Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   Alta tensión en las Cortes     
 
 Informaciones.    24/01/1976.  Página: 1,16. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

Revisto semanal de Política Nacional y Extranjera

ALTA TENSIÓN EN LAS CORTES

Por Josep MELIA

FERNANDEZ Florez contaba en sus crónicas parlamentarias que cierto procurador en Cortes envió a uno de sus colegas a «practicar sodomías». A don Fidel Carazo, sin embargo, ayer por la mañana, uno de nuestros compañeros le llamó directamente, sin eufemismo, «maricon». Una oposición reglamentaria a la propuesta de concesión de una pensión extraordinaria a la viuda de Franco se cerró con este incidente de arrabal. La conquista de la libertad se está poniendo tan difícil que ni siquiera se respeta la integridad de los sexos.

Puede que sea tan sólo una anécdota. Pero viene a definir el clima de alta tensión política que se está creando en el palacio de las Cortes.

El suceso, aisladamente considerado, tal vez no tendría mayor importancia que la inmediata comprobación de la fragilidad de los nervios humanos o de los niveles de educación. Pero el contexto en que se desarrolla demuestra bien a las claras que las alternativas del cambio están desguazando la tranquilidad y la deportividad de una buena parte de la clase política.

Esto es fácil de advertir en las dos marathonianas sesiones de trabajo que el Consejo del Reino ha debido celebrar para dejar las cosas tal como estaban al principio. La propuesta de prórroga de la legislatura elevada por el Gobierno a S. M. el Rey no ha encontrado el terreno abonado. Ha habido reticencias y ganas de condicionar el proceso político. Podría ocurrir incluso que el Consejo del Reino hubiera pedido garantías de cuáles son los cambios que se van a proponer al país y de que no desbordan los límites de la ortodoxia continuista.

Sólo asi se explican estas dos tensas sesiones de misterio y resistencia numántica para algo tan sencillo como decir «si» o «no». Y que al final, según todos los síntomas, se resolverá con un «sí, pero» que tanto puede condicionar el plazo de la prórroga como el contenido de las reformas que se puedan realizar a su amparo.

La constitución de una ponencia para elaborar el dictamen del Consejo del Reino es, por lo pronto,.. una decisión sin precedentes. Abre en este sentido una vía para la prasis jurisprudencial de las actuaciones del organismo consultivo, y muy posiblemente vendrá a re afirmar fidelidades, a definir esencias que se consideran vigentes e imprescriptibles y a subrayar la aureola filosófica del continuismo.

En el aspecto político, sin embargo, implica un forcejeo .tirante respecto del Gobierno, un retraso en la definición del horizonte del reformismo y un serio obstáculo para que Arias pueda elaborar su programa del día 28. La prórroga, en efecto, es la aduana para que el presidente pueda comprometer unos plazos y anunciar una serie de modificaciones precisas. Si se está jugando fuerte es tanto para conservar y revalidar las posiciones personales adquirida como para hacer valer la prepotencia de esa entidad difusa que para entendernos hemos dado en llamar el «-bunker». Y cuya trinchera doctrinal, la dialéctica cotidiana hace asomar en cualquiera de las fases del proceso político

(Pasa a la última pág.)

ALTA TENSIÓN EN LAS CORTES

(Viene de la pág. primera) Lo que ha ocurrido con el «miniproyecto» sobre la duración del mandato de los alcaldes y presidentes de Diputación es una muestra visible del largo trecho que existe entre las declaraciones y los hechos.

Después de un discurso proaperturista de Praga, las Cortes fueron emplazadas a asfixiarse e» la angostura procesal de un Reglamento que ni siquiera consiente que las preocupaciones de la calle se conviertan en tema de debate El Reglamento, arma arrojadiza para limitar los derechos de expresión de los procuradores, según dijo Pérez Fuga, ha servido para escamotear la discusión del gran tema de fondo que existe en la vida local: la renovación total de las Corporaciones a la luz de normas verdaderamente democráticas y la necesidad de no imponer ningún mandato presidencial hasta tanto no exista una base electoral minimamente auténtica.

Esto, probablemente, es lo que habría querido un sector del Gobierno. Y era, también, lo que una mayoría de las Cortes deseaban. Aparte de ser, al propio tiempo, lo que el país necesita. Pues bien, a pesar de todo ello ha prevalecido la interpretación ordenancista, se han inhumado los derechos al mayor honor y gloria de los rigores formales, y para hacer prevalecer criterios personalistas y sin posibilidad de discusión incluso se ha llegado al extremo de privar del uso de la palabra a todos aquellos que querían exponer planteamientos innovadores. No ha de extrañarnos, pues, que las Cortes tengan tan mala Prensa.

Cuando su papel se empequeñece y trivializa al exacto punto de decir amén a los criterios de un texto, sin posibilidad de enmarcarlo dentro de un debate que recoja el verdadero estado de conciencia del pueblo español, lo natural no es sólo que las Cortes aparezcan como un organismo menor de edad, sino que el pueblo se desentienda de cuanto allí transcurre.

El error cometido al impedir que el problema de la democratización municipal fuera tratado con todas las implicaciones que comporta, ha de volverse como un «boomerang». tanto contra el Gobierno como contra la propia Cámara. X en especial contra todos aquellos que mas fíeles a su concepción de la autoridad que a una interpretación flexible de los textos y al sentido común le niegan a los españoles la posibilidad de zanjar por vías legales problemas apremiantes que están en la agenda de las preocupaciones cotidianas.

En estas condiciones, por consiguiente, el «Cánovas, sí; Caetano, no» del señor Fraga queda junto a una realidad mucho menos atractiva.

Con lo cual, al volverse la moneda del revés, resulta que los acontecimientos se desbordan y los temas se vuelven a replantear en ámbitos que no estaban previstos La proposición de ley emanada de la propia Comisión de Gobernación de las Cortes, y cuyo promotor es el señor Segovia Moreno, vuelve a dejar el tema en los Justos términos que debió tener desde el principio.

El Gobierno queda ahora otra vez emplazado ante la necesidad de demostrar si de verdad quiere la participación popular y la democratización efectiva de las Instituciones. Desde las Cortes se le devuelve la pelota dictándole que en noviembre hay que elegir a todos los concejales y diputados provinciales como paso previo para elegir los alcaldes y presidentes de Diputación.

Un sector de las Cortes, por lo menos, de esta manera ha salvado el honor. Pero para e! pueblo las cosas están igual

Josep MELIA

24 de enero de 1976

 

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