Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   ¿Negociar con el Partido Comunista?     
 
 ABC.    04/12/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. SÁBADO 4 DE DICIEMBRE DE 1976.

¿Negociar con el "Partido Comunista"?

Por José María RUIZ GALLARDON

Hasta hoy no he querido escribir sobre el tema. -Se anunciaba., a bombo y platillo, que en la Comisión negociadora que va, dentro de poco, a sentarse con el presidente Suárez habría un miembro del «Partido Comunista». Ayer ABC publicaba en exclusiva la noticia d« que «el Gobierno no negociará con una Comisión en la que esté representado el Partido Comunista». Y no podía ser de otra manera.

Para fundar tai aserto sobran —por una vez— todas las razones «legales» —¡Extraídas de las leyes vigentes—, cuya claridad, cuya lógica y cuya rotundidad son de sobra conocidas. Basta fundarse en el concepto de legitimidad, que es más importante. Admitir al P. C. E, como interlocutor válido supone la negación de la Historia; atenta a los fundamentos sociológicos del Estado español; y casi podría decirse que tal hecho equivaldría a situarse en las vísperas del 18 de julio de 1936.

Y como este Gobierno —precisamente este Gobierno— no trae su legitimidad del que en aquellas fechas presidía el señor Casares Quiroga, ni de la Constitución Republicana, sino muy por el contrario, el Movimiento que frente a aquello se levantó, un acto de reconocimiento por parte del señor Suárez del «Partido Comunista» de España no sería un signo de reconciliación: sería un fruto, logrado, de triunfo y desquite por quienes estuvieron implicados en el asesinato de don José Calvo Sotelo, los mismos que empezaron (antes de cumplirse un mes de vida de la República) por quemar, el 11 de mayo de 1931, iglesias y convenios; los herederos universales de quienes perseguían a los ciudadanos por gritar ¡Viva España!; aquellos que insultaban en el Parlamento al abuelo del Rey Don Juan Carlos. Seria, pura y simplemente, y ya lo he dicho, la negación de la legitimidad de nuestro Estado. Para eso no tiene facultades este Gobierno, Necesitaría, por lo menos, un mandato expreso del pueblo para desmontar el Orden Institucional. y no lo tiene.

Se puede estar contra usos y abusos de la etapa franquista, se puede —y yo lo hago— apostar por un mañana democrático, se puede instar a que quienes acepten esa legitimidad democrática entren, superando el pasado, en el ancho marco de la convivencia española; pero, lo repito, superando el pasado. Lo imposible, lo ilegítimo es dinamitar la Historia. No es lícito que parezca que se juega con la sangre de quienes murieron por la Patria. Esa sangre no es mercadería ni es negociable.

Las Instituciones franquistas, oficiales y no oficiales, han dado los pasos necesarios para que en España impere un régimen democrático: allí está el resultado de las últimas Cortes, ahí está el Referéndum. Pero no se ha de llegar .al extremo de entregar el futuro—por la puerta falsa de la progresiva e incesante cesión— a quienes repudian la democracia, a quienes salieron derrotados para siempre y ahora pretenden negociar el cómo y el hasta dónde de su desquite. Ese entreguismo, esa negociación se terminó el día en que el Ejercito español- dijo basta hace más de cuarenta años.

El señor Suárez, por su edad, no vivió aquella historia porque era muy niño. Yo también lo era. Y la mayoría de los españoles de hoy. Pero el señor Suárez tiene —ha de tener—, como todos, conocimiento y memoria bastantes como para saber con quién no puede negociar nada, absolutamente nada, desde la legitimidad que mantiene su propia y alta magistratura. J. M. R. G.

 

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