Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   Después de las elecciones     
 
 ABC.    30/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

DESPUES DE LAS ELECCIONES

DICE un v i e j o refrán que cada uno habla de la feria según le va en ella. Creo que, en esta ocasión,

debemos todos levantar al máximo el tono ético y el estilo social. Así lo intentamos, sobre todo, aquellos

para quienes *España es lo único importante».

Mientras el más ilustre (científicamente) de mis discípulos, el profesor Linz, no nos dé su autorizada

versión de la sociología política de estas elecciones, y mientras la Historia misma no nos dé su propia y

más definitiva interpretación, ahí van algunas consideraciones provisionales.

Comencemos por «/os hechos», que deben ser admitidos fríamente, antes de pasar a las interpretaciones»,

que son libres.

Un primer hecho es que el electorado español ha ejercido masivamente su derecho de sufragio. La

participación electoral ha alcanzado un alto nivel del 77 por 100. Ello es satisfactorio y significativo; y la

participación hubiera sido todavía mayor si hubiera habido mayor flexibilidad en la creación de secciones

y mesas, sobre todo, en las áreas rurales.

Un segundo hecho indudable es que se han confirmado las ventajas que lleva, en nuestro país, el

Gobierno a la hora de hacer unas elecciones. El determina las reglas de juego, dispone de resortes

importantes y ahora, además, de la televisión.

Otro hecho cierto es la utilización intencionada de los previos sondeos de opinión. Es un tema discutido

en todos los países cuál es su verdadera utilidad e influencia. En el caso de una primera elección no hay

duda alguna de que han podido, en más de un caso, orientar más que predecir el voto (indeciso).

Cuarta consideración de hecho. Como muchos esperábamos hace tiempo, en una sociedad de clases

medias los extremos no suelen alcanzar una gran votación. Ni la extrema derecha ni los que acamparon a

la izquierda del comunismo existen ya.

Quinto, y también esperado. Los planteamientos del problema religioso y de las relaciones Iglesia Estado

son muy diferentes en la España de hoy, respecto de la predominante entre 1810 y 1953. El escaso voto

de la Democracia Cristiana lo confirma plenamente. Ni la sociedad urbana e industrializada, por una

parte, ni la Iglesia posconciliar, son las mismas decimonónicas.

Sexto dato: a pesar del desarrollo social las líneas de voto han tenido, en más de lo conveniente,

tendencias clasistas. Y también ha pesado, en más de lo deseable, el viejo factor regionalista, sobre todo

en Cataluña y en el País Vasco.

Hasta aquí, los hechos. Cada uno dará su interpretación. La mía es la siguiente.

Primero: el pueblo español, a pesar de las tendencias naturales al cambio, en una transición histórica

como la oresente, ha votado claramente en contra de la ruptura. Los partidos rupturistas no han rebasado

el 40 por 100 del voto útil, España ha votado por la Monarquía, por la evolución, por la continuidad

sociológica, por la reforma.

Segundo: se abre un período lleno de dificultades económicas, sociales, administrativas y políticas. Es de

esperar que todas las fuerzas políticas asuman, desde cualquier posición, una actitud de servicio al país,

por encima de todo. Puedo prometerlo en nombre de Alianza Popular, por encima de cualquier

apasionamiento e interés coyuntural.

Tercero. De momento la reserva de lo que ocurra con las meras coaliciones electorales) resulta un original

sistema de fuerzas políticas: dos que andan por el 30 por 100 (U. C. D. y P. S. O. E.); dos alrededor del 9

por 100 (A. P. y P. C.), y un grupo de partidos menores, algunos de ellos con seria incidencia en sus

respectivas regiones (singularmente en el País Vasco y en Cataluña).

El sistema proporcional, corregido, ha actuado (por esta vez) con menos peligrosidad de lo que podría

haber ocurrido.

Cuarto. Nadie tiene un mandato claro para gobernar. El partido más votado no ha llegado a la tercera

parte de los votos totales emitidos. Serán necesarios arreglos y acuerdos para conseguirlo, a la vista de los

importantes problemas que el país tiene planteados.

Dicho esto, a cada grupo político y a cada español le corresponde una parte de responsabilidad en lo que

venga. "El precio de la libertad es una eterna vigilancia»; y el precio de la democracia es una atención y

dedicación permanente de todos los ciudadanos.

Las fuerzas políticas deberán, por ello, dirigirse de buena fe a sus bases. La campaña y los días electorales

han mostrado un capital humano de entrega, de ciudadanía, de verdaderas virtudes populares, que de

ningún modo se puede perder. Las próximas elecciones deberán, sin duda, organizarse mejor y contando

de verdad con todo el mundo.

Comienza una nueva fase de la vida pública española. Todos debemos meditar sobre el mejor modo de

hacerla fructífera. La Historia no es un eterno retorno, ni está escrita de antemano. Hagamos todos lo

posible por acertar esta vez.

Deberíamos hacer un especial esfuerzo por llevar todas las cuestiones a caminos de reconciliación,

entendimiento y cordialidad. Hay base para ello en una España en la que, gracias a Dios, la herencia

básica es sana, aunque perfectible, como todo lo humano.

Y termino. Todos hemos aprendido mucho y tenemos que aprender más en los próximos meses. Desde

ahora, yo me propongo aprender cada vez más de nuestro gran pueblo, España.

Manuel FRAGA IRIBARNE

 

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