ha esbozado una leve sonrisa desde ese talante agudo y

diplomático. "A su disposición", me dice cuando llegamos a la puerta, y le miro entonces de arriba abajo

intentando apreciar la talla de este político, de gigantesca humanidad, que charla inconmensurablemente

de la política, de su actuación, de su caminar...

Juan de la Cruz Gutiérrez Gómez

(Fotos: José Martos Domínguez.)

Pág. 15 YA

 

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